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Procrastinaciones Emocionales

Aceptación Sombria


Con origen en el término latino acceptatio, el concepto de aceptación hace referencia a la acción y efecto de aceptar. Este verbo, a su vez, está relacionado con aprobar, dar por bueno o recibir algo de forma voluntaria y sin oposición.


Aceptación: Recibir en forma voluntaria, sin oposición.


Oposición: Posición de una cosa enfrente de otra.


Por otra parte, la palabra aceptar la aplicamos cuando queremos expresar aprobación o el visto bueno que se le atribuye a una determinada cuestión, cosa o persona.


La aceptación es reconocerse como canal, sentir el flujo del océano de la vida, sentir la integración de tu ser, dar lugar a que las cosas sucedan en ecuanimidad, soltar el control, la rigidez, la batalla y la huida. Es quedarse en el acto neutral de observar y observarse.


Es contemplarse en la unidad y en la pluralidad. Es empoderarse de la capacidad creativa del ser en el presente como único tiempo real.


Es el ego quien que se siente diferente, quien crea la oposición basada en que somos seres separados los unos de los otros, seres autónomos inmersos sólo en nuestra energía. Desde aquí, desde la ilusoria separación, nuestra arrogancia nos impulsa a pensar que tenemos la opción de aceptar o no algo. Es decir que para el ego la ley de atracción (todo lo que te rodea es acorde a tu vibración) debería tener un asterisco que diga “excepto” cuando no lo acepto y lo veo ajeno a la vibración de mi ser. A veces pienso que mientras más atención le ponemos a nuestro ego, más ridículos nos volvemos.


La aceptación es un hecho, el hombre se reconoce como parte del ser y puede desde el eterno presente crear su realidad con empatía y confianza, reconociendo la propia energía en la situación de la que formo parte y actuando en consecuencia quién soy y quién quiero ser; en conciencia resonante a nuestra capacidad, de la cual podemos empoderarnos o simplemente dejarnos ser arrastrados por ella. Del Diario de un Meditador. Texto extraído de la web


En la procrastinación se busca la aceptación del otro para justificar el acto de postergar. Ó hacer una cosa por otra.


La Resignación


Cuando una persona se resigna, acepta una situación y deja de luchar contra ella o de buscar soluciones respecto a la problemática que se le plantea. Por lo general, la resignación aparece cuando algo es inevitable o cuando el sujeto se ha cansado de pelear.


La diferencia entre aceptar o resignarse es que cuando me resigno, pienso que la vida me sucede y creo resistencia a los hechos que son contrarios a mis planes.


Mientras que cuando acepto lo que me ocurre fluyo con la vida y aprendo de cada situación que se me plantea


Resignarse a algo significa que estamos predispuestos a dar por imposibles cuestiones que, en realidad, no tienen por qué serlo.


Aunque parezca paradójico, a veces buscamos cualquier excusa para no admitir que si nos movemos algo podríamos mejorar la realidad que nos rodea, y la resignación es una excusa para hacer pasar esa pasividad por un desenlace trágico que le de sentido a lo que estamos viviendo.


La Pereza


La pereza es algo habitual que está constantemente tentando al ser humano. Suele ocurrir que una persona haga planes para el futuro con mucho entusiasmo, pero cuando llega el día no lo cumple por pereza. Algunos ejemplos de esto lo son los planes de ejercicio, dietas, estudios y hasta tareas laborales.


Los primeros hombres que habitaron la tierra, no tenían la necesidad de utilizar la frase «lo haré luego»; esto debido a que sus actividades en las cuales gastaban sus energías eran para el beneficio del aquí y el ahora. Era un estilo de vida en el cual se sobrevivía utilizando energía en el instante que se tuviera una necesidad. Si se tenía hambre se cazaba, si se tenía sed se bebía y esto igual con las necesidades sexuales. Los antepasados se encontraban con que no pasaba mucho tiempo entre el deseo y la acción. No existía completamente aún la planificación del futuro de modo que se vivía en el presente. No quiere decir que no planeaban para el futuro sino que no dejaban que esos planes interfirieran con su deseo inmediato.


El psicólogo terapéutico Kalman Glantz dice que «la vagancia se hizo posible cuando se comenzó a planear para el futuro». Es por esta razón que puede concluirse que la pereza tuvo sus inicios cuando el ser humano comenzó a hacer preparaciones para un tiempo fuera del presente. Algunos de ellos no van a ver útil el hacer una actividad que beneficie en un futuro y éstos serán llamados «vagos» por los otros. En la actualidad prácticamente se requiere muy poca energía para obtener alimentos y beneficios, estos, se obtienen casi al instante en los países desarrollados. Surge, entonces, más tiempo de ocio que trae consigo la pereza y a su vez problemas diversos.


La pereza es un término que va de mano con la procrastinación o la forma en que se elige hacer tareas de menor prioridad porque se obtiene un beneficio a corto plazo.


La procrastinación es un suceso irracional en el ser humano. Que en realidad no se piensa o se planea y que simplemente ocurre al igual que la pereza.


«Después de la de conservarse, la primera y más poderosa pasión del hombre es la de no hacer nada.» –J. J. Rousseau– La pereza viene a ser, entonces, un asunto más psicológico que físico.


La Decepción


La decepción es una emoción dolorosa que se despierta en una persona al incumplirse una expectativa construida, generalmente en torno al comportamiento de otra persona o en relación a algún acontecimiento.


