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Actualizado: 16 dic 2018

La verdad. Si mismo. Brillo. Talento. Conciencia. Humildad. Disponibilidad. Zona de confort. Elite. Dualidad concreta


Nuestro héroe solo y desnudo aprendió en el arquetipo de la estrella a aceptar y conectar con su nueva realidad fuera de su segura torre domesticada. En dicho arquetipo luego de naturalizarlo todo aprendió a llegar a las raíces que detuvieron su pulsión vida en un mundo racional y desde ahí pudo soltar sus cargas al sincrónico río de la vida. Fluido y suelto en el arquetipo de la luna se topó con todo lo que había negado y postergado. En esta atmósfera de no verdad, llena de fantasías y máscaras supo atravesar su noche mas oscura y compleja, repleta de estancamientos emocionales, miedos y enojos, fruto de acatar el deber ser sobre quien realmente era. Detrás del eclipse lunar encontró su verdad en la forma más simple, aquella que lo nutre y une a un todo universal diverso. Es necesario volver a la gesta, al mundo espontáneo, energético y brillante de su niño donde todo comenzó para así superar sus dualidades y limites de una vez por todas para entrar en una nueva fase de desarrollo.

El arquetipo del sol es el numero diecinueve. Numerológicamente uno mas nueve nos da diez. Hablar del sol es hablar de un final y un comienzo ante las verdades simples y claras a superar que presenta este arquetipo. La unidad y universalidad del sol tiene la potencia de transformar la relación que tiene el héroe con el mundo exterior.

Se reconoce al sol como una de las deidades más antiguas. Muchas culturas rindieron adoración y lo vieron como el supremo creador. Su luz nos nutre e ilumina. Para el mundo arquetípico es símbolo de completud esférica. Es representante y factor común de todos los seres vivos. Es por ello que es el símbolo del si mismo. Todos somos uno en él. El sol es fuente de vida. En la carta sus rayos de diversas formas y de todos los colores del tarot enfatizan este concepto. Sus rayos negros nos hablan de que es sol en su completud tiene la capacidad de atravesar los espacios sombríos, oscuros y que junto con los demás forman un todo. Ademas podemos ver, a diferencia de la luna, como el sol luce pleno, constante y nos muestra totalmente su rostro. Su influencia en nuestra vida esta siempre presente. El sol es impulso, talento, brillo natural, expansión continua. Es energía adrenalínica para crear.

Hablar del sol es hablar del arquetipo del niño. Los niños representan la gesta de la conciencia. Algunos autores también simboliza en el niño al arquetipo del si mismo, fuerza conductora central de la psique humana con la que todos estamos naturalmente sintonizados cuando somos niños. A medida que nuestro ego crece nos vamos desconectando y separando de nuestra naturaleza consciente. Nos dividimos y separamos de ella.

El arquetipo del sol a diferencia de la luna, un mundo complejo de pruebas a atravesar para llegar a la verdad, nos muestra verdades de una manera simple. Para que el sol aparezca y nos ilumine en su totalidad con su simpleza es clave soltar las exageraciones y lo oculto lunar. ¿Que es lo simple y verdadero en el sol?:

* Estamos tomados por estados de división y neurosis. Nos hemos transformado en seres duales, polarizados, con una especie de doble personalidad, una que responde al deber ser y otra que es desde su si mismo. En la carta debajo del sol vemos dos gemelos que nos hablan de esto. Tengamos en cuenta que los gemelos son el resultado de una división: Son producto de un mismo espermatozoide y óvulo que forman un solo huevo o cigoto que se divide en dos fetos. Algo que fue completo se divide. En lo arquetípico los gemelos representan un mismo ser, una dualidad viva. Puede ser que necesiten casi de manera simbiótica uno del otro, se compensen, o puede que sean totalmente opuestos, como dos polos. En ambos caso solos no son completos. Cada uno de los gemelos puede ser espejo del otro. Puedo ver en el otro lo que no quiero ver en mí. El arquetipo del sol expone de manera clara la neurosis en que vivimos y que hemos creado entre ser y debería ser (no ser), entre dios y diablo, entre obsesión e histeria, entre sentido y sin sentido. También nos muestra que todas las luchas en cada una de las pruebas que el héroe tuvo que pasar en su camino fue con aquello que lo separó de su esencia. En el arquetipo del sol podemos ver el sol llora. Las lagrimas que emanan de él nos hablan de como el si mismo sufre ante esta división y polarización cuando decidimos, elegimos, competimos, demostramos y estamos separados de la conciencia colectiva. No hay posibilidad de vida sin antes encontrar nuestra complitud. Es en nuestro niño en donde esta dualidad y doble personalidad neurótica y sombría se originó cuando paso a paso nos fuimos separando de nuestra naturaleza, de nuestro sol natural, esférico y completo. Es solo en ese niño, símbolo de la gesta de la conciencia, donde podemos hacer conciente esta realidad, unirnos y salir de esta zona de confort conocida. Debemos reparar desde y donde todo empezó. Por otro lado el hecho poder ver en el otro lo que no queremos ver en nosotros nos posibilita ver la verdad y completarnos. Es aquí donde comienza el estado de supra sentido: Podemos tener una mirada esférica de nosotros si logramos llegar a él. Lo polar, las divisiones, el sentido y el no sentido tienen que fusionarse mediante la enantiodromia y recién ahí producir dicho supra sentido yendo hacia la totalidad del sol. Cabe aclarar que hasta que yo no pueda ser el otro y el otro no pueda ser yo no puede comenzar el estado de superación: Si no comprendo el sentido y el sin sentido no voy a encontrar el supra sentido del arquetipo del sol y ser una unidad interior esférica con todos sus colores como nos muestran sus rayos. De esta manera nos completarnos para posteriormente integrarnos.

