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Procrastinación Encuentro #4 LaRuleta Parte II

Actualizado: 28 sept 2021

# La Compensación

# La Pereza

# La Represión

# La Decepción

# Demonios Emocionales



La Compensación

La compensación es una estrategia mediante la cual se encubre, consciente o inconscientemente, las debilidades, frustraciones, deseos o sentimientos de insuficiencia o incompetencia en un área de la vida a través de la gratificación o (el deseo de alcanzar) la excelencia en otra área.

La compensación puede encubrir deficiencias reales o imaginarias y la inferioridad personal o física. Las compensaciones positivas pueden ayudar a una persona a superar sus dificultades. Por otro lado, las compensaciones negativas no lo hacen, lo que resulta en un reforzamiento del sentimiento de inferioridad.

La primera definición de este vocablo es neutralizar el efecto negativo de una determinada cosa o situación con los de otra.

También significa reparar un perjuicio o daño que se ha hecho. Asimismo es utilizar una cosa para compensar otra. En este caso se construye con régimen preposicional “con”, “por”.

En Fisiología es evolucionar un tejido o un órgano de modo de reemplazar una deficiencia estructural o funcional.

En Psicología se habla de compensación para referirse la estrategia que desarrollan las personas encubriendo, consciente o inconscientemente, frustraciones, debilidades, deseos, sentimientos de incompetencia en una determinada zona vital, por medio de gratificaciones en otra área.

Desde cualquier lugar que se mire la compensación, siempre el compensar viene para hacer sentir al ser que ha hecho algo. El ser considera “que hizo algo” no necesariamente mira “lo que hizo”

El procrastinar hace que se lleve a cabo lo accesorio dejando lo principal para otro momento.


La Pereza

La pereza es algo habitual que está constantemente tentando al ser humano. Suele ocurrir que una persona haga planes para el futuro con mucho entusiasmo, pero cuando llega el día no lo cumple por pereza. Algunos ejemplos de esto lo son los planes de ejercicio, dietas, estudios y hasta tareas laborales.


Los primeros hombres que habitaron la tierra, no tenían la necesidad de utilizar la frase «lo haré luego»; esto debido a que sus actividades en las cuales gastaban sus energías eran para el beneficio del aquí y el ahora. Era un estilo de vida en el cual se sobrevivía utilizando energía en el instante que se tuviera una necesidad. Si se tenía hambre se cazaba, si se tenía sed se bebía y esto igual con las necesidades sexuales. Los antepasados se encontraban con que no pasaba mucho tiempo entre el deseo y la acción. No existía completamente aún la planificación del futuro de modo que se vivía en el presente. No quiere decir que no planeaban para el futuro sino que no dejaban que esos planes interfirieran con su deseo inmediato.

El psicólogo terapéutico Kalman Glantz dice que «la vagancia se hizo posible cuando se comenzó a planear para el futuro». Es por esta razón que puede concluirse que la pereza tuvo sus inicios cuando el ser humano comenzó a hacer preparaciones para un tiempo fuera del presente. Algunos de ellos no van a ver útil el hacer una actividad que beneficie en un futuro y éstos serán llamados «vagos» por los otros. En la actualidad prácticamente se requiere muy poca energía para obtener alimentos y beneficios, estos, se obtienen casi al instante en los países desarrollados. Surge, entonces, más tiempo de ocio que trae consigo la pereza y a su vez problemas diversos.

La pereza es un término que va de mano con la procrastinación o la forma en que se elige hacer tareas de menor prioridad porque se obtiene un beneficio a corto plazo.

La procrastinación es un suceso irracional en el ser humano. Que en realidad no se piensa o se planea y que simplemente ocurre al igual que la pereza.

«Después de la de conservarse, la primera y más poderosa pasión del hombre es la de no hacer nada.» –J. J. Rousseau– La pereza viene a ser, entonces, un asunto más psicológico que físico.


La Represión

Represión (del latín repressĭo, -ōnis) es la acción y efecto de reprimir (contener, refrenar, templar o moderar). Tiene dos utilizaciones: en contextos políticos y sociales y en contextos psicoanalíticos (y por extensión a partir de ellos, los relativos a la sexualidad). Ambos implican la pretensión de impedir un comportamiento, o de castigarlo una vez producido, y sus conceptos opuestos son los de libertad y tolerancia. En ambos, la represión se ejerce desde algún ámbito de poder, bien público o bien íntimo.


