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CAPÍTULO 6. MAESTRÍA DE LA VISIÓN

La inhibición de los sentidos. ¿Qué es la realidad?

Muchas veces, los animales y los pájaros viven en una realidad muy distinta a la nuestra. Algunos oyen sonidos que nosotros no podemos oír, o ven frecuencias luminosas que nosotros no podemos ver, como los rayos ultravioletas o los infrarrojos. La mayoría de los mamíferos, como los perros por ejemplo, viven un mundo lleno de aromas y confían en la vista mucho menos que nosotros. ¿Y los bebés, que se pasan horas mirando una esquina “vacía” del techo?

Toda decisión se basa en una idea subjetiva de lo que para uno es real. Pero ¿cuándo fue la última vez que te dejaste caer por la madriguera (Alicia en el país de las maravillas) de tus suposiciones sobre la realidad? Se hizo esta pregunta a unos cuantos científicos. En su respuesta, el doctor David Albert menciona cómo y por qué la contestamos todos los días: Si me levanto por la mañana y, de repente, decido tomarme muy en serio la presunción (que seguramente es cierta) de no estar seguro de que mis ojos funcionen correctamente, entonces, a juzgar por lo que yo sé, junto a mi cama podría haber un precipicio o algo semejante, aunque parezca que hay un suelo firme. Si fuera incapaz de ordenar esas posibilidades en función del grado de probabilidad que les asigno, ¡no saldría de la cama! Creo que me quedaría paralizado, en el sentido literal del término. Una hipótesis es que realmente hay un suelo, que es lo que estoy viendo. Otra hipótesis es que el hecho de que esté viendo el suelo sea una alucinación y que lo que hay es un precipicio. Cuando te levantas de la cama por la mañana, apoyas una de las hipótesis porque te parece más probable que la otra. Así es como solemos actuar normalmente en la vida. Cuando apoyamos la realidad que nos presentan los ojos, en ese momento estamos contestando la pregunta que se cierne sobre nosotros: ¿qué es la realidad? La mayoría de la gente cree que la realidad es lo que los sentidos proyectan ante nosotros. Y la ciencia, desde luego, ha apoyado esa visión durante cuatrocientos años: si no percibimos algo a través de los cinco sentidos (o de sus extensiones), no es real. Sin embargo, esa “realidad” se muestra de una manera si la miramos con los ojos y de otra muy diferente si la miramos más detenidamente, en profundidad, con un microscopio o un desintegrador de átomos; entonces, se vuelve completamente distinta, irreconocible. ¿Y los pensamientos?, ¿son parte de la “realidad”? Mira a tu alrededor. Hay ventanas, sillas, luces y este libro. Probablemente pensabas que todas esas cosas eran reales. Todas estaban precedidas por una “idea” de ventana o de silla. Alguien ideó esas ventanas y sillas y las creó. Así pues, si lo último es real, ¿es también real la idea? La mayoría de la gente cree que los pensamientos y las emociones son reales; ahora bien, cuando los científicos exploran la “realidad” evitan cuidadosamente hablar de cosas semejantes. Y ¿qué hay de la consciencia, el hecho fundamental de nuestra propia existencia, que va con nosotros donde quiera que vayamos? Tenemos que estar conscientes para hacer cualquier cosa: para pensar, soñar, crear, percibir. ¿No es eso parte de la realidad? Pero ¿dónde está hecha? A diferencia de los objetos materiales, los fenómenos intangibles como la consciencia no se pueden medir; ahora bien, eso no significa que no son “reales”, ¿no? No es fácil, pues, contestar a la pregunta “¿qué es real?”, posiblemente el interrogante más común entre nosotros. Y, sin embargo, ¿quiénes somos?, ¿qué es la vida?, ¿qué es posible y qué no lo es? Todo ello se basa en lo que pensamos que es real.

Tomemos las “cosas” que nos rodean (todos estamos completamente de acuerdo en que son “reales”) y veamos de qué están hechas. Son mucho más simples que los sueños, las ideas, las emociones o cualquiera de esas cosas interiores. El filósofo griego Demócrito de Abdera fue el primero en concebir la idea del átomo: “Nada existe, salvo los átomos y espacio vacío: todo lo demás es sólo opinión”. Era un gran punto de partida y de ahí salieron los microscopios electrónicos, los desintegradores de átomos y la cámara de Wilson; nosotros, personas grandes, escudriñamos el mundo de las cosas pequeñas. Ahora bien, probablemente en el colegio te mostraron el modelo de un átomo, con un núcleo sólido y electrones orbitando a su alrededor; y posiblemente te dijeron: “Los átomos son los pilares de la naturaleza”. ¡Buen intento! Es un concepto claro y lo explica bastante bien, sólo que no es así exactamente. Resulta que las pequeñas órbitas regulares del interior de esos átomos diminutos y sólidos eran realmente paquetes de energía. Luego se descubrió que tampoco se trataba de eso, sino de condensaciones momentáneas de un campo energético... Como tú sabes, cada “átomo” está formado casi enteramente por un “espacio vacío”.

“Nosotros”, o nuestros cuerpos al menos, ¡también estamos hechos de átomos! Hoy la investigación más puntera sugiere que el llamado “Espacio vacío” que hay en el interior de los átomos y, entre un átomo y otro, no está vacío en absoluto; está tan lleno de energía que un centímetro cúbico ¡contiene más energía que toda la materia sólida del universo conocido!

