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Taller de luz - Día 10

Actualizado: 31 may 2021

1) Formación del ego en el estado inconsciente

I. El yo según la psicología

En psicología, yo, más frecuentemente (como en antropología) referido con el universal latinismo ego; y en alemán: Ich y en francés je (yo deíctico) o moi (yo pronominal siendo actualmente usado en francés moi como equivalente a egō), se define como la unidad dinámica que constituye el individuo consciente de su propia identidad y de su relación con el medio; es, pues, el punto de referencia de todos los fenómenos físicos, psíquicos y sexuales.

II. El yo según el psicoanálisis

Aquí también se debe observar la definición simplista que da el DRAE en relación al ego (o yo) ya que lo define como la instancia consciente de un individuo humano, "instancia por la cual toda persona se puede hacer responsable de su identidad así como de sus relaciones con el medio".

De acuerdo con el pensamiento de Sigmund Freud, desde la perspectiva del psicoanálisis, el yo es un probador de la realidad, la inteligencia, la razón y el conocimiento de causa y efecto para aumentar la libido, las gratificaciones y poner freno a la pulsión de muerte.

También es la instancia psíquica que une el ello con el mundo exterior y hace de puente entre el "ello" y el "superyó", el cual es la conglomeración de un conjunto de mentes grupales que forma una psique ideal. Este puente es lo que hace de una persona un "individuo", puesto que el "ello" y el "superyó" son conceptos ejemplares.

Para Freud, el yo puede estar compuesto de dos partes principales; un sistema de percepción y un conjunto de ideas inconscientes sobre la realidad que se vive. El yo utiliza los rasgos que lo identifican y los ideales del "superyó" para controlar los instintos animales del "ello".​ Esto, y un deseo por asemejarse al "superyó" buscando terminar con los defectos y ambivalencia personal y tratando de llegar a compararse con un otro fantaseado,​ hacen que el yo se sobreimponga al "ello" y que sea una versión modificada del este.

III. El ego según Lacan,

Es una instancia del registro de lo imaginario y por eso mismo una especie de alienación. El sujeto se ve en su ego.

La formación del ego según Lacan implica una primera triangulación entre la madre, el infante y el objeto a . El ego del sujeto se constituye a partir de una percepción especular en un otro (casi siempre la madre o quien cumpla la función materna), la configuración del ego de cada sujeto se produciría principalmente durante el estadio del espejo. El ego no debe ser confundido con la conciencia -pese a que aparenta serla- y menos aún con el sujeto humano: el sujeto humano es , clivado por la intervención de la función paterna que inscribe al infante en el orden simbólico del lenguaje mientras que, pese a lo aparente, el ego en cuanto imaginario surge en cada ser humano precisamente previo a lo simbólico, en cuanto el ego es algo de la dimensión de lo imaginario y así entonces pregnado por el narcisismo que proviene del otro (el otro en cuanto ese primer grado del otro es la madre, no del Otro que está más allá de la función materna).

Lacan critica a gran parte de los psicoanalistas posteriores a Freud porque estos han creído que la cura psicoanalítica se basaría en reforzar al ego cuando precisamente el reforzar al ego encubre la problemática subyacente en el inconsciente, Lacan entiende que sujeto y persona no son lo mismo y que el ego está referido a persona en cuanto la etimología de persona alude a la máscara con que se actúa.

IV. El yo según la psicología analítica

Desde la psicología analítica de Carl Gustav Jung debe entenderse por «yo» el factor complejo al que se refieren todos los contenidos de la consciencia.

Constituye en cierto modo el centro del campo de la consciencia y, en la medida en que este campo comprende la personalidad empírica, el yo es el sujeto de todos los actos conscientes. La relación de un contenido psíquico con el yo representa el criterio de la consciencia, pues no sería consciente ningún contenido que no se hiciera presente al sujeto. Aún cuando teóricamente el campo de la consciencia es ilimitado, empíricamente se ve limitado desde el terreno de lo desconocido, que comprende tanto el mundo exterior como el interior o inconsciente.

Añade Jung que el yo no es un factor sencillo sino complejo, no pudiendo describirse exhaustivamente. Tendría dos fundamentos: uno somático y otro psíquico.

· Somático: se desarrolla a partir de percepciones endosomáticas, ya de por sí de índole psíquica y unidas al yo, siendo conscientes. Dichas percepciones tienen su base en estímulos endosomáticos que pueden ser tanto conscientes como inconscientes.

· Psíquico: el yo se basa en todo el campo de la consciencia y en la totalidad de los contenidos inconscientes. Estos últimos se dividen a su vez en tres grupos:

1. Contenidos temporalmente subliminales, o reproducibles a voluntad por medio de la memoria.

2. Contenidos no reproducibles voluntariamente, inconscientes, deducibles por irrupciones espontáneas de contenidos subliminales en la consciencia o también llamados complejos.

