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Experiencia viaje a México


Estaba súper emocionada. Era una de ésas que no iba a ir, pero todo se dio para que esté presente.

No podía parar de repetir en mi cabeza: México, México, nos vamos a México, México… (y seguía así, con su respectivo baile). Todos estaban preparados para viajar y su entusiasmo era ya sereno, mientras que por mi parte, estaba enchufada a 220 de mi felicidad. Empecé los preparativos de mi cuerpo, 15 días antes del viaje, dejé las harinas, los dulces, las carnes rojas, las relaciones sexuales, trataba de comer lo más alcalino posible, comía fruta, verdura, y carnes blancas con mucha agua y limonada.

Después de hacer no sé cuántas horas de vuelo, con una escala en Panamá, ya estaba en México. Habré dormido 14 horas seguidas en el hotel, ahora sí, empecé el viaje.

No tenía una intención específica para trabajar en esta experiencia, me la fue mostrando a medida que pasaban los días.

Teotihuacán: la ciudad donde se hace Dios. La pirámide del Sol me mostró que en cada escalón, cuanto más esté pendiente a donde llegar, más me va a costar la subida, no sólo por la falta de aire a causa de la altura, sino por mi ansiedad de querer llegar rápido, así no experimentaba el malestar que estaba sintiendo. Viví el aquí y ahora en carne propia (una cosa es entender el concepto y otra es vivirlo, ya no hay vuelta atrás, lo vi) disfrutando el subir recordando todos mis complejos y demonios, en que momento los utilizaba y haciéndome cargo de ellos y de repente estaba arriba. Había llegado. ¿Cuándo pasó? ¿Recién estaba en la mitad? Miré a mi alrededor, la emoción me recorría todo el cuerpo. Estaba como en casa, era una sensación rara, y en eso me aparece Gustavo en mi cabeza (pasa a menudo) diciendo: “todos los que llegan a Teotihuacán es porque ya están preparados para ir a Teotihuacán o ya su conciencia ha estado en Teotihuacán”, y lo entendí todo: acá era donde tenía que estar.

Es momento de bajar, me despido de esa vista y bajo soltando lo que recordé de mis complejos y demonios, cayéndome las lágrimas, descendiendo más liviana.

Seguimos hacia la pirámide de la luna, era un camino muy largo y ancho, en sus lados paredes, en una de ellas se veía pintado un jaguar, había escaleras que daban a unas casas que sólo eran ruinas y al final del camino estaba la pirámide. Me recordó la imagen de la carta de la luna en el tarot marsellés. ¡Cómo mis demonios me hacen quedar quieta! Subimos y bajamos la pirámide y en ese momento, entendí que todos somos iguales, como este lugar que no tiene ídolos me vuelvo a unir. Solté mi sistema mental, soy totalmente desconocida y todo lo que venga tengo las herramientas y talentos necesarios para pasarlo.

¡Gracias!

Tepoztlán: “pueblo mágico” su nombre lo dice todo, con sus callecitas ondulantes, sus casas de colores y atrás el imponente Tepozteco, y encima de todo estaba la pirámide.

Empezamos la caminata cuesta arriba, había escalones y después se transformaron en piedras, cada uno iba subiendo a su ritmo, teniendo conciencia de su alrededor y agradeciendo a cada planta que encontrábamos en el camino y retornar a que todos somos uno, pidiendo perdón por las matanzas que hicieron nuestros antepasados, volviendo al amor natural.

Ya el calor se estaba apoderando de mi cuerpo, las piernas me ardían, de tanto subir esos escalones que después se convirtieron en piedras, mi respiración era cada vez más agitada, y mi corazón latía más fuerte y ahí en ese mismo momento, entendí como mi mente me marca el límite y me divide. ¿Cuándo mi cuerpo puede todo? Ahí comprendí mi miedo, tuve que llegar al extremo, para darme cuenta que el límite es mental, y sólo tuve que parar un poco , mi respiración se calmó instantáneamente y pude llegar a la cima, donde nos esperaba algo increíblemente mágico: ¡un guía que nos hablaba de nuestra conciencia sin necesidad de nosotros decir nada! ¡Me entró una emoción, al final no estábamos tan locos! Bajé conmovida y pude vivenciar cuando mi mente se divide y ahí es donde nace mi demonio, en cambio cuando la naturaleza lo hace, sigo evolucionando.

