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Ejercicio de los 21 días sin quejas


Si no puedes transformarlo, entonces transforma tu actitud. ¡Pero no te quejes! Agradece lo que tienes en lugar de lamentarte por lo que no tienes.

El Dr. Viktor. E. Frankl, creador de la logoterapia, decía que “uno es responsable de lo que hace, de lo que sufre y de lo que ama”. De ahí que la propuesta de Will Bowen era muy simple: los participantes debían colocarse una pulsera morada con la leyenda “un mundo sin quejas” y resistir 21 días sin lamentarse por nada, ni una sola vez; así sea “me duele la cabeza” o “nada me está saliendo bien”. Si durante ese período los participantes emitían algún lamento, debían cambiarse la pulsera de muñeca y volver a empezar. Los resultados fueron sorprendentes: la mayoría de los participantes logró superar este reto, pero les tomó un mínimo de 5 meses, un tiempo que evidencia la terrible presencia de la cultura de la queja. La idea de Bowen, plasmada en su libro se propagó rápidamente por todo el mundo.

Esta es la historia de la gestación de una idea existencial muy simple, que ayudará a quien acepte esta propuesta a tomar las riendas de su vida.

La pandemia de quejarse

Quejarse se ha convertido en una pandemia. El clima, el tránsito, la inseguridad en las calles, las mentiras de los políticos, la salud, el dinero que no alcanza etc. Lo único que ganas con la queja es sentirte peor.

Cuando criticas, te quejas o juzgas, estás emitiendo una energía que de acuerdo a la Ley de Atracción, será devuelta a tí pero multiplicada. Esto alimenta aquello de lo que te quejas, y lo hace más grande.

Con la queja te conectas con campos de energías estáticas que te debilitan, te hacen vulnerable, conflictivo y carente. En cambio, si accionas en gratitud te conectas con campos de energía dinámica, donde se expande la energía del sí mismo.

Observar las quejas

Mantén una observación especial de tus pensamientos y palabras, y cada vez que te descubras quejándote, expresa un agradecimiento a la vida, al trabajo, a la salud, o a cualquier cosa que puedas agradecer de corazón. Siempre tendrás algo para agradecer. Cada vez que emitas una queja tendrás que volver a empezar la cuenta de los 21 días desde uno.

Si piensas una queja o crítica pero no la dices, ¿También cuenta? Por suerte, no. Sólo las palabras que salen de tu boca son las que cuentan en esta primera etapa del ejercicio.

Quienes lo han logrado reconocen que no es para nada fácil, pero después de un tiempo que tardas en lograr la meta, dejarás inclusive de criticar con la mente.

No hace falta que te pongas una pulsera morada como la que propone Bowen. Utiliza tu reloj de pulsera, o una moneda, o una piedrita en el bolsillo o algún objeto pequeño y sencillo que puedas llevar durante el día, y que, con su presencia, te esté recordando tu compromiso personal de no quejarte. Será una especie de “testigo silencioso” que te observará y recordará constantemente. Y será de gran utilidad para “aprender a darte cuenta” de todas las veces que te quejas. No hay que darle fuerza a la queja, simplemente cambia la pulsera de brazo o la piedra de bolsillo y ya está. Lo importante es darte cuenta, no culparte. Y a comenzar de nuevo hasta llegar a los 21 días.

Tal vez la queja no es nada más y nada menos que la justificación del perezoso que vive en la polaridad: perfecto-no perfecto, y estático-no estático.

¿Dónde buscas la perfección?

Con el mayor de los respetos hacia el chamanismo voy a utilizar un término que representa a la búsqueda de la perfección impuesta en el “debería ser”: la domesticación.

Durante el proceso de domesticación, te formas una imagen mental de la perfección con el fin de tratar de ser aceptado, tanto por los demás como por ti mismo. Creas una imagen supuesta de perfección.

La insatisfacción del aquí y ahora es el resultado de las decisiones que has tomado hasta hoy. Estas decisiones, muchas veces, sólo toman conciencia del debería ser, y no integran a la visión de la posibilidad, a la intuición, al sentir y al pulsar. El aprender íntegro es cuando el ser toma caminos siendo consciente de todos los estados.

Si tu conciencia solamente está en el debería ser, el reflejo de ti mismo va a ser limitado por esta falta de visión. Muchas veces te ves a través de los otros y no te das cuenta que es una pereza para no producir un despertar de todos los estados del ser.

Si el ser se queda con lo domesticado se deja invadir por la atmósfera del afuera, del pensar y de la experiencia, y no entra en él la visión integradora que le puede dar el sentir, lo desconocido y lo profundo de su cuerpo (impulso) para tener una observación más esférica de la posibilidad.

En pocas palabras, el término domesticación es la suma de decisiones y experiencias que se vivieron hasta hoy, tomando sólo en cuenta un libro de ley muy semejante al debería ser ético y moral del burgués. Como dice Huxley el burgués es el perfecto domesticado. Crear es, en el aquí y ahora, integrar caminos para rescatar y recordar quién eres con tu potencial.

El potencial o talento es el ser entero, completo, íntegro y ecuánime en dinamismo, que se hace constante en el tiempo presente.

La búsqueda de la perfección es una demanda del sistema. El ser, en esa demanda, sale a la búsqueda y se dispersa, en vez de usar la pulsión encuentro que lo despierta. La perfección y la identificación son los somníferos de los talentos propios.

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