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Taller de luz - día 9

Actualizado: 31 may 2021

1) Encuentro con el puberto

a) ¿Qué es el inconsciente?

I. Historia del término

Introducido en la lengua francesa hacia 1860 (con la significación de vida inconsciente) por el escritor suizo Henri Amiel (1821-1881), fue admitido en el Dictionnaire de l'Académie française en 1878. Desde la Antigüedad, la idea de la existencia de una actividad que no fuera la de la conciencia siempre dio lugar a múltiples reflexiones. Pero se debió a René Descartes (1596-1650) el principio de un dualismo cuerpo/mente que llevaba a hacer de la conciencia (y del cogito) el lugar de la razón, opuesto al universo de la sinrazón. El pensamiento inconsciente apareció entonces domesticado, sea para integrarlo a la razón, sea para rechazarlo de allí e incorporarlo al ámbito de la locura.

A lo largo del siglo XIX, desde Wilhelm von Schelling (1775-1854) hasta Friedrich Nietzsche (1844-1900), pasando por Arthur Schopenhauer (1788-1860), la filosofía alemana adoptó una visión del inconsciente opuesta a la del racionalismo y sin relación directa con el punto de vista terapéutico de la psiquiatría dinámica. Subrayó el lado nocturno del alma humana y trató de hacer emerger el rostro tenebroso de una psique enterrada en las profundidades del ser.

II. En psicoanálisis

El inconsciente es el concepto clave de la teoría, puesto que constituye su principal objeto de estudio, y designa en el sentido tópico un sistema y un lugar psíquico desconocido para la conciencia ("la otra escena") y en el sentido dinámico al conjunto de los contenidos reprimidos que son mantenidos al margen, apartados de la conciencia, aun cuando ellos muestren una permanente efectividad psíquica e intensa actividad a través de mecanismos y formaciones específicas.

III. El inconsciente en la obra de Sigmund Freud

Al combinar tradiciones de la psiquiatría dinámica y la filosofía alemana, Freud elaboró una concepción inédita del inconsciente. Realizó en primer lugar una síntesis de las enseñanzas de Jean-Martin Charcot, Hippolyte Bernheim y Josef Breuer, que lo llevó hacia el psicoanálisis y, en un segundo momento, proporcionó un andamiaje teórico al funcionamiento del inconsciente a partir de la interpretación de los sueños.

En efecto, para Sigmund Freud el inconsciente ya no es una "supraconsciencia" o un "subconsciente", situado sobre o más allá de la consciencia; se convierte realmente en una instancia a la cual la conciencia no tiene acceso, pero que se le revela en una serie de formaciones como los sueños, los lapsus, los chistes, los juegos de palabras, los actos fallidos y en los síntomas. El inconsciente, según Freud, tiene la particularidad de ser a la vez interno al sujeto (y a su consciencia) y exterior a toda forma de dominio por el pensamiento consciente.

Freud define el inconsciente de una manera completamente original que ya no es simplemente lo opuesto al consciente: El inconsciente freudiano es una noción tópica y dinámica; es un sistema psíquico que tiene contenidos y que posee mecanismos que se pueden describir como específicamente inconscientes; es un sistema que se rige por leyes y posee una economía de energía que le son propias.

Dentro de la primera teoría de Freud acerca de la constitución del aparato psíquico, que también se suele denominar "la primera tópica freudiana", el inconsciente designa uno de los tres sistemas psíquicos que conforman el psiquismo (los otros dos son el consciente y el pre-consciente). El sistema inconsciente está constituido en gran parte (pero no solamente) por contenidos reprimidos a los que se les ha impedido el acceso a la conciencia, justamente por obra del mecanismo de la represión. El contenido del inconsciente son los "representantes psíquicos" de las pulsiones. Estos representantes, al estar investidos con energía pulsional, buscan permanentemente abrirse paso hacia la consciencia, en lo que se denomina retorno de lo reprimido. La única manera en que logran acceder al sistema preconsciente y a la consciencia es a través de formaciones de compromiso, procurando el máximo de satisfacción pulsional, pero logrando burlar la censura.