* Vivimos en sistemas de elites. En nuestro camino domesticado nos vamos separando de lo colectivo y nos encerramos en grupos cerrados donde compensamos, proyectamos y nos identificamos. En el arquetipo del sol vemos a los gemelos en una especie de terraza la cual se dice que pertenece a la torre. El borde rojo racional nos habla de que este no solo nos separa de lo colectivo sino que además estamos ahí por elección. Es en donde queremos pertenecer. Dentro la élite creemos que nos estamos nutriendo, extrovirtiendo, evolucionando. Invitamos a más gente para que forme parte de ella creyendo que somos colectivos… Todo eso es una ilusión. Allí no nos estamos nutriendo del sol, de la vida, nos nutrimos de la élite. Necesitamos de ella y perdemos nuestra esencia en pos de su aprobación. Los sistemas de élite no son solares ni expansivos. Estar ahí dentro es también no estar en la diversidad de aprendizajes, de vínculos, de pruebas. Podremos haber hecho anteriormente un camino maravilloso con el prójimo y de conciencia, pero si no estamos disponibles para romper este limite, que pase algo nuevo en nuestra vida, que aparezcan nuevas personas y se creen lazos vinculares flexibles en un aquí y ahora y no encadenamientos codependientes seguiremos estáticos y anti naturales. El arquetipo del sol viene a que reconozcamos esta pared y nos posibilita salir de ella. Nos viene también a mostrar cuan humildes somos. Ser humildes implica estar en disponibilidad fuera de élites encerradas. Si no hay disponibilidad de aceptar lo nuevo nuestro ser natural muere.

El fuego y el brillo vital del sol nos nutren y nos expande. Es clave tener siempre presente que no lo poseemos dado que podemos caer en la tentación de querer imitarlo. Solo somos capaces de reproducirlo por alquimia. Hay que tener mucho cuidado en ponernos ambiciosos, querer subir y ganar con él creyéndonos poderosos. No es creer que tener poder sobre esta energía es el único camino para superarnos. Como aprendimos en el arquetipo del colgado, quien justamente esta encima del sol en el camino del héroe, superarse es caer en mis profundidades. Sin la experiencia de este arquetipo no hay posibilidad de sol natural. Nos preguntamos: ¿El sol esta arriba o esta abajo? No es solo un ir hacia arriba. Puedo encontrarlo en mis profundidades también. El sol es una potestad pulsiva del si mismo no es un poder. De acuerdo a lo vivido podemos conectarnos con la ambición egoica o con la sabiduría de su brillo. Este arquetipo es una carta masculina en extremo. Habla de una sabiduría de los impulsos, de talentos, no de manejarlos manipulativamente. Nos enseña que las pulsiones son diversas. Recordemos que el sol es totalmente esférico. Hay una concepción universal en una realidad concreta, distinta al arquetipo de la estrella, donde lo universal se ve en estrellas lejanas que aparecen cuando el sol no está presente. Frente a este brillo ¡cuan pequeños somos! Pensemos que el mismo sol que nos ilumina en nuestro planeta al mismo tiempo irradia su luz otros planetas y es una estrella que brilla en otro sistema solar, otra galaxia. Frente a semejante grandeza este arquetipo nos habla de estar humildad ante él.

