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Las tres rejas


En una fábula, el joven discípulo de un filósofo griego le dice a éste:

-“Maestro, un amigo suyo estuvo hablando de usted con malevolencia”.

-“Espera. ¿Ya hiciste pasar por las tres rejas lo que vas a contarme?”, le contesta el sabio.

Preguntado por cuáles eran esas tres rejas, el filósofo le respondió con las correspondientes preguntas:

-“La primera, es la reja de la verdad. ¿Estás seguro de que es absolutamente cierto eso que pretendías contarme?”.

La respuesta fue negativa, ya que el discípulo lo había escuchado comentar a unos vecinos.

-“Entonces, al menos lo habrás hecho pasar por la segunda reja: la de la bondad. Esto que deseas decirme, ¿es bueno para alguien?”.

-“No, en realidad no, muy al contrario”, le respondió.

-“Vaya, la última reja es la necesidad.

-¿Es necesario hacerme saber esto que tanto te inquieta?”, y la respuesta a esta pregunta fue igualmente negativa.

La conclusión del sabio fue ésta:

-“Si no es verdadero, ni bueno, ni necesario, sepultémoslo en el olvido”

Tu yo interior es literal y no entiende de ambigüedades; así pues, siempre que te dirijas a él para que se manifiesten tus deseos, dale instrucciones absolutamente literales. Muestra claramente tus intenciones. Las intenciones son algo más que meros deseos. Una intención es voluntad mezclada con emociones y deseo.

A veces, haces que otras personas conozcan tus intenciones, pero si éstas no las clarificas y las comunicas, se pueden convertir en manipulaciones para buscar el control; y lo peor de todo, en procurar hacer cambiar la libre voluntad de alguien.

Podrías evitar una gran cantidad de manipulaciones dolorosas si manifestaras claramente tus intenciones.

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