3. Aquellos contenidos que no pueden en absoluto acceder a la consciencia, son contenidos que todavía no han irrumpido o no irrumpirán nunca en ella.

Debe diferenciarse el yo del campo de la consciencia, siendo únicamente su punto de referencia.

El yo es un factor por excelencia de la consciencia, siendo incluso una adquisición empírica de la existencia individual. Al principio surgiría del choque del factor somático con el medio, desarrollándose posteriormente a partir de nuevos choques tanto con el mundo exterior como interior. La totalidad de la personalidad, que abarca también lo inconsciente, no coincide con el yo o personalidad consciente, debiendo diferenciarse de él.

​ Jung denomina sí-mismo a la personalidad total, subordinándose el yo al sí-mismo y comportándose en relación con este como una parte con el todo. En el ámbito del campo de la consciencia el yo dispone de libre albedrío. Sin embargo, dicha libertad tropieza tanto con las limitaciones propias del mundo exterior como con las del mundo interior subjetivo o sí-mismo.

El yo es una unicidad individual que se mantiene idéntica a sí misma, aunque dicha durabilidad es relativa, puesto que pueden producirse alteraciones profundas de la personalidad, no necesariamente patológicas, pudiendo estar circunscritas a una evolución normal.

Aún cuando es el yo el sujeto de todas las adaptaciones y desempeñe un significativo papel en la economía anímica, el descubrimiento a finales del siglo XIX de una psique extraconsciente ha relativizado la posición absoluta que hasta entonces ocupaba. Desde entonces el yo mantiene su carácter de centro del campo de la consciencia, no así como punto central de la personalidad. El yo participa en ella pero no es su totalidad. Su libertad es limitada y su dependencia decisiva.

Finalmente, debe añadirse a la división tripartita anterior de lo inconsciente desde el punto de vista de la psicología de la consciencia, otra división en dos partes desde la psicología de la personalidad.

Una psique extraconsciente con contenidos de carácter personal.

Una psique extraconsciente con contenidos de carácter impersonal o colectivo.

V. El yo en la filosofías místicas orientales

En las filosofías místicas orientales, particularmente en el budismo se considera al yo como una "ilusión" (el Atman) que se revela al alcanzar el Anātman. Esta ilusión estriba en que todas las cosas son compuestas y transitorias y sin existencia intrínseca (vacuidad). En el caso particular del yo el budismo le considera un compuesto de cinco agregados cuyas partes al disgregarse constituyen la extinción del yo tal y como lo concebimos.44​ Así pues el budismo también contrasta fuertemente con otras religiones porque no afirma la existencia del alma permanente, ni de un "sí mismo" o "yo" duradero en el ser. El yo se presenta como un velo de la mente que induce al sujeto a identificarse con su experiencia provocándole sufrimiento.

a) Conflicto de selección

Al observar la educación que tenemos podemos visualizar como el ego se ha empezado a formar. Esta domesticación tiene que ser reconocida por nosotros como la sombra de la civilización y la cultura, y darnos cuenta que en toda civilización existe la polaridad y toda polaridad se vuelve semilla del ego. Esta polaridad va a estar plasmada dentro de lo que es el sistema de creencia.

El ego es emocional y es sentimental. El ego no solo es una emoción que puede sentirse sino también una emoción a la que nosotros recurrimos.

El ego nace en la polaridad sentido- no sentido. Pero en realidad no existe el sentido - no sentido, lo que existe es nosotros no pudiendo aceptar algunos sentidos de la vida. Somos nosotros los que no queremos tomar consciencia y aceptar que todo tiene sentido.

En este plano polar cuando elegimos y le ponemos nombre en el sistema de creencia (la creencia en si es completa, el sistema de creencias es lo que nos divide) aquello que seleccionamos tiene sentido, pero reprimimos y negamos lo opuesto.

El juez al ego lo asciende y la víctima lo desciende, porque el ego no quiere perder el llamado de atención ni la pereza psíquica (sé que tengo que cambiar pero no lo hago), el ego enferma y mucho en su victimización.

En el juez elige lo que le hace bien, lo que lo va a ser una gran persona en la vida, y acá ya se está sobre adaptando por negar y descartar todo lo que no elige y le vuelve completa la consciencia.

Aquí empieza la construcción yoica. El ego antes de copérnico era algo que teníamos que desarrollar por ser el centro del universo, donde teníamos que actuar como tal.

b) Conflicto de aprobación

Trabajamos para pertenecer y cuando no generamos todo eso, descendemos a la víctima, porque si no llamamos la atención como exitosos lo hacemos desde la victimización.

Acá aparece el conflicto de la neurosis, porque el ego busca la conquista y cada vez que lo logra se siente insatisfecho, mientras que cada vez que fracasa requiere de la atención.