Museo antropología: me llené de símbolos, signos, arte, pude poner nombre y entender algunas de las cosas que había soñado y encontrarme en cada uno de ellos, fue maravilloso. ¡Cómo hace tanto tiempo atrás tenían la misma conciencia colectiva que ahora!

Centro histórico: antes de llegar nos habían contado, que donde estaba la catedral era el templo mayor, los españoles los destruyeron y arriba de este, construyeron la catedral, por esta razón, esta se estaba hundiendo y resurgiendo el templo.

Me imaginaba, literal, una punta saliendo de un costado de la catedral. Cuando llegamos era una gran plaza de adoquines rectangulares en el medio del centro histórico, (en ese lugar hicimos una meditación para poner luz , amor y perdón por nuestros antepasados a toda esa energía de matanza que sucedió allí ) y enfrente una catedral imponente, me llamó la atención que estaba torcida, veo en un costado y atrás un enorme edificio saliendo del piso con sus ruinas de pirámides, serpientes, estatuas y colores, era muy sorprendente, estaba acompañado por unas paredes laterales que tenían escritas las cartas de Cortés diciendo lo maravilloso y asombroso que era esta civilización; y ahí lo supe. Siempre la verdad se da a conocer, se puede ocultar, tapar, llenarla de argumentos bien preparados y mentiras, pero a la larga todo, pero todo, sale a la luz.

Llegó el día, ¡qué nervios!

Empezamos bien livianos comiendo fruta y después licuados, para el peyote.

¡Sí, hoy lo hacemos!

Llegamos al lugar donde Fer y Javier nos esperaban para iniciar la ceremonia. Nos recibieron con un té de jengibre y miel en un cántaro de cerámica, parecía mágico. La habitación era muy larga con colchonetas en el piso, listas para que nos sentemos.

La adrenalina se sentía entre todos.

Antes de comenzar la ceremonia, uno por uno nos limpiaron con fuego, terminando con unas palabras preciosas sobre la tierra y mis talentos. Después de eso, vino la calma, se me fue todo nerviosismo, no sólo a mí sino a todos.

Comenzamos prendiendo una vela y pasando nuestras intenciones a trabajar a ella, en un bracero con tabaco le dábamos la apertura a lo que íbamos a hacer, dibujábamos un círculo, los cuatro elementos en forma de cruz y decíamos en voz alta la intención a trabajar ese día, solo pude decir: “vencer mi miedo y mi límite corporal y que todos podamos disfrutar esta experiencia tranquilos” Esto sí va a estar re bueno. Dejé mi vela en el medio de la habitación. Así continuaron todos.

Entró Javier, con ese cántaro de barro, olía como a alcaucil concentrado, uno por uno nos fue sirviendo ese brebaje caliente, me tocó a mí y lo tomé, era la cosa más amarga que probé en la vida. Con razón en el medio de la habitación había baldes. Tomé hasta la última gota y me encontré con una bola, me había tocado un cacho de peyote, intenté devolverlo, y Fer me dice, “alegría, comételo”. ¡Para qué! Fue la cosa más asquerosa con sensación a arena en mi boca que probé, gracias que Lucas estaba al lado mío y él se comió un poco, fue más tolerable y volvimos a repetir la toma. Ellos la llamaban: “la medicina”.

Llegó el momento del temazcal, quería pasar primero, así no lo podía pensar mucho, como cuando me tengo que depilar, cuanto más rápido mejor, pero no, nos tocó últimos.

Nos dividieron en grupo de 6, 7 personas y fueron ellos primero, mientras que nosotros esperábamos. La cabeza nos iba a mil, desde que no sabíamos qué efecto podía tener, hasta escuchar a los otros como iban reaccionando al temazcal. Perdí toda noción de tiempo, para mí fue una eternidad lo que tardaron, y en eso, nos llaman a nosotros. Fuimos a cambiarnos y vemos cómo llegan, todos sudados, mojados, quién sabe, listo, ya está, a vivirlo.

