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La envidia como el despertar de talento


“He sido descalificado en muchas conversaciones cuando he dicho la frase: la envidia es el descubrir en el otro los talentos dormidos en mí”

Tendría que unir muchísimos conceptos. El hecho que sea uno de los pecados capitales ha tenido en Occidente una juzgación de sombra que nace desde el envidioso Caín, y que convierte a este sentimiento en un potencializador de la ira.

Pareciera ser que el hombre contemporáneo cree que la envidia es un síntoma que tiene una sola posibilidad. En realidad, si fueras a la conciencia de que sólo ves en los otros aquello que ya está en ti, comprenderías que la envidia es el ruido del despertador de los talentos.

Podría hablar de mil conceptos de la envidia. Cada religión, cada doctrina, tienen una forma de tratarla, pero ninguna le da armas al ser para saber qué hacer con ella.

El consejo de la bioenergía es que cuando la sientes, estás despertando una capacidad, y que es necesario accionar rápidamente, porque permanecer en la sombra es aceptar vivir donde radican los deseos más viles y las tendencias más crueles.

Pasar la prueba de la envidia es superar la escala estático-dinámica del talento, y sólo puedes transgredirla cuando entiendes que el talento que se despertó es para superarte a ti mismo.

Es importante que una vez que se detecta el talento propio en el prójimo, soltar el objeto del despertar y actuar haciendo lo máximo posible con la nueva conciencia talentosa.

El talento es lo que brilla.

El trabajo del ser en la meditación es darse cuenta del brillo de su talento, y accionar en sacar y soltar todo lo que la domesticación construyó, ya sea por miedo o excusa de protección que limita el territorio. El talento es el brillo en expansión sin límite.


Educar a los hombres no es como llenar un vaso. Es como encender un fuego. Aristófanes.

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