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Para la bioenergía la palabra brillo representa el talento en acción, la luz del talento. Tal vez habría que tener presente que la domesticación es una excusa para no trabajar “el hacer lo que amas”, y que al poseer la conciencia creativa limpias el “hacer” para el talento.

Como ser contemporáneo, al mirar hacia atrás, tienes como referencia que los grandes talentos (personalidades) fueron más bien adelantados para su tiempo, dado que el hombre, en su miedo a la muerte, rechaza la conciencia desconocida. El máximo vampiro que tiene el hombre contemporáneo es el ego con su zona de confort que no permite la incertidumbre de lo desconocido.

El ser, el talento, el brillo, atraen la atmósfera verdadera, nueva, desconocida, porque tienen en su intuición todos los elementos para poder brillar en ella. No estoy hablando que el ser y el ego estén peleados. Los dos conviven en la atmósfera mental, pero está claro que en lo desconocido, el ego no lo ve como campo fértil y el ser lo toma como lugar para brillar y evolucionar.

Hoy en día tienes tan sobreadaptado el ego a tu vida que tu reacción cuando sientes miedo es casi de abandono frente a la atmósfera de la oportunidad de crear. A veces la negación y la resistencia son acciones no conscientes del ego que detienen al ser.

Para el ser el miedo es el síntoma de entrada hacia lo desconocido, es el combustible inicial de una nueva experiencia, es el detenerse para respirar y observar hacia dónde evolucionas.

La luz del talento no necesita de las dualidades: ganar-perder, bueno-malo, lindo-feo; tampoco demostrar qué sabe hacer; sólo actúa en la infinita posibilidad sabiendo que es un sol brillando continuamente y evolucionando al ser en todos sus estados.

El sol, el brillo adentro tuyo, refleja en todas las direcciones. Quita las nubes que lo tapan.

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