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Aspectos chamánicos del cuerpo

Tal vez, durante muchos años el ser humano ha visto al cuerpo como la escala inferior de la conciencia y eso ha hecho que el cuerpo se vea lleno de críticas, juicios, abandonos, rechazos y humillaciones. El mismo individuo ha puesto al cuerpo en competencia y comparación. Todos estos conflictos son gestadores de las tensiones y presiones que genera la polaridad del juez, dando esto como resultado el arquetipo de la víctima en el cuerpo. Si a esto le sumáramos que toda la insatisfacción del sistema adictivo se materializa en el cuerpo, podríamos decir que esta conciencia corpórea es el territorio fértil de la sombra del ser.

El humano se ha olvidado de honrar a su cuerpo.

A mí siempre me gusta hablar de la fidelidad en este tema. La fidelidad se aprende en tu relación con tu cuerpo, y quien no es fiel con el cuerpo nunca va ser fiel en ninguna otra de las conciencias. Nadie puede decir que honra si no practica la fidelidad.

Lo más fuerte de la conciencia corpórea es que el hombre occidental se ha acostumbrado a producir generosidad como acto compensatorio y complaciente y no ha entendido que esta generosidad empieza en su conciencia corpórea. Tal vez la frase chamánica que dice “practica tu generosidad sin testigos” hay que empezarla a practicarla en la intimidad con el cuerpo.

La pregunta es: ¿tu cuerpo te es fiel? ¿Tu cuerpo te honra? ¿Tu cuerpo es generoso contigo?

Así seas domesticado en el trueque, o generoso en el dar, la mayoría de los seres humanos no actúan con el cuerpo como el cuerpo actúa con ellos; sea domesticado o no domesticado, no se toma en cuenta a la conciencia corpórea como la única conciencia real.

En el aspecto más amplio de la generosidad, cuando hablamos de ella es una actitud consciente que se puede sentir en la alimentación, con quién tenemos sexo, quién nos acaricia, con quién nos abrazamos, de quién recibimos palabras. Nuestro cuerpo no sólo es un pulsador de comportamientos y conciencias, sino que además es un receptor de todas las energías dinámicas fuera de él.

La fidelidad con el cuerpo es la práctica después del despertar; en hacer con lo despertado, continuidad. Pedrito (un chamán) siempre decía que existe el amor eterno, pero tenemos que empezar a practicarlo en el hoy con el cuerpo. Ama a tu cuerpo como si supieras que vas a estar en él eternamente. Lamentablemente la cultura occidental puso al cuerpo en la escala inferior. Lo trata como si todos los días lo pudiera cambiar. Nuestro cuerpo es la única pertenencia que tenemos, por eso en el chamanismo tolteca se le llama “nuestro hogar”. Tu cuerpo es tu hogar, y el universo es tu patio. Sostener en la continuidad la conciencia corpórea es practicar la fidelidad.

El chamanismo no es una religión, es sanación basada en la generosidad.

Sin importar nuestra cosmovisión, las tradiciones de sanación comparten rasgos comunes. Todas las formas de medicina tradicional y curación espiritual pueden rastrearse hasta alguno de los linajes del chamanismo. Aunque bajo diferentes nombres, el chamán es un hombre o una mujer, que vive en un límite entre el mundo de la tierra y el de los espíritus, y todas las cosmovisiones tienen sus propios relatos acerca de las funciones del chamán y de su utilidad. Sin embargo, con la especialización de las ciencias y el racionalismo, la conexión cuerpo-espíritu se relegó al ámbito de las prácticas marginales como la brujería, y a sus practicantes se les condenaba a penas horribles. En cambio, si lo vemos como una forma de conocimiento tradicional, el chamanismo se vuelve también la puerta privilegiada para habitar nuestra vida desde un lugar más consciente.

Michael Harner es el director de la Fundación de Estudios Chamánicos. Harner es un reconocido antropólogo con una sólida carrera en investigación y docencia en las más prestigiosas universidades, pero decidió abrir un centro de estudios para documentar, aprender y enseñar la ciencia práctica y artística de los chamanes.