Esta conquista inicia por obsesionarse con aquello que quiere conquistar.

c) Búsqueda de la perfección

Las decisiones son actitudes del ego buscando histéricamente conquistar lo que cree que es perfecto. Las decisiones no configuran nada, lo único que hacen es enquistar el ego. Este ego necesita más decisiones.

Si nos vemos emocionalmente, en toda separación polar, podríamos ver al ego como un "demonio de la insatisfacción" en dónde nada alcanza y necesita siempre más.

De aquí se desprende las adicciones.

Cuando el ego está enquistado, durmió el héroe y la sincronicidad, no suelta porque quiere el apego y el control para no fluir.

Todo lo que al ego le cause esfuerzo lo va a hacer un gran actor en donde la gente va a ver lo bueno que merece, cuando comparamos, competimos y demostramos estamos actuando en el ego dentro de la altura piramidal.

Cuando sigue la conquista estamos en "alter ego" que es la búsqueda constante en donde no solo nos satisface lo yoico de tener poder sino que empezamos a necesitar llegar a la cima y al altar, para en ese altar ser únicos y estar solos.

Cuando lleguemos a ese altar vamos a haber perdido todo tipo de emocionalidad y empatía, y cuando anulamos emoción anulamos vinculación, es aquí donde perdemos lo colectivo, el aprendizaje de los otros.

El alter ego tiene al arrogante que necesita del público y al soberbio que muestra desde arriba su éxito, ellos no tienen pares, tienen alumnos, sumisos, masoquistas.

El ego no ama, no tiene amigos, tiene súbditos. Nos deja solos, insatisfechos, adictos.

Todos los días tiene que volver a reafirmar su poder, y también ir cambiando porque aquello por lo que se obsesiona se vuelve luego la conquista en donde adquiere poder.

Tenemos que preguntarnos de donde pulsamos para soltar el ego. Porque si solo pulsamos de las insatisfacciones vamos a tener pulsiones ególatras.

d) Ego activo

Acciones del alterego que son exageraciones de la separación:

· Competencia: Necesitar diferenciarse constantemente

· Comparación: No existe la comparación. Es algo que quiere el sistema para compensar que nace desde la insatisfacción.

· Demostración: búsqueda del reconocimiento, no hay contacto con el anonimato.

e) Ego pasivo

Victimización: Usa esas inferioridades, lo malo, lo sombrío del juez para llamar la atención. Es un arquetipo que va a hacia abajo, que se hunde, que necesita todo el tiempo que vean lo mal que está.

Cuando logra la atención, logra poder, a veces por falta de amor.

No tomarse nada de manera personal, nos ayuda a desarmar la víctima

f) Desnaturalización egoica

El ego es natural pero tiene que si o si aparecer el prójimo, no así en el caso de la culpa, el miedo o el dolor.

A medida que vamos tomando una actitud heroica vamos produciendo un soltar del ego.

El ego es energía a trasmutar. Dar luz en la declaración del enemigo como un sistema bélico. Para volver a tomar contacto con la naturalización de nuestro ser podríamos transmutar la competencia en cooperación.

La comparación puede trasmutarse al darnos cuenta que lo que los otros nos proyecten debe salir del juicio y ser puesto en ecuanimidad (poderosa energía de precisión, cordura, armonía y equilibrio. Es imparcialidad, respuesta proporcionada, medio justo, ánimo estable ente las vicisitudes o adversidades, mente firme e imperturbable ante el elogio o el insulto, la ganancia o la pérdida, lo agradable y lo desagradable. para generar la gratificación del despertar). Trascender la comparación nos conecta con la gratitud, la aceptación y la ecuanimidad. La compasión nos quita de la suposición y de la verdad. Trasmutar la comparación a la compasión nos saca de todo estado piramidal en donde los otros son pares.

La demostración se puede trasmutar a hacer lo máximo posible en la acción con el menor esfuerzo, en donde se practique el ser anónimo y conectar con el vocatio (para algunas escuelas significa acción de llamar. Toda acción de llamar o de ser llamado por el universo o dios, requiere del encuentro de dos libertades. La absoluta libertad de dios o del universo que llama y el libre albedrío del individuo al despertarse en ese llamado tienen que sincronizarse) o vocación (acción de la vida espiritual, acción de la vida desde adentro)

En donde no se requiere de una identificación y se anula todo conflicto de insatisfacción.

Volver a naturalizarnos nos permite ver a los otros como una oportunidad de aprendizaje

Y darnos cuenta que uno enseña lo que debe aprender.

La integración como hábito, la naturalización como hábito de estas tres preguntas se convierten en anonimato:

· ¿Desde dónde estamos pulsando nuestra vida?

· ¿Qué sentido tiene la vida?

· ¿A qué fuimos llamados a vivir?

------------------------------------------------------------------------------------------------------------------Meditaciones

1. Ego

2. Decisión

3. Selección

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