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Oración y silencio

“El silencio interior es muy difícil de conseguir, pero hay que hacer el esfuerzo. En silencio, encontraremos nueva energía y una unión verdadera. Tendremos la energía de Dios para hacer bien todas las cosas, así como la unidad de nuestros pensamientos con sus pensamientos, de nuestras oraciones con sus oraciones, la unidad de nuestros actos con sus actos, de nuestra vida con su vida. La unidad es el fruto de la oración, de la humildad, del amor.

Dios nos habla en el silencio del corazón. Si estás frente a Dios en oración y silencio, él te hablará; entonces, sabrás que no eres nada. Y sólo cuando comprendemos nuestra nada, nuestra vacuidad, Dios puede llenarnos de sí mismo. Las almas de oración son almas de gran silencio. En ese silencio, él nos escucha; en ese silencio, él le habla al alma y, en el silencio, escuchamos su voz. Escucha en silencio, porque si tu corazón está lleno de otras cosas, no podrás oír su voz. Ahora bien, cuando le hayas escuchado en la quietud de tu corazón, entonces tu corazón estará lleno de él.

Las personas contemplativas y los ascetas de todos los tiempos y religiones han buscado a Dios en el silencio y la soledad de los desiertos, selvas y montañas. El propio Jesús pasó cuarenta días en el desierto y en las montañas comulgando durante largas horas con su Padre en el silencio de la noche. Nosotros también estamos llamados a retirarnos cada cierto tiempo para entrar en el silencio y la soledad más profunda con Dios.

A Dios no lo podemos encontrar en medio del ruido y la agitación. En la naturaleza, los árboles, las flores y la hierba crecen en silencio; las estrellas, la luna y el sol se mueven en silencio. Es necesario el silencio del corazón para poder oír a Dios en todas partes, en la puerta que se cierra, en la persona que nos necesita, en los pájaros que cantan, en las flores, en los animales.

Si cuidamos el silencio, será fácil orar. En las historias y escritos, hay demasiadas palabras, demasiada repetición. Nuestra vida de oración sufre mucho, porque nuestro corazón no está en silencio”. Madre Teresa de Calcuta.

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