A partir de la segunda tópica freudiana, vale decir, del momento en que Freud define las instancias psíquicas ello, yo y superyó y debido a que las tópicas se superponen parcialmente, es decir, dado que no existe una correspondencia unívoca entre estas instancias psíquicas y los tres sistemas definidos en la primera tópica (porque hay partes del yo y del superyó que son igualmente inconscientes que el ello) "inconsciente" pasa a tener una función más bien calificadora, adjetiva.

IV. Lo inconsciente colectivo en Carl Gustav Jung

Es precisamente la conceptualización de la teoría del inconsciente, entre otras razones de índole teórico y personal, la que generará la separación entre Freud y Jung. Será este último el que replantee y amplíe el carácter personal del inconsciente freudiano, extendiéndolo ad infinitum a un inconsciente colectivo cuyo contenido primordial serán los arquetipos. De este modo, y siempre desde el marco teórico de la psicología analítica del autor suizo, el inconsciente quedará estratificado en dos niveles:

1. La propia denominación del inconsciente de Freud, al que llamará inconsciente personal, aceptando y diferenciando así la postulación freudiana, y donde los contenidos centrales o constelaciones del inconsciente serán distinguidos bajo el término de complejos, residiendo un arquetipo en el núcleo de cada uno de ellos.

2. El propio inconsciente colectivo, sede de y constituido por los arquetipos.

V. El inconsciente en Jacques Lacan

En el Seminario XI menciona Lacan: "El inconsciente es la suma de los efectos de la palabra en un sujeto; es a ese nivel que el sujeto se constituye como efecto del significante". El inconsciente está estructurado como un lenguaje. Bajo su propia lógica diferente a la racional y cognitiva, produciendo efectos en la vida cotidiana.16​ El inconsciente no es irracional, tiene una lógica que organiza el discurso y a sus formaciones, actos falli

dos, sueños y síntomas.

b) ¿Qué es el collar neurótico?

Collar neurótico es la neurosis vivida constantemente donde no se plantea pulsar desde el sí mismo ni conectamos con que la única polaridad que tenemos es entre lo conocido y lo no conocido.

I. Neurosis

El término neurosis fue propuesto por el médico escocés William Cullen en 1769 en referencia a los trastornos sensoriales y motores causados por enfermedades del sistema nervioso. En psicología clínica, se usa para designar trastornos mentales que distorsionan el pensamiento racional y el funcionamiento social, familiar y laboral adecuado de las personas. Existe una confusión generalizada sobre la utilización del término: por un lado, se aplica, como síntoma, a un conjunto heterogéneo de trastornos mentales que participan de mecanismos inadaptativos ligados a la ansiedad. Por otra parte, su uso popular (como sinónimo de obsesión, excentricidad o nerviosismo) ha provocado su extensión a terrenos no estrictamente ligados a la enfermedad mental. El término “neurosis” fue abandonado por la psicología científica y la psiquiatría, sustituyéndose por el de “trastornos”.

El término clásico hace referencia a un trastorno mental sin evidencia de lesión orgánica que se caracteriza por la presencia de un nivel elevado de angustia y una hipertrofia disruptiva de los mecanismos compensadores de la misma. El sujeto mantiene un adecuado nivel de introspección y conexión con la realidad, pero presenta la necesidad de desarrollar conductas repetitivas y en muchos casos inadaptativas con objeto de disminuir el nivel de estrés.

La teoría psicoanalítica afirma que la neurosis es una afección psicógena cuyos síntomas cumplen una función simbólica que pretende volver a poner en escena un viejo conflicto infantil, siendo la manifestación neurótica el resultado del compromiso posible entre el deseo y la defensa.

Para protegerse de la angustia, las personas recurren a mecanismos de defensa como la represión, la proyección, la negación, la intelectualización y el desplazamiento, entre otros.

II. Sigmund Freud

Desarrolló diversos trabajos en relación con la histeria y los trastornos obsesivos, publicados entre 1892 y 1899, sentando las bases psicogénicas de lo que él denominó psiconeurosis. A partir de sus trabajos se elaboró una clasificación que distinguía varios tipos de neurosis: neurosis de angustia, fóbicas, obsesivo-compulsivas, depresivas, neurotécnicas, de despersonalización, hipocondríacas e histéricas.

