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Calidad pineal, calidad proteica


“Aquel día en el cual el médico me dijo que tenía tumores distribuidos en mi columna y que uno de mis testículos se había convertido en un tumor, me di cuenta de que ese era el resultado de cómo miraba mi vida. Me entregué entonces para que la medicina trabajara con la ciencia y lo único que yo tenía que hacer era transmutar la visión y la acción que surgía desde mí.

Mirarse, observarse, es ser esencia, y esa esencia se mide en calidad.

¿Por qué no iba a tener cáncer si vivía analizando las heridas, pensando que eso me daba profundidad, y lo único que hacía era permanecer en aquello que me había lastimado?

¿Por qué no iba a tener cáncer si no había podido observar el rencor que había permanecido tanto tiempo en mí?

¿Por qué no tener cáncer, cuando mi adentro no era igual a mi afuera, y me manejaba con un sistema de máscaras a las cuales pintaba con lo que los demás querían ver de mí?

Obvio que eso era una suposición, dado que nunca nadie me dijo qué quería de mí, pero al ser yo otro, inferiorizaba lo que era y me convertía en mi propio sádico, anulando mi verdadero ser. Decía que cargaba con enojos de las acciones de otras personas, pero en realidad el único enojo que tenía era conmigo mismo. Con el cáncer abandoné mi vida caprichosa, obsesiva; creía que todo era inútil. Esa era mi esencia: las heridas, los rencores, las máscaras, los juicios. Ese día cuando volvía del hospital me pregunté aquello que se pregunta el ermitaño en el tarot: ¿hay alguien ahí? Y empecé a sentir una energía interna a la cual llamé: la posibilidad.

La medicina hizo lo suyo, y yo transmuté mi visión certera por una visión del uno mismo posible, hasta que un día la posibilidad de sanar se convirtió en la sanación física. Veinticinco ciclos de quimioterapia, cuatro horas de meditación diarias durante cinco años. Una visión clara y consciente de mi cuerpo hacen que hoy, desde la sanación, escriba estas palabras.

Hizo falta una visión en posibilidad para poder llegar al camino de la sanación.

Hizo falta la prueba para despertar los talentos.

Hizo falta el pasado para entender el presente.

Hizo falta la emoción para entrar en veracidad.

Hizo falta la mente para aceptar.

Hizo falta mi cuerpo para potenciar.

Hizo falta mi creencia para poder ver la posibilidad.

Sanar, generar proteínas de calidad, es establecer una creencia continua de tu potencial. Calidad proteica, calidad pineal.

Mirar, observar, encontrar la posibilidad, hicieron que mi hipotálamo transformara mi cuerpo de tener 1.500.000 de alfafetoproteínas a tener hoy tener 2.5. La alfafetoproteína es el valor de actividad oncológica de mis tumores.

Sanar es posible, pero el cien por ciento de la responsabilidad no es del médico. El médico se dedica al síntoma, y el ser a transformar la célula. Integra la medicina con tu creencia, y el camino será el de la atención en el cuerpo y el de la sanación.

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