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La domesticación del hombre


Como humanidad, se ha avanzado a lo que se considera formas civilizadas de vida. Te vistes, viajas en auto, comes comida de microondas y gozas de los impresionantes avances de la tecnología. Sin embargo esta "domesticación" de la especie trae ciertas consecuencias. Lo que llamas conciencia civilizada se ha ido separando de forma constante de sus instintos básicos. No obstante esos instintos no han desaparecido. Simplemente han perdido contacto con tu conciencia y, por lo tanto, se han visto obligados a hacerse valer mediante una forma indirecta.

Esto puede ser por medio de síntomas físicos en el caso de desequilibrios nerviosos, o por medio de incidentes de diversas clases, como inexplicables raptos de mal humor, olvidos inesperados o equivocaciones al hablar.

La única forma de no dejarte condicionar por tus pensamientos es observarlos y dejarlos pasar. Observarlos de una forma desapegada, como poner el objetivo de la cámara justo por arriba de nuestra cabeza, dejarlos marchar.

Sin entrar en un estado de juzgación con la domesticación, tal vez sería interesante que te aceptaras como integrante de una sociedad domesticada por sus antecedentes culturales, doctrinarios y dogmáticos. Muchas reglas del “debería ser” vienen de un proceso de “ley sentido común” adquirido por la conciencia civilizadora occidental.

Tal vez como contemporáneo sería mejor que incorporaras el dinamismo “pagano” para despertar del adormecimiento del medioevo y el modernismo, y volver al “delirio” de la búsqueda dinámica que ofrecen otras culturas que el poder occidental tildó de ocultistas. La domesticación requiere de una exorcización y exoterización de lo profundo investigado antropológicamente de otras tribus.

Una de ellas es la tolteca, tribu mesoamericana que desde la caída de Teotihuacán se refugió en la península de Yucatán y que su nombre significa “maestros constructores”. Sus integrantes hablan el nahuatl y dominaron todo México durante los siglos X y XII. Les legaron a los Aztecas su idioma que está envuelto de mitos, símbolos y signos, y fueron grandes influyentes de los Mayas. Tal vez una de las ruinas más importantes tolteca es la de Uxmal, donde se deja claro la importancia de la deidad Quetzacoalt que en los mayas se llamaba Kukulkán.

Tolteca es la palabra para definir a los sabios del arte y la palabra toltequidad equivale a alta cultura. Resulta interesante, entonces, para profundizar el tema ver el estudio sociológico que hace el psiquiatra Miguel Ruiz en su libro “Los cuatro acuerdos”.

En las ultimas investigaciones en la ciudad de Teotihuacán (la ciudad donde los hombres se convierten en dioses) queda claro que esta civilización tiene registros antropológicos en el ano 400 AC. Esto nos quiere decir que el tributo a Quetzacoalt o Kukulkán tiene mas de 2.400 años y todo el culto radica en entender la luz de esta deidad, la sombra de su hermano Xólotl y que las pirámides mesoamericanas son el entendimiento de que hay un conocimiento en la serpiente que baja hacia nosotros.

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