Si uno le pregunta a Harner cómo reconocer a un chamán auténtico, responderá que existen dos maneras: el chamán debe ser capaz de viajar a otros mundos o realidades a través de estados alterados de conciencia; como si no bastara, el chamán debe ser capaz de producir milagros.

Resulta extraño que alguien de formación científica se exprese de esa forma, pero es precisamente la gente que se ha formado en investigación etnográfica la que ha realizado conexiones que no son evidentes para los científicos tradicionales: gente como Mircea Eliade, J. G. Frazer, Georges Dumézil e incluso Carlos Castaneda son académicos de primer orden que además cuentan con una sensibilidad especial para documentar el lugar donde se unen los planos terrestres y superiores. Esta frontera a menudo se encuentra vigilada por barreras espirituales o perceptuales que el iniciado atraviesa mediante estados alterados de conciencia; la conciencia se parece al cielo: nunca es azul o negro por completo, sino que su estado cambia y se altera para reflejar las condiciones del tiempo y el espacio.

El chamanismo se asocia vulgarmente con drogas psicodélicas utilizadas con fines recreativos, pero en un contexto ritual, según Harner, la ayahuasca o el peyote pueden ser auténticos aliados para atravesar las fronteras entre los planos espirituales, pero solo se utilizan en un 10% de los casos. Lo más común, a través del tiempo, es el monótono sonido de un tambor, un ancla sonora entre los planos:

“Comencé a introducirme en el trabajo chamánico en 1961 entre los indios Conibo, al este de Perú, con la ayuda de psicodélicos locales. Cuando volví a Estados Unidos y dejé de tener acceso a ayahuasca, me puse a experimentar con tambores. Para mi sorpresa, funcionó muy bien. No debería haberme sorprendido, porque existen reportes de tambores utilizados por chamanes casi en cualquier parte del mundo. Virtualmente cualquier cosa que uno encuentra en el chamanismo se hace porque funciona. A través de decenas de miles de años los chamanes han desarrollado el sistema mejor adaptado al paso del tiempo utilizando el espíritu, la mente y el corazón para sanar, además de remedios herbolarios y demás. Y de nuevo, el sistema sigue venciendo al tiempo. Así que si los sanadores en 90% de las culturas chamánicas están utilizando los mismos métodos, debemos prestarles atención. Y, por supuesto, encontramos que funcionan”.

Para Harner, el chamanismo consigue sanar a través de muy diversos sistemas gracias a una transferencia de poder. Los accidentes, las enfermedades, la mala suerte y todo lo que genera angustia se produce, desde la óptica del chamán, por una carencia de fuerza que puede remediarse mediante la intervención en el plano espiritual. Es así que se restituye al cuerpo el alma perdida, a consecuencia de un trauma, y es así que la teoría de la sugestión podría ser utilizada para enseñar al cerebro estados de ánimo adecuados para responder a los retos de la vida, si se estudiaran desde una perspectiva holística.

El poder nos vuelve resistentes a la enfermedad. Si alguien se enferma continuamente, es claro que lo que necesita es una conexión de poder. Una persona sana y sin dolencias puede partir en un viaje de visión para obtener su conexión de poder, pero uno de los trabajos del chamán es el de ayudar a la gente que no está en condiciones de hacer esto por sí mismos.

Es importante recalcar que el chamanismo no es una religión, ni tampoco exige “creer” en la cosmovisión del curandero. La fe es una exigencia judicial introducida por el catolicismo, pero para el chamanismo, los espíritus y los dioses existen con la certeza con que para otros existen edificios, animales y personas.

Según Harner, cuando la compasión de un humano trabaja para aliviar el sufrimiento de otro, los espíritus se interesan y se involucran en el alivio. Cuando alguien, desinteresadamente, sin ser un miembro inmediato de la familia, por pura generosidad y compasión ayuda a alguien más a aliviar la enfermedad o el dolor y el sufrimiento —y funciona mejor incluso cuando hay dos o más chamanes involucrados—, es entonces cuando ocurre el milagro.

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