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Los otros parásitos


No sólo aquellos parásitos estáticos como la víctima y el juez de los que hablaban los toltecas, son los parásitos que no te permiten liberarte, también hay otros personajes.

El provocador es un rasgo invasivo que queda como rastro del rebelde adolescente que no es nada más ni nada menos que una fuerza por aceptarse y ser aceptado. La invasión del provocador puede ser la no capacidad de unir opuestos. Tendrías que reconocer que casi siempre la dualidad del provocador nace en la juzgación del sentimiento o pensar interno y provoca un contraste en la atmósfera externa.

El provocador es aquel que quiere todo el tiempo imponer su nueva rebelión y ser un innovador de pensamientos y razones que llevan a justificar al juez y a la víctima.

Este rastro bélico del rebelde hace una confrontación de los polos: sin sentido/con sentido, y queda esclavo de esa polaridad, abandonando la superación de la atmósfera dual.

Muchas veces la excusa, la queja, la justificación son actos que sostienen la atmósfera de la pereza y la inactividad de la motivación. También dentro de la inmovilidad o del no crecimiento evolutivo del ser, encuentras un sistema de comportamiento arrogante que tapa el síntoma de la ignorancia; pero no es un sendero de incertidumbre ni de escepticismo para la búsqueda de la sabiduría profunda que el ser tiene que recordar para la evolución de la especie.

La queja, la excusa, la justificación y la pereza son la quietud frente al conflicto. Suelen ser la máscara de la no aceptación, y suelen ser la ignorancia de los propios talentos del ser. Una persona en este comportamiento es un cobarde energético que por miedo no se atreve a vivir dinámicamente.

Tal vez lo que los toltecas llaman parásito nació como un libro de ley que generó una polaridad. Los seres humanos fueron seleccionando y al repetir esa selección produjeron hábitos. De la misma forma que se genera un parásito se puede generar, desde la intención, hábitos.

Un parasito observado durante las meditaciones colectivas es el de la insatisfacción, pareciera ser que se sobreadapta la búsqueda entusiasta del rebelde adolescente y el ser comienza a confundir entusiasmo con vocación. A veces, el camino de la vocación sólo tiene amor, no entusiasmo.

La evolución del ser requiere del amor como combustible, no de la búsqueda continua de satisfacciones entusiastas que llenan o tapan los pozos de insatisfacción.

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