Para Freud la neurosis es el resultado de un conflicto entre el individuo y su medio. En su teoría, los síntomas neuróticos resultan de la interacción entre los impulsos instintivos que luchan por manifestarse y las estrategias defensivas. La persona se defiende por mecanismos de represión. Por otro lado, plantea que la etiología común de la enfermedad mental es siempre la frustración, el incumplimiento de deseos infantiles, jamás dominados y que se arraigaran hondamente en la mente del enfermo.

La neurosis extrae del mundo de la imaginación y de la fantasía el material necesario para sus productos, hallándolos por medio de la represión a épocas reales anteriores y más satisfactorias. El mecanismo que se activa en la neurosis, según Freud no sólo es una pérdida de la realidad-, sino una sustitución de ella. En consecuencia, la neurosis es una expresión de la rebeldía contra el mundo exterior, una incapacidad para adaptarse a la realidad.

III. Neurosis obsesiva

Las representaciones obsesivas son reproches transformados por la represión de un acto de la niñez, ejecutado con el placer.

Si el contenido del recuerdo pasa a la conciencia se altera en forma de ideas obsesivas, doblemente deformadas porque se sustituye en pasado por el actual.

Si el reproche pasa la conciencia se altera de distintas formas de afecto: vergüenza, medios hipocondríacos, miedo social.

Si las ramificaciones del recuerdo pasan a la conciencia se altera en actos obsesivos, rituales.

La neurosis obsesiva es la consecuencia de un placer pre-sexual vivido de manera activa que más tarde se transforma en auto reproche

La vivencia primaria reprimida que fue acompañada de placer al ser recordada, convoca, displacer y se transforma en auto reproche

El recuerdo activado y el reproche forman un síntoma reactivo (amor/odio).

IV. Histeria

La histeria es una afección psicológica que pertenece al grupo de la neurosis. Técnicamente se denomina trastorno de conversión.

Según Freud, los histéricos crean por simbolización una expresión somática para una representación saturada de afecto.

Los conflictos se simbolizan en síntomas corporales por lo que en el lugar de dolor anímico, aparece un dolor físico, una situación dolorosa.

La conversión histérica es un proceso de transformación de la excitación psíquica (conflicto) en síntomas somáticos. Consiste en el desplazamiento del afecto por una “vía falsa” al cuerpo, a una inervación motriz (síntoma) que mantiene un nexo asociativo con la representación reprimida.

La histeria padece de reminiscencias, la zona que duele es una zona de inscripción del recuerdo.

Los síntomas histéricos son efecto y resto de vivencias traumáticas, expresión de una realización de deseos y realización de fantasías inconscientes al servicio del deseo.

Sustitutos de una satisfacción denegada. La negación acompaña a los síntomas histéricos.

V. Neurosis según Jung

La neurosis es una escisión interna, el estado de guerra consigo mismo. Todo lo que acentúa esta escisión hace que el paciente empeore, y todo lo que la mitiga tiende a sanarlo. Lo que lleva a la gente a estar en guerra con ellos mismos es la sospecha o el saber de qué cada uno consiste en dos personas opuestas entre sí. El conflicto puede darse entre el hombre sensual y el espiritual, o entre el ego y la sombra. Es lo que Fausto quiere decir cuando afirma ‘Dos almas, ¡ay!, habitan en su pecho, y cada una de ellas quiere separarse de la otra’. La neurosis es una división de la personalidad.

VI. Escisión

Proceso hipotético que acontece originariamente en la posición esquizo-paranoide, y en virtud del cual el yo y/o el objeto se separan o dividen en una parte buena y una parte mala, lo que le permite al sujeto emerger del caos y ordenar sus experiencias.

En general y más allá de su sentido específico en psicología, la palabra escisión significa división, rompimiento, separación.

En el psicoanálisis kleiniano y el pensamiento de Pichon Rivière el término adquiere un sentido específico: se trata de un proceso que comienza en el transcurso de los seis primeros meses de vida (posición esquizo-paranoide), y que consiste en una separación o división del yo y/o del objeto parcial en una parte “buena” y una parte “mala”.