El arquetipo del sol nos nutre, no es un padre proveedor. Es clave para nuestra abundancia pero no lo provee todo. La expansión es también responsabilidad nuestra. El sol no da selectivamente, no espera recibir. Su luz da en todas las direcciones de forma constante. Rompe la sombra del ídolo “luminoso” que dejo el arquetipo del papa el cual codependía de sus súbditos y que veían solo en él el canal de hacia la luz. Recordemos que el sol es unicidad. No es piramidal. Sino suelto el querer poseer y tener el poder del fuego del padre sol es muy probable que entre en una competencia de por vida con él. Puedo enceguecerme en esta búsqueda pensando que tengo que superarlo. Todo aquello que se presente en este camino, los vínculos que hagan van a ser utilizados en pos de dicha competencia. Si me creo el sol estoy en definitiva solo con ese poder. No hay lazos. Toda civilización que de manera arrogante y soberbia se creyó ser el sol, que utilizó el sol como forma de poder a la larga o a la corta se destruyó. Pensemos por ejemplo en los romanos con su poderoso y piramidal imperio, en Luis XIV y Luis XV quienes se creían hijos directos del sol viviendo en élite en su ostentoso Palacio de Versalles. El sol es una energía tan grande que el querer tomarla y poseerla toda nos termina aniquilando. Nos preguntamos: ¿El sol es nuestro objetivo final o nuestro punto de inicio? Lo anterior expuesto nos muestra que el sol puede ser la gran resignación en la competencia y en la ilusoria posesión dado que como símbolo todo esto lo achica y encierra. Puede ser la gran aceptación de lo expansivo universal natural en la humildad. Un punto de inicio todos los días en cada amanecer.

Lo evolutivo en el arquetipo del sol es entender que no es concéntrico. Eso lo haría limitado. Es verdad que esta en un centro, pero ya se descubrió hace unos años que de forma toroidal rota en su propio eje y se desplaza evolutivamente en el universo. No solamente es expansivo sino dinámico en este rotar donde nunca repite ciclos.

El sol es el triunfo de la línea de la creencia. Sentir, pensar, decir y actuar responden a una misma creencia. Creer es crear. Los sistemas de creencia se forman generalmente porque el ser humano necesita creer como forma de que lo desconocido no lo controle. En forma inicial el creer en vez de ser algo que nos conecta con lo desconocido creemos como necesidad para que lo desconocido no nos tome y podamos controlar el miedo a la muerte, a lo desconocido. La creencia puede dirigir o manejar los estados físico y pulsivo, emocional y sensorial, el mental y pensamientos. Muchas veces en vez de que la creencia sea algo posibilitante dejamos que ella nos controle. El triunfo del sol es la creencia más básica. Nos ubica en el universo. En su instancia primaria vemos al papa, puente hacia lo desconocido que esta fuera de nosotros. El ser aquí aprendió que hay fuera luz, todo un mundo desconocido de posibilidades. Si nos quedamos solamente en esto, ponemos fuera de nosotros la fe y la creencia en el dios (lo desconocido) de los cielos externos. No nos escuchamos y recurrimos siempre al puente como guía. No creemos ni nos hacemos cargo de nosotros mismos. Depositamos en el Papa todas las respuestas haciéndonos súbditos de él. Como prueba de dicha línea y en medio de ella está el colgado, quien pone todo patas para arribas y viene a crear un puente a nuestro interior, a nuestra esencia, un puente hacia nuestro desconocido interno, nuestro sol profundo. Nos aporta coherencia reconectándonos desde donde pulsamos. Nos impulsa a creer y a partir desde nuestro si mismo reconociendo nuestras polaridades. ¿Podemos vivir mirando los cielos o mirando nuestro interior solamente? No. Es en el triunfo de la línea de la creencia, el arquetipo del Sol donde se nos muestra la fusión de puentes hacia el arriba externo y el abajo interno profundo. Vemos al sol en su máxima expresión, representante de la verdad, el talento, la vida, la luz, lo universal, lo esférico y la completud como dijimos anteriormente. El sol es arriba y abajo, adentro y afuera, adelante y atrás, derecha e izquierda. Sin la claridad que aporta el colgado del abajo profundo no podríamos trabajar las dualidades y la neurosis hacia el supra sentido que nos propone el arquetipo del sol, saliendo desde el si mismo de nuestras zonas de confort y nuestras élites.

Un año de sol es un año para darnos cuenta de nuestras dualidades, polaridades, separaciones, de nuestro otro yo y de nuestro si mismo de acuerdo a la creencia que tengamos. El gran tema a trabajar en este año es la conciencia yoica. Si no se trabajó el aceptar, soltar y fluir este estado ególatra puede pasar que toda esa energía solar quede canalizada y minimizada en el yo donde se quiere tener poder de ese fuego. Desde ese lugar puede que el si mismo sufra y nos de señales de ello. Es un año que hay que trabajar en conciencia y superación de todo lo anterior para salir en disponibilidad y desde la humildad a lo nuevo.

El superarnos y romper la zona de confort nos habilita a ser canal de los cielos y la tierra en el próximo arquetipo, el juicio, donde el sol se abra y venga a nosotros el llamado universal, mensajes desde dicho universo redescubierto y que las tumbas posibiliten la liberación total de lo natural enterrado. Se acerca el gran final.

“Todos los seres nacen iluminados, pero se necesita una vida entera para descubrirlo” Buda

“El sol es todos. Cuando rompas tu sombra, lo que te separa, cuando te conectes con este integro completo, talentoso, brillante si mismo te vas a dar cuenta que el si mismo somos todos. Somos todos juntos luz. Somos todos juntos sol”



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