El temazcal, es como un horno de barro en el piso, muy grande, donde entran 9 personas más o menos sentadas en el suelo. Nos empezamos a acercar a él, me quiero meter, viene un vaho de vapor hirviendo que no me deja respirar, dije: ¡ahh nooo! “acá no voy a poder respirar” y retrocedo, al lado mío está Mica que le pasó lo mismo. Ella se quería ir, la agarré de la mano y le dije: ¡vamos, podemos juntas, vamos a respirar despacio, hondo!, haciendo fuerte el sonido de la respiración, nos metemos despacio, y seguía repitiendo: tomamos aire y sacamos (con el sonido muy fuerte), así ya estábamos adentro, ella se sentó junto a la puerta y yo a su lado.

Todo era tan cuidado, y con amor, nos decían por si pasa tal o cual cosa, nos pongamos así o asá. Ya todos sentados, entró Javier y Fer. Cerraron una puerta, quedamos en oscuridad total, sólo se vía una hendija de luz en los bordes. Empezaron a tirar agua en el bracero y salió un vapor lleno de olores a hiervas y miel, hervía al sentirlo, ahí me entró el miedo.

Me puse mi cabeza entre las rodillas, mientras mis brazos las abrazaban, pensé: acá no voy a poder respirar, mi corazón empezó a latir a mil por hora, mi cabeza no paraba de decirme “no puedo”.

Empecé a mecerme para adelante y para atrás, y en eso escucho, ya estaban cantando, con un instrumento de percusión que pegaba el sonido en la pared y volvía en forma envolvente.

Mi miedo aumentó, estaba al límite, mi vaivén era cada vez más rápido y en eso me digo “quiero ser mamá, esto no me va a detener, vamos Mili”. Me conectó con la canción y mi cuerpo se suelta de repente, estallando con un grito, empiezo a cantar, como si me supiera la canción de toda la vida. Comienzo a aplaudir y animar a mis compañeros para que se suelten. “¡Vamos!” de repente todos estábamos cantando, y en eso, la primera apertura de puertas, viene una bocanada de aire fresco y un chorro de agua helada que nos tiraban para volver al aquí y ahora. Todo mi cuerpo se estremeció, e inhalé con tantas ganas que parecía que había estado sumergida hacía mucho tiempo en el agua y salía para respirar.

Volvieron a cerrar las puertas, esta vez apoyada mi espalda en la pared, con mi cabeza en alto empecé a sentir ese vapor que tanto me aterraba, respiré profundo y lento, los aromas entran en mis pulmones, sintiendo calor.

Fer con su dulce voz, nos narraba el pasar del vapor, con tanta calma que solo podía escucharla, tomaba aire y soltaba, así empezamos de vuelta a cantar, ahí perdí total noción de cuántas veces después se abrió y cuando pasaron las cosas ahí.

Sólo se lo que pasó a continuación. Empezaron a cantar de vuelta, las canciones trataban de la naturaleza, que recordemos lo natural, que somos eso, y de repente empiezo a llorar. Hacía mucho que no lloraba así, tanto que mi pera se mueve para arriba y abajo, muy rápido. Ese llanto me salía de un lugar que no era adentro, era más profundo.

En eso escucho a Javier que acompaña mi sonido de llanto con un aullido, entonces empiezo a aullar, lo hago con todas mis fuerzas, dándome cuenta que lo natural y verdadero no permite conectarme con mis complejos de la culpa, la víctima y la atención, sobretodo el demonio del dolor.

Ahora sí, se terminó, abrieron por última vez las puertas que eran como alfombras pesadas. Recién pude ver cómo eran. De a uno por vez, empezamos a salir.

Y nos dijeron: ¿estás listo para nacer? ¿perdono todas mis relaciones? Con la frente en el suelo y posición de mi cuerpo en semilla. Salí anteúltima de allí.

Todavía no sentía el efecto del peyote, hasta que me paré y Javier me acompañó hasta la habitación donde estaban todos.