La represión en el psicoanálisis, referida al proceso por el que un impulso o idea considerado inaceptable por la sociedad o el individuo se mantiene en el inconsciente.

La represión es uno de los conceptos centrales del psicoanálisis y designa el mecanismo o proceso psíquico del cual se sirve un sujeto para rechazar representaciones, ideas, pensamientos, recuerdos o deseos y mantenerlos en el inconsciente. De acuerdo con la teoría de Sigmund Freud, los contenidos rechazados, lejos de ser destruidos u olvidados definitivamente por la represión, al hallarse ligados a la pulsión mantienen su efectividad psíquica desde el inconsciente. Lo reprimido constituye para Freud el componente central del inconsciente. Como decía Freud: "Lo reprimido se sintomatiza".

El concepto de represión, si bien no fue definido originalmente por Freud (en el siglo XIX ya había sido utilizado por Johann Friedrich Herbart así como también por Theodor Meynert) es Freud quien logra describirlo como mecanismo esencial de la escisión originaria entre los sistemas consciente e inconsciente en el aparato psíquico. El concepto ha sido adoptado por distintas escuelas y orientaciones del psicoanálisis con diversos matices, así como también por otras teorías psicológicas, las que utilizan el término con una definición a veces muy diversa.

Para Freud la represión opera porque la satisfacción directa de la moción pulsional, que en realidad está destinada a causar placer, podría causar displacer por entrar en disonancia con las exigencias provenientes de otras estructuras psíquicas o que llegan directo desde el exterior.


La Decepción

La decepción es una emoción dolorosa que se despierta en una persona al incumplirse una expectativa construida, generalmente en torno al comportamiento de otra persona o en relación a algún acontecimiento.

También, la decepción, es el pesar causado por un engaño;​ un sentimiento de insatisfacción que surge cuando no se cumplen las expectativas sobre un deseo o una situación esperada. Se forma en unir dos emociones primarias, la sorpresa y la pena. La decepción, si perdura, es un desencadenante para la frustración y más adelante, la depresión.

La decepción llega, porque antes se creo una expectativa. Expectativa que al no verse realizada provoca esta emoción.

En la procrastinación la decepción se hace hábito. Se siente constantemente, que se decepciona a uno mismo y a los otros.

Y en esa decepción hace rueda y vuelve detenerse.


Demonios Emocionales

Los demonios emocionales son aquellos que nacen, vienen y llegan a nosotros con una emoción inexplicable. Simplemente llegan y están ahí.

En las emociones somos pulsiones que no tienen nada de racionalización.

Las emociones vibran y muchas veces la mente no puede ponerle nombre. (Taller de Luz)

Según los Toltecas, en la Domesticación de los seres humanos se va transfiriendo la enseñanza y así aprendes a juzgar y a juzgarte a través de los diferentes sistemas de creencias.

Los toltecas notaron que así se crea el parásito, que ellos explicaron en términos del “juez” y la “víctima”, y por supuesto el juez utiliza su libro de ley interior (condicionamientos socioculturales), y la víctima asegura que no se produzcan nuevas rebeliones anclando la culpa y acariciando el miedo.


La Culpa

“Solo estás atado al pasado con la cuerda de la culpa”. Anthony De Mello

La culpa es la emoción que se siente al romper las reglas y/o creencias o normas culturales (tanto religiosas, como políticas, familiares, de un grupo de pertenencia, etc), o por el pensamiento de cometer dicha transgresión. El solo hecho de sentir, pensar, decir o hacer algo fuera de lo que “debería” ser pone al ser en la culpa.

Freud explica la culpa como “dolor psíquico” que se impone el propio individuo por haber traicionado al otro y por poner en riesgo su amor. Es así como en un determinado momento la culpa, el amor y la pulsión se encuentran en estrecha relación.

Desde la concepción judeocristiana de culpa podemos entender que quien tiene la culpa merece un castigo.

Nuestros comportamientos, la gran mayoría de ellos inconscientes, persiguen en todos los casos cubrir necesidades biológicas básicas, como puede ser el sentimiento de seguridad, de aceptación, de valoración, etc. Luego la represión o el castigo de cualquier comportamiento, si no conlleva la comprensión y la cobertura de estas necesidades biológicas básicas, derivará en otro comportamiento, otra forma de ser que consiga suplirlas. De todo lo anterior deducimos que la culpa, y su consecuente castigo, no sirve para solucionar ningún conflicto. Hemos de tener en cuenta que no somos culpables, sino responsables de lo que hacemos, y de las consecuencias de nuestros actos. Solamente entendiendo nuestra forma de actuar, y la intención de la que proviene, podremos cambiar nuestro comportamiento.

