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capítulo 4. maestría de la sanación


A grandes pruebas, grandes espíritus

Me gustaría empezar con una frase chamánica: “A grandes pruebas, grandes espíritus”.

Sí, yo siento que las pruebas que vamos encontrando por la vida, son pruebas que no son casualidades, son algo que tenemos que aprender, por eso el sinónimo de prueba para mí es maestría. Cuando uno vive en maestría, vive en prueba constantemente, la prueba pasa a ser una circunstancia para hacer méritos.

En el Libro de la vida verdadera, Elías decía: “ni la hoja del árbol se mueve sin la voluntad de Dios, y él está tanto en las pequeñas como en las grandes obras de la creación”.

Creo que nos habla del estado de incertidumbre dinámica que nos permite la prueba. La velocidad en que la podemos pasar, va a depender de nuestro discernimiento y búsqueda del mérito, o fruto que encontremos en cada una de ellas. Cada prueba va cambiando toda la idea de la perfección que tenemos, eso hace que despejemos de parásitos nuestro ser y nos conectemos en la restitución de nuestro sistema de creencias.

Tal vez ahí está la clave, o la contestación a la pregunta, ¿para qué es esta prueba? Cada día trae una prueba, no hay vacaciones para ellas. Es la evasión, que tiene una bolsa que las acumula. No hay pruebas grandes, ni chicas. Hay pocas o muchas. Son cuánticas.

Si tomas una a una, en el momento que se presenta, y usas la compasión y la impecabilidad, te vas a dar cuenta que cada día que pasas frente a la prueba no va a haber cansancio, pereza.

Ya no vas a cargar esa bolsa pesada de cosas sin resolver. Ya no vas a cargar con esos patrones que se repiten. Sólo vas a hacer mérito, día a día con tus pruebas.

La prueba que ves en el día a día son las que te iluminan el espíritu, donde descubres más de tu virtuosismo, y donde resignificas no sólo tu vida, sino también tu fe.

A veces tus pruebas, no sólo son para ti, son para toda tu tribu.

La muerte de un ser querido a veces nos abre los ojos para que resignifiquemos nuestra vida y así como se abren nuestros ojos a la realidad, a la luz de la verdad, damos gracias por la vida.

Entonces me pregunto; ¿tenemos que pasar por una situación de muerte para valorar la vida?

¿Tenemos que pasar por la enfermedad para saber que existe la sanación?

¿Tenemos que pasar por la tristeza, por el enojo para saber qué es la felicidad?

¿Tenemos que pasar por la vulnerabilidad, la pobreza, la miseria para saber qué es la abundancia?

¿Tenemos que conocer esos extremos de la escala para poder entender la completud de ella?

Yo diría que sí, pero no hablaría de una escala lineal, hablaría de una esfera. Sí, una esfera de luz donde convives con tus derechos de nacimiento. Una esfera de luz donde está la abundancia, la felicidad y la sanación.

Siempre donde convive la abundancia, va a estar la prueba de la pobreza, la miseria, la vulnerabilidad, el estancamiento, etc.

Siempre donde convive la felicidad, va a estar la prueba de la tristeza, el enojo, la melancolía.

Siempre donde convive la sanación, va a estar la prueba de la enfermedad, el apego.

A eso lo llamo yo, la perfección de la incertidumbre dinámica.

No te evadas de la prueba, son sólo lecciones que debes aprender. Esas pruebas son el alimento continuo de nuestro espíritu que nos permite estar en esta misión humana que es noble y digna.

Las pruebas son parte de la perfección del universo, muchas parecen innecesarias, pero cuando pasa el tiempo, te das cuenta que la profundidad que has adquirido en la prueba, te devuelve renovado y descubriendo otros aspectos diferentes de la paz.

Después de cada prueba resignificarás tu fuerza y verás la sincronicidad de todo.

Tal vez las pruebas sólo son el despertar del que habla Jung.

Sí, nos pasamos la vida mirando hacia afuera, demostrando cosas y alimentando el sueño de la masa colectiva de zombies anónimos solitarios, nos quejamos de eso todo el tiempo, hablamos de la inseguridad, hablamos del egoísmo, Jung decía que mirar hacia adentro es el verdadero despertar.

Creo que hablaba también de que toda prueba tiene que hacer mérito en tu interior, si buscas los méritos de la prueba en tu exterior creo que no vas a crecer en espíritu.

Sólo vas a crecer en ego, orgullo y autoestima.

También tenemos que ser centinelas de la prueba del prójimo. No todos están despiertos, hay algunos que están dormidos. Tratemos de despertarlos, pero si no es así, les propongo ser acompañantes de compasión con ellos.

Recuerden que cuando ustedes están en sanación, felicidad, abundancia, libertad y discernimiento van a atraer a aquellas personas que estén buscando esos estados de la conciencia. Es ahí donde se ve la verdadera caridad.

No las abandones, sé su protector, al igual que pensamos en nuestro ángel de la guarda. Yo creo en la potestad que me fue dada desde nacimiento.

Esa potestad son mis derechos y ellos son los talentos para pasar las pruebas. Entonces quiero terminar así con esta frase: “No juzgues a las vicisitudes de la vida que se presentan como obstáculos para vuestro progreso, velo como un camino de pruebas para hacer méritos y resignificar tu ser hacia la libertad y paz plena.”

Todos saben que he pasado por la prueba de la enfermedad.

No estaría escribiendo y concluyendo esto, si esa prueba no hubiera llegado a mi vida.

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