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George Gurdjieff contaba muchas veces que toda su vida cambió radicalmente cuando él tenía 9 años. Su abuelo agonizante le llamó y le dijo:

-Soy un hombre pobre y no tengo nada que dejarte, pero aún así me gustaría obsequiarte algo. Lo único que he guardado como un tesoro es esto, lo que me dio mi propio padre.

Eres muy joven, pero recuérdelo siempre. Algún día lo comprenderás, así que basta con que lo recuerdes.

Ahora no es el momento de que lo entiendas, pero no lo olvides. Algún día lo entenderás:

Si alguien te insulta, contéstale al cabo de veinticuatro horas...

Gurdjieff recordaba:

-Cuando alguien me insultaba o decía algo desagradable, yo tenía que decirme:

Volveré mañana. Sólo puedo responderte al cabo de veinticuatro horas.

Se lo prometí a mi abuelo y ahora está muerto, así que no puedo echarme atrás...

Te responderé dentro de 24 horas.

El Abuelo sabia lo que decía. Gurdjieff tuvo tiempo para pensar en el Oro contenido en cada ofensa, en cada ingratitud, en cada traición, en cada muerte. En cada conversación donde le "pisaran los callos".

A veces le parecía que aquella persona tenía razón, que lo que había dicho era verdad.

Entonces Gurdjieff regresaba y daba las gracias:

-Sacaste a la luz algo de lo que no era consciente, algo que necesitaba recordar .

Por otro lado, a veces descubría que la persona que lo había insultado estaba equivocada, entonces...¿Para qué molestarse en ir a perder tiempo valioso e irrecuperable?

Cuando te sientes herido por lo que alguien dice es porque en el fondo hay alguna verdad implícita; si no, ¡¡ No te dolería !! Si ha resonado es porque está en ti; entonces, es una oportunidad para liberarse...


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