Cuando nos estancamos en la culpa, cuando culpamos a los demás de lo que nos sucede, entramos en el victimismo, nos convertimos en víctimas inocentes y creemos merecer la simpatía y la compasión de los demás, además de demandar un castigo para el culpable. Esto nos lleva a no movernos, a no cambiar nuestra forma de ser, ya que consideramos que el castigo sobre el otro rectificará nuestro problema. No nos damos cuenta que aquello que queremos castigar en el otro es lo que castigamos en nosotros y que, por lo tanto, la única manera de resolver el conflicto es perdonar al otro. Así nos perdonamos a nosotros, más bien, perdonamos nuestros juicios, que proyectamos sobre los demás. Sólo entonces podemos liberarnos de las cadenas que nos atan a nuestros propios mandatos inconscientes, y que el universo tan fervientemente quiere que hagamos conscientes.


El Miedo

"Cuando tienes miedo quedas petrificado y mueres antes de tiempo" C.G. Jung

Se le da el significado de miedo al estado emocional que surge en respuesta de la consciencia ante una situación de eventual peligro, desconocida, incierta.

Podría haber comenzado estos temas hablando de una clasificación de miedos, pero en este momento evolutivo del hombre, y después de tantos libros sobre los miedos sería importante sacarle la exageración que le pone el ego. Generalmente ves al ego como algo malo y también al miedo; pero son dos referentes del ser que están destinados a ser resignificados y pueden ser el punto inicial de un crecimiento espiritual.

El ego es energía mal canalizada del miedo. El miedo es energía inicial de la atmósfera abundante, desconocida de la posibilidad. El miedo es la energía emocional primera, que debes hacer fluir en la fertilidad de lo nuevo. El miedo es el stop, es la pausa, para poder mirar el camino continuado de las posibilidades observadas.

El miedo es la fuerza motivadora. El miedo es el que cambia la conciencia de zona de confort a dinamismo. El miedo es la intuición de la capacidad. El miedo no es la negación, es el intento. El miedo es el sentir continuo del delirante (el que camina por otro surco).

El miedo es la emoción primera que materializa al amor. Cuando comienzas a dar pequeños pasos durante el miedo, se comienzan a revelar los próximos momentos de la configuración de tu vida. El miedo atrae, el ego atrae. Son dos elementos que no hay que ponerlos como excusas. Tienen que ser usados para la motivación.

Un solo miedo es real, el miedo a la muerte. Muerte es transformarse, entonces el único miedo que tiene el ser, es a transformar su vida, y no se da cuenta que en realidad todo se transforma constantemente.

Cuando el miedo es interpretado como un límite, el ser comienza a poner condiciones, expectativas y obligaciones. Esa atmósfera no es de amor, esa atmósfera es de protección. ¿Qué protege? ¿El dolor? Cuando usas el miedo como excusa para quedarte en un ser limitado, te mientes.

En el camino del miedo tenemos tantas condiciones, expectativas y obligaciones que inventamos muchas reglas a fin de protegernos contra el dolor emocional, cuando, lo cierto es que no debería existir ninguna regla.

Cuando tenemos miedo, mentimos.

Lo peor del miedo, es que a veces, te derrota sin haber luchado aún.

Conferencia del Dalai Lama sobre los miedos:

Conferencia de Jhon de Martini y los Miedos


El Dolor

“No es posible despertar a la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que sea, para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino por hacer consciente la oscuridad” -Carl Gustav Jung-

El dolor es una señal del sistema nervioso de que algo no anda bien. Es una sensación desagradable. El dolor puede ser agudo o sordo. Puede ser intermitente o ser constante.

El dolor emocional: denominamos dolor emocional a todo aquella sensación de padecimiento o sufrimiento generado a nivel psíquico sin que medie para su aparición un motivo físico.

El dolor se manifiesta de formas diferentes en cada ser y en los seres. Hay tantos y distintos dolores como seres existen en el universo.

Dolor corpóreo

Dolor emocional

Dolor mental

Dolor del alma

Diferentes dolores, diferentes formas de expresión, todos conducidos hacia el mismo lugar.