VII. Escisión como disociación

Esta idea de escisión se remonta a los primeros trabajos de Freud sobre los estados disociativos en la histeria que, a menudo, se consideran como pertenecientes a su período pre-psicoanalítico. Freud habla aquí (junto con Breuer) de un estado de conciencia separado o cortado del estado normal de conciencia de la persona (Freud, 1895d, p 90). En los referidos textos, utiliza una terminología cerrada, donde explícitamente considera la escisión y la división como sinónimos de "disociación" (p. 91). Esta división disociativa de la conciencia aparece expresada como »double conscience«[1](ibid.) Freud escribe así lo que quiere decir:

"Cuando este proceso se lleva a cabo por primera vez, se constituye un núcleo o punto central de cristalización [...] alrededor del cual se irá acumulando posteriormente todo aquello que se hubiese recibido previamente, aun partiendo de visiones contradictorias" (1895d, p 182).

Freud describe aquí un estado en el que parece ponerse en juego algo más que la personalidad, más que el Yo, algo que funciona desde diferentes planos relacionados con distintos patrones representacionales o mecanismos.

En sus primeros escritos, Freud enlazó este estado de escisión disociativa con el trauma. Un trauma es como una fuente de ideas que resultan incompatibles con el estado normal de conciencia, y la existencia de tales ideas (incluso, aunque sean benignas, como por ejemplo, la percepción de un deseo sexual inapropiado) se considera traumático.

Estas representaciones, así como los estados mentales y su correspondiente funcionamiento asociados, existen en otra parte, fuera del alcance del estado normal de conciencia (Freud, 1895d, p 90). Tal como Breuer aclara, "la parte de escindida de la psique [...] en nuestros casos, ›es llevada a la oscuridad‹ "(p. 288).

Llegados aquí, habría que considerar tres puntos importantes: (a) desde esta perspectiva, la escisión no es considerada como un mecanismo contrario a la represión. Más bien, es un estado interno que surge, al menos en parte, por la represión. Freud desarrolló tempranamente este concepto. Considera que: la misma escisión psíquica es el resultado de un proceso de rechazo que denominé entonces ›defensa‹ y posteriormente ›represión‹“, tal y como declaró en sus propios recuerdos retrospectivos (Freud, 1914d, pág p 48). (b) La condición de la disociación de la conciencia no significa que haya más de una conciencia, más de un Yo o de una agrupación mental. Más bien, lo que Freud quiere decir es que una parte es consciente y la otra inconsciente. En la situación de una conciencia dividida el correspondiente estado atrae alternativamente hacia sí a los diversos estados de la conciencia, de manera que, a través de dicha unión, lo consciente es desplazado hacia lo inconsciente (Freud, 1910a, pp 15, véase también 1912g, 434, 269 y 1915e, S. 269). (c) Freud no quiere decir que para que ocurra este tipo separación sea necesaria una condición traumática previa. Más bien hay que señalar que el enfoque hacia un trauma es debido al hecho de que por entonces Freud explicaba todos los conflictos a partir de un trauma subyacente. Como se menciona anteriormente y, también aquí, Freud considera el término trauma en un sentido muy amplio, sosteniendo que la existencia yuxtapuesta de ideas irreconciliables pudiera resultar traumática.

VIII. Escisión como renegación

La escisión como una manifestación o consecuencia de la renegación aparece por primera vez en los escritos de Freud en los años de 1920 (1924b, 1927e), será discutida en su trabajo Esquema del psicoanálisis (1940a) y está en el centro de su famoso trabajo, publicado póstumamente "La escisión del Yo en el proceso defensivo" (1940e).

En esta forma de escisión, dice Freud, el individuo se enfrenta a una realidad insoportable de lo "general y vago [...]" que ocurre bajo los efectos del trauma psicológico (1940e, p 59).

Como Freud explica, en la represión, en contraste con la renegación,. Se mantiene dos actitudes contradictorias acerca de la realidad, de modo que ello lo conduce a la escisión. En Esquema del psicoanálisis Freud escribe:

"En general, probablemente podemos considerar como válido, que lo que sucede en todos los casos es una división psíquica. Se producirían dos ajustes mentales en lugar de uno solo, uno de ellos, el normal, refleja la realidad y el otro, disuelve al yo de la realidad bajo la influencia pulsional. Los dos coexisten uno junto al otro "(1940a, pp 132F.).

