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“Existe una inmensa reserva de energía que no tiene centro, y que en ningún caso es la energía del ego. Esta energía es la danza sin centro de los fenómenos, el universo que se interpreta y que se hace el amor a sí mismo. Tiene dos características: el calor del fuego y la tendencia a moverse de una forma particular.

Es como el fuego, que contiene la llama y el aire que imprime una dirección a la llama. Esta energía está siempre ahí, aunque a veces el prisma confuso del ego nos impida percibirla. Es totalmente imposible destruirla o interrumpirla. Como el sol, arde sin cesar. Todo lo consume, tanto es así que ni siquiera las dudas y las manipulaciones tienen cabida.

Pero cuando se filtra a través del ego, ese calor se estanca porque nos desentendemos de la base primordial, nos negamos a ver el espacio enorme en el que se produce esa energía. Entonces, la energía ya no puede circular libremente en el espacio abierto compartido con el objeto de pasión: la administración central del ego ha solidificado la energía, reduciéndola y dirigiéndola hacia afuera con el fin de atraer al objeto de pasión, hacia su propio territorio. Esta energía cautiva, se dirige hacia su objeto y luego regresa para ser reprogramada. Extendemos nuestros tentáculos, empeñados en afianzar la relación. Este afán de aferrarnos a la situación hace que el proceso de comunicación se vuelva superficial.Nos limitamos a tocar la superficie de la otra persona y nos quedamos adheridos a ella, sin tener jamás una experiencia de todo su ser. Nos ciega el aferramiento. Y el objeto codiciado, en lugar de sentirse bañado por el calor intenso de la pasión libre, se siente oprimido por el calor asfixiante de la pasión neurótica.

La pasión libre es un calor fluido que irradia hacia todas partes y circula sin esfuerzos. No es destructivo porque es un estado equilibrado y de gran inteligencia. La tendencia a centrarse en uno mismo inhibe ese estado de equilibrio e inteligencia. Al abrirnos, al relajar nuestro aferramiento egocéntrico, percibimos la totalidad del objeto y no sólo su superficie. Surge una apreciación basada en las cualidades globales que son oro puro, comparadas con las meras cualidades sensoriales.

Si se trata de un encuentro entre dos personas, la relación se vuelve una fuente de inspiración porque no percibimos al otro exclusivamente en función de nuestra atracción física y nuestros mecanismos habituales, sino que vemos el interior además del exterior”. ChögyamTrungpa.



El amor es la respuesta a todo


El amor no es una abstracción sino una energía de verdad. Como todo es energía y el amor abarca todas las energías, todo es amor. Siente el amor, expresa el amor, disuelve el miedo.

Tu corazón conoce el camino de la felicidad y la paz interior. Prácticas espirituales como la meditación y la oración te recuerdan lo que ya sabes. Cuando te olvidas del mensaje de tu corazón, y caes en la rutina y en los baches de la vida, te sientes insatisfecho y desdichado, tu perspectiva se pone borrosa. Has olvidado tu plan de vida, te has perdido. El remedio es sencillo. Dedica tiempo a recordar tu divinidad, tu naturaleza espiritual. Recuerda para qué estás.

En la tranquilidad de la mente silenciosa, comienza a ser observador, a tomar distancia y, con el tiempo y la práctica, a darte cuenta de que existe un nivel de conciencia dinámica.

Dentro del mundo de las formas hay un ser espiritual. Tu parte espiritual nunca muere. Jamás pierdes a tus seres queridos. En realidad, todos los seres humanos están conectados para siempre. Cuando tienes experiencias espirituales, casi siempre evocas la energía del amor.

Esa forma de amor es incondicional, absoluta e ilimitada. Es como un impulso de energía pura. Una energía que también posee atributos de gran fuerza como la sabiduría, la compasión, la eternidad y la conciencia sublime. El amor es la esencia de tu ser y tu universo.

Es el componente fundamental de la naturaleza que conecta y une todas las cosas y a todas las personas.

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