Sentirlo, eso debemos hacer. Solo quedarnos con el dolor, para identificarlo. Para leerlo hay que verlo en el presente.

El dolor nos hace vulnerables.

Miles de mascaras existen para no mostrar ese dolor.

Pero por que no mostrar el dolor?

El dolor no tiene explicación, aparece, se siente, se vive. Si lo intentamos entender, entra la razón. El dolor debe ser vivido para ser integrado.

El dolor aparece, surge, no sabemos de dónde pulsa, por eso todo aquello que tenga una forma de aparecer pulsiva tiene más que ver con la vida.

Todo lo que pulsa es vida, todo lo que entra en una reacción desde lo aprendido o defendido es muerte. Cuando algo nos duele tenemos que reconocer en el dolor, la vida. Una de las cosas que tenemos que hacer es tomar conciencia de las legiones o legión del dolor, si al dolor lo negamos, reprimimos u ocultamos lo primero que aparece es la resistencia, si al dolor lo tenemos enjuiciado va aparecer el juez con su complejo de inferioridad. Esto habla de un demonio legítimo, cuando aparecen sus legiones y la confusión.

Si tenemos certeza sólo tenemos invasión de pensamiento, defensas sobreadapataciones y automáticamente queremos salir a compensar.

En el momento que empezamos a detener el dolor aparecen las legiones.

El dolor nos viene a recordar quienes somos; y no tiene como polaridad a la alegría ni la felicidad y el placer.

Referencia: Taller de Luz

https://www.canalaanu.com/post/d%C3%ADa-5


El Ego

Ego, del latín, significa 'yo'. En psicología y filosofía, ego se ha adoptado para designar la conciencia del individuo, entendida ésta como su capacidad para percibir la realidad. Por otro lado, en el vocabulario coloquial ego puede designar el exceso de valoración que alguien tiene de sí mismo.

Conjunto de mascaras que nos creamos en el entorno donde vivimos.

Es un mecanismo de defensa, que se forma con lo que los otros nos van diciendo.

Nos creemos la identidad que el Ego nos arma. Busca en el exterior toda la solución a su mal.

El ego no es real. El Ego se arma en su mayoría de lo que conforma nuestro exterior.

Todo eso pasa dentro nuestro. Y nos hace creer que el afuera es lo real.

El creo lo creamos para proteger nuestro real ser.

Nuestro ego, conformado por el orgullo y todas nuestras conductas infantiles ya en la edad de adultos, representa la cárcel de la que nos resulta muy difícil salir. Nos creemos libres y creemos que decidimos en todo momento sobre lo que queremos hacer, sin embargo, somos esclavos de nuestra falta de conciencia y claridad para conocernos a nosotros mismos.

El Ego según Freud

En su teoría de la personalidad el ego es un nivel de la psique humana y está formado por aquellos deseos conscientes y algunos inconscientes que se encuentran entre dos niveles: los deseos más profundos ubicados en nuestro inconsciente (el ello) y las estructuras culturales y sociales incorporadas en nuestra mente (el superyo). Por otra parte, el yo se ocupa del mundo real y de alguna manera es un nivel psíquico que intenta controlar los otros dos niveles mencionados. En otros términos, el ello nos presiona desde nuestro interior diciéndonos lo que queremos hacer y el superyo nos condiciona desde el exterior recordándonos lo que deberíamos hacer.

El Ego según Jung

En la terminología psicoanalítica de Jung el ego o yo se refiere a la instancia psíquica que engloba un conjunto de ideas, sentimientos y percepciones de tipo consciente y con los cuales nos identificamos. Por debajo de nuestro yo, hay otras instancias que no controlamos y que se encuentran en un nivel inconsciente. La parte consciente de nuestra personalidad o ego es la que gobierna nuestra existencia como individuos y se forma como resultado de la colisión entre nuestras apetencias más primitivas y nuestro entorno exterior.


Cuento Sufí: El Bambú Japones

Me llego este cuento sufi sobre el BAMBÚ japones. Por ahí te interesa...acá va: Imaginemos por unos instantes que somos unos sencillos agricultores japoneses. Para una buena cosecha, se requiere de buena semilla, un buen abono, riego, sabiduría y mucha paciencia. Quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es cierto muchas veces nos desesperamos y abandonamos sin querer creer que lo bueno está por llegar. Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente.

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