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La muerte

Actualizado: 6 dic 2018

La transmutación. El desmembramiento del Ego y sus ilusiones

Gracias a que nuestro héroe en el arquetipo del colgado dejó de caer humildemente su ego, buceó en las profundidades donde se gestó, se encontró con su emoción verdadera y se completó, cambió su punto de vista de todo. Ahora es capaz de cortar su cabeza egoica de manera conciente. Su existencia requiere de vacuidad, liviandad y esencia. Es clave para ello desmembrar su vida domesticada, su Persona, (máscaras públicas externas). Es clave también soltar su identidad, su manera de andar en la vida, su mundo de idealizaciones irreales, de actos compensatorios que detuvieron su evolución y además soltar sus tensionantes decisiones y sus polaridades.

Para el mundo arquetípico la muerte representa mucho más que un fin. Es transformación evolutiva que desestructura el mundo conocido.

En la carta vemos a un esqueleto: Sugiere movimiento y estabilidad, representa los huesos pelados de la realidad, el armazón donde toda nuestra carne se apoya, se mueve y funciona como una unidad. Es la única parte de nosotros que perdura en el tiempo sin desaparecer. A simple vista no los vemos. Son aquellos que nos sostienen y como nuestro inconsciente son lo más verdadero de nosotros mismos: nuestra esencia. Evocan el hecho de el paso por el arquetipo de la muerte siempre nos va a dejar de pie, tal cual como en la carta se muestra. Un dato importante es que nuestros huesos solo poseen el veinte por ciento de agua. Esto nos habla que el arquetipo de la muerte es un profundo trabajo racional. Lo que transmuta es la cabeza y las maneras de darse, hacer y caminar en el afuera.

Es el temido y mítico numero trece. Muchas sociedades le tienen miedo y lo atribuyen como la mala suerte. Numerológicamente suma el número cuatro: Nos habla de estructura, orden, seguridad, estabilidad. Marca un final y un inicio de un nuevo ciclo: 1+2+3+4= 10: Fin e inicio. Unificación y liberación. Nos evoca al arquetipo del emperador que es numero cuatro. Este no es un primer paso. Es el gran paso a ser nuestra esencia y vivir plenamente desde ahí. El numero trece es un número muy integrado. Nos da un complitud total haciendo entender el todo.

La transmutación puede ser porque elegimos vivirla o porque el universo nos hace vivirla a la fuerza. Casi siempre no es visible y es por eso la cabeza deformada que posee el esqueleto. Más que una calavera es una luna y una mascara. Ambas ocultan y reprimen. Hay una conciencia velada. El arquetipo de la muerte corta la cabeza a atmósferas lunares cíclicas, repetitivas y a enmascaramientos, en donde elegimos taparnos por miedos o complejos con el afuera.

La pose y caminar de este esqueleto nos evoca al arquetipo del loco. Tanto el loco como la muerte nos conectan con nuestra esencia. Mientras el loco camina por los diversos paisajes de la naturaleza la muerte camina por los cementerios. Son como dos caras de lo mismo. La muerte desapega y aliviana, retornándonos al mundo puro, posibilitante y lleno de vida del loco. El loco tiene como certeza la incertidumbre. No sabe lo que le va a pasar. Eso no le impide caminar permanentemente hacia lo nuevo. El miedo para él es un combustible que lo impulsa a vivir de manera atenta a lo nuevo. La muerte tiene como certeza que va a morir. Ella nos impulsa a vivir plenamente cada segundo de nuestra vida de manera conciente haciendo lo máximo posible y en gratitud por todo. La fusión de ambos arquetipos nos aportan liviandad, conciencia de lo irrepetible que es la vida, de que solo hay un aquí y ahora, que en nuestra esencia, más allá de querer pertenecer y ser aprobado por los demás, somos seres solos, íntegros, únicos y sin necesidades. También que somos seres completos: Venimos y nos vamos solos de este mundo. Y por ultimo: Lo único certero es el pasado, que la vida es incertidumbre, que todo se transforma y que nos vamos a morir.

Es una realidad: NOS VAMOS A MORIR. El gran tema para nosotros es que NO SABEMOS CUANDO y desconocemos lo que deviene con la muerte. Muchas veces nos detenemos y somos tomados por estas grandes verdades. La muerte es desconocida para nosotros. Ahora: ¿Es un dios o un demonio? Si lo desconocido arquetípicamente tiene que ver con dios, ¿Por qué le damos carácter de demonio?. Por el miedo que representa. El ego como una ilusoria manera de controlar y detener la muerte la niega y la resiste. Cuanto mas conciencia y compromiso con la muerte tengamos, mas conciencia y compromiso con la vida plena tendremos en el aquí y ahora, el único momento que en definitiva existe y que segundo a segundo perece. Es clave para ello el sacrificio de nuestra identidad, nuestra herencia y nuestra experiencia aprendida, egoica e individualista. Hacer lo sagrado. Es un paso hacia otra conciencia.

La muerte el héroe es también el inicio completo del Ánima y el Animus. Hasta no darle muerte a los rituales de separación no podremos entender y vivir plenamente nuestra integridad Anima Animus. El esqueleto justamente representa lo universal, es impersonal y asexuado, incluye todas las posibilidades. La muerte une, integra. Racionalizarla, analizarla, explicarla, ponerla en procesos mentales en donde me tengo que dar cuenta que transmutar es no soltar e involucionar al mundo ideal e irreal del ego.

El arquetipo de la muerte resulta ser la prueba de Los Enamorados, en donde el héroe queda detenido en la encrucijada de la madre y la amante.

