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¿Por qué no sanamos?


María de los Ángeles Rodeiro explica en uno de sus textos que un médico intuitivo es el único que percibe por qué la gente no se cura. Todo el mundo quiere sanarse, pero se llega a la conclusión que la sanación es poco atractiva. Los impedimentos para la sanación incluyen: renunciar a vivir en el pasado, dejar de ser víctima en todas las áreas de la vida y aprender a detectar el único miedo real: el miedo a morir. Dirigir el pensamiento y la energía hacia el pasado desvía la fuerza vital en una sanación que tiene que ser destinada a la evolutividad que necesita el cuerpo en la atmósfera de la sanación. La sanación requiere del presente, recuperando la energía de los miedos, de las máscaras y de las heridas del pasado.

Otras de las situaciones importantes de la sanación es el ejercicio del perdón. En chamanismo decimos que perdón no es poner la otra mejilla, sino que el perdón es un camino de vuelta al amor. Negarse a perdonar es como una fuga de energía y esa energía es tomada y dominada por cualquiera de los demonios primarios (culpa, miedo, dolor y ego), casi siempre los demonios son vampiros energéticos de la vitalidad del cuerpo. El perdón es un estado único que suelta todo estado de demonio o de dominación y, te conecta con el talento evolutivo de la sanación. No hay duda que el perdón, sana. El perdón no tiene nada que ver con los demonios. El perdón no parte de los demonios, el perdón reconecta con el amor, y al reconectar con el amor se liberan los estados demoníacos y parasitarios. Una persona que trabaja la sanación con la emocionalidad del amor no sólo está liberando la culpa, el miedo, el dolor, el ego; sino que también está liberando lo arquetipos compensadores como el juez, la víctima, el provocador, el quejoso y el arrogante.

Si pusiéramos amor a estos arquetipos, entenderíamos que en donde hay amor siempre hay transmutación.

En el caso del demonio del dolor, cuando alquímicamente lo combinamos con amor, esta fórmula se convierte en una vivencia empática que humaniza al ser.

En el caso del demonio del miedo, en vez de ser un límite, al miedo lo tenemos que tomar como el primer paso de las atmósferas nuevas atraídas por nuestros talentos que quieren salir a accionar y brillar.

En el caso de la culpa, visto con amor, el culposo no ha sabido usar su conciencia en continuidad; y al fusionarse la culpa con el amor, el hombre entenderá que es antinatural la discontiuidad.

En el caso del demonio ego, es una creación que compensa los complejos del yo, el hombre al verlo con amor aprende que él es un ser creativo y la creatividad con amor le da la potestad de superar cada prueba de su vida.

En los parásitos ocurre lo mismo, el juez es un gran observador, la víctima es una empática axial, el provocador es un gran creador de atmósferas, el quejoso es un gran visualizador de dónde hay que accionar, y el arrogante es un gran aprendiz que saca el aburrimiento y cansancio adolescente, declarándose ignorante frente a todo lo que queda por descubrir de este maravilloso universo.

En el fondo, los parásitos y los demonios se gestan en territorios utópicos. Muchas veces las personas no se curan porque no se han liberado de la ilusión que tienen los parásitos; por eso muchas veces las personas despiertan más talentos en las enfermedades que en las universidades. Las heridas de la víctima son un medio de manipulación, control, posicionamiento y condicionamiento frente a los demás, en cambio las heridas para el transmutador es un paso al darse cuenta de dónde está la sombra que tiene que iluminar. Un síntoma es una llamada de atención que no puede ser usada para llamar la atención. El síntoma es el signo y/o símbolo donde comienza la transmutación, no sólo del Ser sino también de su sentido de la vida, de su medio ambiente y de sus relaciones.

Es fácil esperar, diciendo que no sabemos qué tenemos que hacer cuando estamos en la vigilia, en la espera. Eso es porque sabemos exactamente qué tenemos que hacer, pero estos detenimientos son porque hemos dejado que los demonios o los parásitos nos anulen y en toda anulación (adicción) hay que canalizar toda esa energía quieta en una transformación que tenga que ver con alimentación, dinamismo físico, buenas atmósferas de convivencia, liberación de toda situación tensionadora, incorporación del agua como elemento de sanación, salir del trabajo estresante y soltar relaciones inadecuadas. Son acciones que sostienen la energía para la sanación del cuerpo.

Incluso, si toda enfermedad condujera a la muerte, ésta misma sería un acto de liberación para el ser de estos parásitos y demonios.

A la muerte siempre hay que aceptarla porque es lo único real que tenemos.

En el momento que aceptamos que vamos a morir es el momento que tomamos conciencia que vamos a vivir. La sanación no es un camino ni a la muerte ni a la vida, es el camino para impecabilizar la vida hacia la única verdad que tenemos: la muerte.

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