Así como esta escisión renegada no constituye una negación psicótica, tampoco puede ser explicada mediante la represión. Freud pone claramente de manifiesto que en el caso de la represión se produce una división entre el Yo y el Ello. Está dirigido contra la pulsión y otros contenidos del Ello. Por el contrario, en el caso de la renegación (Verleugnung), lo que sucede es una escisión del Yo, que se orienta en contra de la realidad (Freud, 1927e, 1940a, p 134).

La forma de escisión como renegación es significativamente diferente de la forma disociativa: en primer lugar, aunque la realidad traumática se menciona en ambos casos, en el de la renegación (Verleugnung), la atención se centra más en la realidad que en el trauma. El Yo no llega a ser avasallado o fragmentado por el poder del trauma, sino que elige la escisión para soslayar la represión y las prohibiciones que se asocian con ella. Tal vez incluso, se podría decir que en la forma disociativa de la escisión, se le impone al Yo una separación de la realidad, mientras que en la forma de renegación, es el propio Yo el que se escinde de la realidad. En segundo lugar, Freud sostiene con absoluta claridad que, en el caso de la escisión como renegación, ésta no se basa en la represión, sino más bien incluye un mecanismo o proceso específico (mientras que en la escisión disociativa, podría estar involucrada la represión). En conclusión, cabría decir que la escisión como renegación se produciría a consecuencia de actitudes opuestas frente a determinados hechos, que no se trata de una escisión de agrupaciones mentales ni de personalidades.

IX. La escisión de las ideas

La escisión de las ideas se refiere a un estado (o proceso) en el cual los objetos uniformes son considerados como dos imágenes o ideas separadas (o ser considerados como tales en su transcurso). Estas imágenes separadas son realmente tan sólo aspectos o dimensiones del objeto, sin embargo, se podrían ver como si cada cual fuese un objeto completo. A modo de ejemplo, nuestra idea de un objeto parental, que podría encajar en las diferentes dimensiones de nuestra relación con el padre, podría estar escindida en dos conceptos, tales como satisfacción y frustración, amor y odio -de un lado, un satisfactorio padre amado, y de otro, un frustrante padre odiado. Estas ideas funcionarían en cierto sentido, como si no tuviesen nada que ver entre sí.

El objeto de la escisión podría (en este enfoque) representar a otro, aunque también al self. Al comienzo de la vida, este tipo de escisión es considerada como un proceso normal en el desarrollo y, no es hasta más adelante, en un momento posterior, en que se considera patológica.

Aquí confluyen dos aspectos del pensamiento freudiano. Se recoge la idea de Freud de la escisión del objeto en partes buenas y malas y se combina con otra de sus consideraciones, a saber, que los objetos serían algo así como ideas o imágenes funcionales, que se localizarían en la psique (en una de sus estructuras). Así mismo, esto se basaría en el punto de vista de Freud de que la internalización de un objeto o la identificación con él, sería como una especie de concepción interna del objeto (Freud, 1923b, p 331).

X. La escisión de la psique

En la escisión del objeto interviene, según Klein, una division interna (del yo), no solamente la división de las representaciones que se albergan interiormente acerca de las imágenes de los objetos externos y de la imagen propia como objeto

No se llega a la escisión porque haya dos representaciones objetales conflictivas entre sí, difíciles de manejar, sino que la escisión de los objetos (reconocidos, en cierto sentido, como un todo integrado), se produce como consecuencia de dificultades internas, de la propia destructividad interior y del consiguiente deseo de evitarla o negarla.

Por otra parte, lo que se escinde no son las representaciones, sino en realidad son partes de la propia persona, del Yo, lo que a su vez afecta a la naturaleza del Yo, porque el objeto no es ninguna persona externa ni tampoco sólo la imagen de una como tal, sino que es una parte del Yo (por ejemplo, uno mismo es su propio objeto materno). Tal vez puede vislumbrarse que, al igual que en la escisión de las representaciones, también aquí el objeto está dividido en bueno y malo. Sin embargo, en su discusión acerca de la escisión, Klein no sólo ofrece una explicación diferente para ésta, sino que según ella, el fenómeno a explicar es otro. Lo que está en juego para Klein no son identificaciones cambiantes (las consecuencias de mantener separadas las imágenes conflictivas). Sino que, más bien, de lo que se trata es de que la escisiones agresivas del objeto y de la propia psique (mente) se manifiestan en las diferentes expresiones relacionales, del pensamiento y emocionales, y pueden ser la base de las mismas[3].

c) ¿Qué es el dinamismo neurótico?