En esa detención la verdad del sol queda tapada por la idealización de cupido con su arco y flecha que tienta al héroe en la espera y a la vigilia de algo irreal y mata su naturaleza dinámica apuntando directamente a su corazón. Aquí el héroe queda en decisión - indecisión entre el mundo conocido de la madre y el mundo desconocido de la amante, proyectando en las relaciones con los otros nuestro mundo primario de papá y mamá sin evolucionar. Toda esta escena si no se transmuta queda en un letargo infantil e inmaduro. Es clave para el héroe pasar por la muerte verdadera de todo esto para evolucionar. Como se ve en la parte inferior de la carta de la muerte, las cabezas quedan debajo de la guadaña, la cual corta con todo este mundo egoico, concéntrico y dormido. Mata las idealizaciones que niegan la verdad de ser, las dudas, indecisiones, los mitos de Edipo y Electra. La transmutación de todo esto deja un territorio muy fértil. Esas cabezas y huesos representan los restos de una vida anterior y transforma esa tierra negra en el indispensable estiércol para la gran alquimia del héroe. Es en el triunfo de la línea que llamamos “El ego que decide transmuta en el héroe que sincroniza” en donde todo renace: El Juicio. Resulta ser casi la escena de los enamorados pasando por la muerte. Es la carta que muestra el signo y el símbolo de la Sincronicidad. Luego de soltar lo pesado, ponerle punto final a la domesticación, transformar y transmutarlo todo, hay un cambio de atmósfera: El héroe renace desnudo y real desde esa tumba natural verde. A sus costados los dos seres lo están esperando. Se abren los cielos y las tumbas. Se abren las verdades y sus mensajes desde los cielos con ese arcángel y su trompeta. Desde las profundidades internas sale de todo aquello que estaba oculto. Lo interior y lo exterior es uno. Ahora esta listo para dejarse llevar a lo que la Sincronicidad universal le transmita y conecte.

Un año de muerte de por si es muy dinámico. Es un año de alivianar y soltar cosas que pesan. Un año de vaciar la mente de lo aprendido y heredado, de cortar la cabeza idealista y detenida en la indecisión infantil. Poner punto final a lo que detiene y tensa. Un año de grandes pruebas y transformaciones en que muchas cosas cambian su forma o se terminan en pos de nuestra evolución. Puede haber grandes cambios en la casa. El relacionarse con los demás es desde una mirada diferente. Hay mucha gente que nos acompañó que se retira. Es un año que en general no se percibe en el día a día la transmutación profunda que se va viviendo. Puede ser vivido de manera un poco drástica y despojada si no se trabaja el miedo, la liviandad y la vacuidad mental. Es clave dejarse fluir hacia donde la vida y nuestro si mismo nos quieren llevar. Es un año en donde se siente que nuestro cuerpo, nuestra estructura, nuestros recursos reales son lo que nos sostienen y apoyan. Un año que si se aprovecha resulta ser un antes y un después.

“No querer vivir es sinónimo de no querer morir. Devenir y pasar son la misma curva. Aquel que no quiera acompañar esta curva permanecerá suspendido en el aire, paralizado. Desde la mitad de la vida en adelante, sólo permanece vivo aquel que voluntariamente quiera morir con la vida”.

“Aceptar el hecho de que perecemos en el tiempo, es una especie de victoria sobre el tiempo”. Carl Gustav Jung

Esqueleto: Nuestra esencia, nuestra verdad, aquello que nos sostiene y no perece en el tiempo. Es universal, impersonal y asexuado. Es el gran secreto que tenemos bajo nuestra carne. Es lo que nos sostiene. Nos refiere a la complitud del todo. Su pose y caminar hacia lo desconocido nos evoca a la del arquetipo del loco pero como si fuera una radiografía del él. Ambos comparten en primera instancia la misma palabra: Liviandad.

Cabeza deformada: Es una luna y una mascara al mismo tiempo. La luna es un arquetipo de protección, de repetición de ciclos, esta en la oscuridad, tapa al sol cuando lo eclipsa. La mascara representa que hay algo tapado debajo de ella. Las dos refieren al sacrificio de cortar la cabeza a lo adictivo cíclico mental que nos tiene en determinadas atmósferas egoicas o que nos elegimos tapar por miedo o complejos frente al afuera

Guadaña roja: Nos conecta con Saturno, Dios del tiempo y de las cosechas, de la disolución y de la descomposición. También se la relaciona con Artemisa y su símbolo que es una luna creciente y nos habla de renovación y regeneración. Es roja puesto que este acto mecánico de cortar es totalmente racional. La guadaña aliviana y limpia el camino al héroe de todo lo primario.

Tierra Negra: Es tierra de cementerio. Altisimamente fértil al estar cargada de restos y huesos. Representa el estiércol de la gran alquimia del héroe

Cabezas: Representa muerte al ego, lo conocido aburguesado (cabeza del carro con su corona) y a las ilusiones e idealizaciones (cabeza de la amante). Ambas ruedan al estiércol en pos su transformación y transmutación.

Manos y pies: Las manos representan el dar y recibir y las maneras de darse con el otro. Los pies la manera en que caminamos, transitamos y nos movemos. Se le da muerte a todas estas maneras heredadas y aprendidas en la domesticación de andar y darse en el afuera.

Brotes azules y amarillos: Nos indica que este estiércol que produce y brota de la transmutación es natural, es pulsión de vida y es discernimiento puro que une todo lo experimentado en pos de alivianar. Son símbolos de revitalización y renovación.





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