En mi realidad, lo único “sólido” es la percepción que tengo de ella. Si estoy dispuesto a abrir los ojos a nuevas posibilidades, mi realidad puede cambiar. Mucho antes que los primitivos filósofos griegos –y ciertamente mucho antes de que existieran los científicos de la física cuántica–, los sabios de la India sabían ya que había algo importante más allá del reino de los sentidos. Los profetas hindúes y budistas enseñaban, y siguen enseñando, que en el mundo de las apariencias, el mundo que percibimos con los sentidos, hay algo más poderoso y fundamental, más “real” aunque sea totalmente intangible.

Como tantos textos espirituales sugieren, hay una realidad “superior” que es más importante que el universo material y que tiene algo que ver con la consciencia. Eso es precisamente lo que la física cuántica está revelando. Sugiere que hay un reino enteramente no-físico en el núcleo del mundo físico, llámese información, ondas de probabilidad o consciencia. Decimos normalmente que los átomos son aquello de lo que las cosas están hechas “realmente”; si esta opinión fuera correcta, tendríamos que decir que ese campo subyacente de inteligencia es lo que “realmente” constituye el universo en el fondo. El doctor Edgar Mitchell, astronauta de la NASA, llegó a la siguiente conclusión en su viaje de vuelta del espacio: “En un momento me di cuenta de que el universo es inteligente. Avanza en una dirección y nosotros tenemos algo que ver con ello. El espíritu creador, el intento creativo que ha sido la historia de este planeta, procede de nuestro interior y está también ahí fuera; todo es lo mismo”.

Lo fundamental es la conciencia misma y la materia/energía es producto de la conciencia. Si cambiamos nuestra opinión sobre quiénes somos y conseguimos vernos como seres eternos y creadores que creamos experiencia física, unidos todos en ese nivel de existencia que llamamos conciencia, empezaremos a ver y a crear el mundo en que vivimos de una manera distinta.

La materia, sea lo que fuere, no tiene nada en esencia. Es completamente insustancial. Lo más sólido que se puede decir sobre la materia insustancial es que se parece mucho a un pensamiento. Es como una pizca de información concentrada.

Siempre estamos limitados por lo que llega finalmente a nuestro cerebro humano, que nos permite ver y percibir las cosas que hacemos. Es concebible que todo esto no sea más que una gran ilusión de la que no hay forma de salir para ver lo que hay fuera realmente.

Cuando me levanto de la cama por la mañana y pongo los pies en el suelo, creo verdaderamente que el suelo es real y no una ilusión, y que no hay un agujero sin fondo en su lugar. En todas las acciones que hacemos, damos por sentado algo acerca de la realidad. No obstante, rara vez nos lo preguntamos conscientemente. Lo suponemos y la realidad se ajusta a ello, de modo que nunca vemos la mano que lo hace.

Una información que puede ser muy útil para estudiar cuestiones sobre la naturaleza de la realidad es la idea de que hay niveles distintos que existen simultáneamente y que son todos reales. En otras palabras, los niveles superficiales son reales por propio derecho; sólo cuando los comparamos con niveles más profundos es cuando decimos que no son verdaderamente reales; no son el nivel “primordial”. Los brazos y las piernas son reales; las células y las moléculas son reales; los átomos y los electrones son reales. Y la conciencia es real.

Como dice el doctor John Hagelin: Vivimos en mundos literalmente distintos; existen la verdad superficial y la verdad profunda. Existen el mundo macroscópico que vemos y el mundo de nosotros mismos; el mundo de los átomos y el mundo de los núcleos. Son mundos completamente distintos. Tienen su propio lenguaje y sus propias matemáticas. No son simplemente más pequeños; cada uno es enteramente distinto, pero todos son complementarios: yo soy mis átomos, pero también mis células. Y también soy mi fisiología macroscópica. Todo es verdad. Distintos niveles de verdad. De modo que:

1. Todo es verdad

2. Nada es verdad: se trata solamente de modelos.

3. Nosotros nunca podremos salir de nuestra propia manera de percibir la totalidad.

4. Si expandimos nuestra conciencia, podemos percibir la totalidad.

5. Todo lo anterior es verdad.

6. Todo lo anterior son modelos.

7. O... La respuesta fácil a la cuestión de si la realidad es ilusoria y de que todo es realmente confuso como todas las probabilidades... sería sí. Así que si alguien se me acercara y me hiciera esa pregunta, le diría que sí, que es cierto básicamente. Sin embargo, es más complicado, porque en el momento en que interactúas con ella, la realidad adquiere una existencia absolutamente sólida, como una roca. Sólo es confusa cuando no interactúas con ella.

¿La realidad es un proceso democrático? En nuestra vida cotidiana, nuestra decisión sobre la realidad momento a momento, ¿es un proceso democrático simplemente? O ¿en qué momento se vuelve real algo? Si hay diez personas en una habitación y ocho ven una silla y dos ven un marciano, ¿quién se engaña? Si doce personas ven un lago como un cuerpo acuoso y una persona lo ve con la solidez suficiente como para andar sobre él, ¿quién se engaña?

¿Cuáles son tus suposiciones sobre la realidad?

¿Cuál es la suposición más básica que haces todos los días?

¿Te has preguntado alguna vez de qué están hechos los pensamientos?

¿Puedes poner un ejemplo de cómo tus pensamientos se hacen realidad?

Escribir una respuesta a la pregunta anterior, ¿era un ejemplo?

¿Qué son los sueños? Si soñar y percibir son actividades cerebrales primordialmente, ¿por qué pensarías que el mundo exterior es más real?

¿Qué estado parece más real?

¿Qué diferencia hay entre la realidad y tu percepción de la realidad?

¿Cómo cambiaría tu percepción de la realidad si cambiaras de paradigma?

¿Es posible cambiar tu percepción de la realidad sin cambiar de paradigma?

Extraído del libro: Y tú que sabes, de William Arntz, Betsy Chasse, Mark Vicente

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