Atravesar el límite entre la sombra y el sí mismo a través del collar neurótico.

Saber que en el sí mismo no hay inferioridad, ni arriba, ni abajo. No hay escalas.

· Enantiodromía: ir hacia el otro lado para que seamos uno

Enantiodromía ( griego antiguo : ἐνάντιος, . Translit enantios - opuesto y δρόμος, dromos - recorrido de las carreras) es un principio introducido en Occidente por el psiquiatra Carl Jung

En Tipos psicológicos, Jung define enantiodromía como "la aparición de lo contrario inconsciente en el transcurso del tiempo, este fenómeno característico casi siempre se produce cuando una, de un solo lado tendencia extrema domina la vida consciente; en el tiempo una igualmente poderosa contraposición se construye a que por primera vez inhibe la actuación consciente y posteriormente se rompe a través del control consciente”. Es similar al principio de equilibrio en el mundo natural, en el que cualquier extrema se opone por el sistema con el fin de restablecer el equilibrio. Cuando las cosas se ponen a su extremo, se convierten en su contrario.

Sin embargo, en términos de Jung, una cosa psíquicamente transmogrifies a su sombra opuesta, en la represión de las fuerzas psíquicas que están de ese modo catectizado en algo poderoso y amenazante. Este principio se entendió de manera explícita y discutido en los principios de la religión tradicional china - como en el taoísmo y el yin-yang. Una premisa central de la I Ching es que se convierten en líneas yang yin cuando han llegado a su extremo, y viceversa. [2]

En particular, Jung utilizó el término para referirse al inconsciente que actúa en contra de los deseos de la conciencia mental , la actualización del concepto griego de akrasía en términos psicológicos modernos.

(Aspectos de lo masculino , capítulo 7, párrafo 294).

Enantiodromia se experimenta típicamente en conjunción con los síntomas asociados con aguda neurosis, y, a menudo presagia un renacimiento de la personalidad.

Enantiodromia también se refiere al proceso mediante el cual uno busca y abraza una calidad de oposición desde dentro, la internalización de una manera que resulta en la integridad individual. Este proceso es el quid de la noción de que Jung llamó el "camino de la individuación". Uno debe incorporar un arquetipo opuesto en su psique para obtener un estado de interno 'terminación'.

d) Apatía como pérdida de la emocionalidad y el vínculo

* La apatía es la falta de emoción, motivación o entusiasmo. Es un término psicológico para un estado de indiferencia, en el que un individuo no responde a aspectos de la vida emocional, social o física.

Uno de los síntomas más claros de la apatía es la falta de interés por una o varias cosas, o por todo en general. La persona apática también sufrirá una disminución de la productividad en sus actividades diarias, pérdida de iniciativa, de motivación, no tendrá interés en tener nuevas experiencias, aprender nuevas cosas y en relacionarse con otras personas.*

Toda observación hecha desde nuestro juez va a llevarnos a recurrir al pasado sistematizando nuestro caminar. Ese entretenimiento en el pasado, nos va a impedir tomar contacto con nuestras emociones del presente, generando la propia apatía, escondiendo detrás, un miedo a no sentir.

Es fundamental trabajar las emociones, nuestras relaciones y vínculos.

También trabajar la intuición porque el ser apático se anula en la emoción.

Cuando este arquetipo está muy enquistado en el estado selectivo, en la rigidez y en la apatía la persona encuentra conflictos en cómo relacionarse.

Palabras como "Renuncié”, “Resigné" van a hablar de relaciones esporádicas donde no pueden evolucionar en la relación.

Hay que trabajar mucho sobre los complejos y los hábitos nacidos de ellos y también las sobreadaptaciones, que se rompa el juez es fundamental y que se haga un trabajo de limpieza sobre aquello que nos domine en donde nos podamos posibilitar a vincularnos.