Era una sensación de ensueño y mareo al mismo tiempo, no podía parar de sonreír y sentirme totalmente relajada, vacua, con la piel muy suave. Empecé a cambiarme y se me fue toda la sensación de vahído, me abrigué y fui al salón donde todos me estaban esperando, seguía sin poder parar de sonreír, una liviandad recorría mi cuerpo.

Me abracé con algunos, quedándome un tiempo con ellos. Me fui a sentar a mi lugar, me dieron mantas para no sentir frío y nos invitaron a otra toma de peyote; lo hice, y me acomodé sentada, apoyándome contra la pared para comenzar la experiencia.

En eso miro a todo el grupo, uno por uno les agradezco, qué importante que lo hiciéramos todo juntos, que haya tanto cuidado, confianza y respeto.

Dirijo mi mirada al centro de la habitación donde estaban todas las velas en círculo, mi visión se torna como una lente en ojo de pez, todo circula y en el medio de las llamas aparece un lobo aullando. Exclamo: guau, esto esta re bueno. Cierro los ojos y empiezo mi viaje.

Comienzo a ver un laberinto en forma de un hexágono en negro y blanco, muy en primer plano y cuando se aleja, ahí reconozco lo que es. Eso se trasforma en muchas flores de la vida que iban desapareciendo y volviendo a aparecer, como cuando escuchamos música en la computadora, y te aparecen esas formas circulares que empiezan de un círculo de color y se expanden hasta desaparecer, eso es lo que puedo explicar en palabras, lo otro ni se cómo expresarlo, solo lo viví.

Vuelvo a la habitación, estaban en mi regazo apoyado sus cabezas y agarrados de mis manos de un lado Lucho y del otro lado Mica, la veo a Fer, ya cambiada toda de blanco, con una pollera larga y un poncho marrón, irradiaba tanta luz, como nos cuidaba y estaba atenta a nuestro viajar.

Entró con una cajita, con pedacitos, creo yo de peyote concentrado, y nos fue ofreciendo a cada uno, explicó cómo teníamos que ponernos en la boca, pero yo ni lo escuché.

Mica se reincorpora acostándose a mi lado. Me tocó, mi cuerpo no se podía mover.

La miré y le dije: me miró directo a los ojos muy amorosamente y me respondió: “sí podés! Abrí la boca, sentí una amargura que me invadía, acompañada de un hormigueo.

Mi cuerpo empezó a hacerse un cilindro de tela o plastilina que se fundió con las manos de Lucho y empezamos todos a fundirnos como en un mar de ondulaciones, íbamos y veníamos, entrelazados todos, de repente, esas ondulaciones, se empezaron a agrandar, cada vez más, hasta que pasaron el límite de la forma y se transformaron en el Todo. Era una inmensidad, que solo podía sentir paz.

Estamos en México haciendo esto y me maravillé, no lo podía lo creer.

Volví a cerrar los ojos, no me acuerdo exactamente las imágenes, sólo me trajo devuelta la luz del sol. Volvimos.

Uno a uno se fue incorporando, acompañados con música en vivo, que nunca cesó en estas 14 horas de viaje.

Nos propusieron una ronda de experiencias vividas, algunos hablaron, otros no, dándole un cierre a la ceremonia, Fer y Javier dijeron unas palabras y nos fuimos.

Llegamos al hotel, desayunamos, cada uno se fue a su habitación a dormir, me baño, me acuesto en mi cama, miro al techo y repaso mentalmente todo lo que habíamos vivido desde el comienzo del viaje hasta ese momento. Sonrío, mi mente ya es mi aliada, no mi límite, cuando digo “no puedo” ¿qué necesidad tengo de llegar hasta ahí para dividirme? Si soy desconocida, mi cuerpo lo puede todo, soy totalmente natural.

¿Para qué perder tiempo en limitarme y ponerme esas excusas, si a la larga todo sale a la luz con su verdad?

Sólo tengo que respirar, esa bocanada de aire que me vuelve al aquí y ahora, a humanizarme, a la calma, al amor natural, soy, somos, todos, universal….digo gracias en voz fuerte, vuelvo a sonreír, de esas sonrisas que me llena de redondez mis pómulos y mis ojos desaparecen, me pongo de costado, respiro hondo y descanso.

Milagros Curto

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