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conciencia emocional

Las primeras palabras que surgen: urdimbre, tejido, espejo, enlace, tribu, comunidad.

Si bien fue mi presentación, nunca sentí que me perteneciera ni que me representara. Por el contrario, fui un canal para que la tribu se expresara. Un diálogo verdadero y colectivo.

En esa hermosa y amorosa charla, en esa devolución que tuvimos, hablamos todos. Todos pudimos presentarnos a través de algunas experiencias personales y reflexiones que trascendieron lo meramente autobiográfico.

Mi singularidad sirvió de entrada para que aparezcan algunos temas, latentes en todos los compañeros.

Emociones despertadas y compartidas. Lágrimas comunes que atravesaron el espacio.

La muerte de mi padre, fue todas las muertes de todos los padres. Todos los padres rondaron nuestras palabras que intercambiaron densidades, atmósferas.

Darnos cuenta que el tema no era exactamente la muerte, sino qué cosas venimos a desenterrar, como aquellos huesos de mi padre esa mañana en el cementerio.

¿Qué vengo a desenterrar? ¿Qué estoy desenterrando con mis emociones?

Allá abajo está la tierra nutritiva, sus capas invisibles, su vida secreta, túneles, piedras, lava, magma, semillas.

Lo que uno viene a desenterrar sale fácil, no es necesario ningún tipo de esfuerzo. Vamos al encuentro de eso que está a punto de florecer, de hacerse visible.

Es sólo acompañar con nuestras manos el movimiento, hundirlas amorosamente en la tierra, en nuestra memoria, en nuestro presente, en nuestras sombras y, simplemente, delicadamente, desenterrar.




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