Respecto a la re significación, la rigidez y la apatía de esa resignación, lo primero que tenemos que hacer es desarrollar la aceptación con los vínculos que tenemos, es importante comenzar con lo que hoy se nos estamos relacionando o vinculando para que de a poco comencemos a abrir otros vínculos.

También comenzar a bajar los niveles de ansiedad, de irritabilidad, de soledad, y podamos tener charlas incomodas, y encontrarnos en vínculos más profundos.

e) Carencia de complitud

Hay una adaptación a juzgar. Hay una adaptación a elegir.

En el fondo lo que se hace es una anulación de emocionalidad y lucha constante con la vulnerabilidad. Todo juez en algún lugar está sintiendo una víctima.

Toda complitud tiene que ser sentida, ésta no condiciona a la conciencia, no divide al intuitivo en introvertido y extrovertido. Es la expresión de la vida. Es amor colectivo. No se plantea la satisfacción. No se pregunta por el querer y el deber.

Nos completamos con él otro, encontramos la profundidad en la superación.

Enantiodromía lumínica: ir hacia el otro lado para que seamos uno.

f) Injusticia y periferia de la sombra

*Lise Bourbeau, autora y fundadora de la Escuela Escucha tu Cuerpo, escribió el libro “Las cinco heridas del alma que impiden ser uno mismo”, un texto que ayuda a entender miedos que surgieron en la infancia y sanarlos en la etapa adulta.

En este libro en particular “Las cinco heridas del alma”, retoma la investigación del psiquiatra americano John Pierrakos sobre las heridas del alma.

Dicha investigación abarca miedos y traumas que no se pudieron asimilar en la infancia, teniendo consecuencias en la etapa adulta. Habla sobre cómo se repiten patrones y se utiliza máscaras para protegerse del dolor.

La autora describe que todos llevamos un niño herido que fue creciendo y encontrando dificultades que le generaron traumas.

Al principio, ese niño buscaba cubrir necesidades, poco a poco iban apareciendo otras como la aceptación, pero las personas cercanas a él lo corregían demasiado, lo que provocaba que pensara que no era correcto ser como era.*

Es necesaria muchas veces la herida para que entre la luz.

Lo más importante es darnos cuenta que tenemos como una atracción a ser heridos de la misma forma. Los seres vivos no permanecemos mucho tiempo en una herida porque cicatrizamos. Al cicatrizar se produce un trauma. Cuando trabajamos la herida estamos viendo la cicatriz, o sea el trauma de la psiquis. Por, eso nos tenemos que ver como cicatrices no como heridos.

La traumatología de injusticia es una traumatología que esta fuera de lo que es la impresión del inconsciente ya que se produce luego de los 8 años de vida en donde ya podemos percibir el entorno, los contextos y a los otros.

El trauma se crea porque se cree que no es justo lo que está pasando y para definir que es justo o no lo es, ya debemos haber tenido en conciencia que es el juez.

Pasa algo que el niño juzga que no lo merece, y crea un ser rígido donde está decidiendo de acuerdo a lo que va eligiendo para vincularse, sin darse cuenta que todo aquello que no selecciona queda en sombra.

Esa rigidez que genera el injusto, crea una escala (complejos de perfección) convirtiendo toda su vida en un juicio que lo hace un ser rígido.

Esta persona tiene concebida la apatía, donde merece porque fue herido.

No hay percepción de lo emocional ni sentimental.

Este trauma alimenta toda periferia de la sombra al tomar contacto una y otra vez con las sobreadapataciones y estados de compensación.

Lumínicamente este trauma se trabaja en la inclusión del injusto al mundo que lo rodea en donde pueda observar cómo se encuentran sus propios vínculos.

Eso le produce un aquí ahora, lo saca del pasado y de la ansiedad. También producir una conexión con el cuerpo, estados hormonales, y la flexibilidad en donde se empiece a tener conciencia también en lo emocional.

Encontramos lo lumínico de este trauma en la flexibilidad corpórea y emocional vincular.

Este trauma que podemos tenerlo todos.

. ------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Meditaciones

1. Collar neurótico

2. Trauma de la injusticia

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