También, la decepción, es el pesar causado por un engaño;​ un sentimiento de insatisfacción que surge cuando no se cumplen las expectativas sobre un deseo o una situación esperada. Se forma en unir dos emociones primarias, la sorpresa y la pena. La decepción, si perdura, es un desencadenante para la frustración y más adelante, la depresión.


La decepción llega, porque antes se creo una expectativa. Expectativa que al no verse realizada provoca esta emoción.


En la procrastinación la decepción se hace hábito. Se siente constantemente, que se decepciona a uno mismo y a los otros.


Y en esa decepción hace rueda y vuelve detenerse.


La Complacencia


La COMPLACENCIA es la tolerancia excesiva, una suerte de omisión de los atributos generales de una persona. Se trata de exageraciones. La complacencia funciona esperando algún tipo de reconocimiento.


Tal vez sería importante que nos demos cuenta que todo aquello que tiene que ver con la complacencia, tiene que ver con luchas, méritos, escalas, competencias, juicios, mentiras, máscaras; o sea amor con esfuerzos. Lleno de expectativas, de conciencias sólo en el recibir, y de vigilias y esperas.


En mi tierra, al complaciente se lo llama “el que no da puntada sin hilo”.


“Complacer” es la acción del ego en búsqueda de ser perfecto en el debería ser.


Complacer es la creencia de que el otro necesita de ti para pasar el conflicto que ha atraído con sus talentos.


Complacer significa inferiorizar los talentos y usar el "método y sistema" para lograr superar el conflicto y hacer mérito de ello.

Sería interesante hablar de compasión también.

La compasión es diferente. El dar es desinteresado.

El dar es porque ya recibiste.

La compasión es trabajar en uno hacia el otro y ahí se termina el camino.


En la COMPASIÓN se empieza por reconocer que no se desea el sufrimiento y que se tiene el derecho de alcanzar la felicidad, tanto con uno como con el prójimo. Es lo que se convierte en la base para empezar a generarla. (Del Diario de un Meditador)


En la complacencia, salgo a resolver primero lo del otro y me postergo.


¿En pos de que?


¿Excusas? ¿Ego? ¿Miedo? Miedo a no enfrentar mis propios desafíos.



Demonios Emocionales


Los demonios emocionales son aquellos que nacen, vienen y llegan a nosotros con una emoción inexplicable. Simplemente llegan y están ahí.


En las emociones somos pulsiones que no tienen nada de racionalización.


Las emociones vibran y muchas veces la mente no puede ponerle nombre. (Taller de Luz)


Según los Toltecas, en la Domesticación de los seres humanos se va transfiriendo la enseñanza y así aprendes a juzgar y a juzgarte a través de los diferentes sistemas de creencias.


Los toltecas notaron que así se crea el parásito, que ellos explicaron en términos del “juez” y la “víctima”, y por supuesto el juez utiliza su libro de ley interior (condicionamientos socioculturales), y la víctima asegura que no se produzcan nuevas rebeliones anclando la culpa y acariciando el miedo.


La Culpa


“Solo estás atado al pasado con la cuerda de la culpa”. Anthony De Mello


La culpa es la emoción que se siente al romper las reglas y/o creencias o normas culturales (tanto religiosas, como políticas, familiares, de un grupo de pertenencia, etc), o por el pensamiento de cometer dicha transgresión. El solo hecho de sentir, pensar, decir o hacer algo fuera de lo que “debería” ser pone al ser en la culpa.


Freud explica la culpa como “dolor psíquico” que se impone el propio individuo por haber traicionado al otro y por poner en riesgo su amor. Es así como en un determinado momento la culpa, el amor y la pulsión se encuentran en estrecha relación.


Desde la concepción judeocristiana de culpa podemos entender que quien tiene la culpa merece un castigo.


Nuestros comportamientos, la gran mayoría de ellos inconscientes, persiguen en todos los casos cubrir necesidades biológicas básicas, como puede ser el sentimiento de seguridad, de aceptación, de valoración, etc. Luego la represión o el castigo de cualquier comportamiento, si no conlleva la comprensión y la cobertura de estas necesidades biológicas básicas, derivará en otro comportamiento, otra forma de ser que consiga suplirlas. De todo lo anterior deducimos que la culpa, y su consecuente castigo, no sirve para solucionar ningún conflicto. Hemos de tener en cuenta que no somos culpables, sino responsables de lo que hacemos, y de las consecuencias de nuestros actos. Solamente entendiendo nuestra forma de actuar, y la intención de la que proviene, podremos cambiar nuestro comportamiento.


Cuando nos estancamos en la culpa, cuando culpamos a los demás de lo que nos sucede, entramos en el victimismo, nos convertimos en víctimas inocentes y creemos merecer la simpatía y la compasión de los demás, además de demandar un castigo para el culpable. Esto nos lleva a no movernos, a no cambiar nuestra forma de ser, ya que consideramos que el castigo sobre el otro rectificará nuestro problema. No nos damos cuenta que aquello que queremos castigar en el otro es lo que castigamos en nosotros y que, por lo tanto, la única manera de resolver el conflicto es perdonar al otro. Así nos perdonamos a nosotros, más bien, perdonamos nuestros juicios, que proyectamos sobre los demás. Sólo entonces podemos liberarnos de las cadenas que nos atan a nuestros propios mandatos inconscientes, y que el universo tan fervientemente quiere que hagamos conscientes.


El Miedo


"Cuando tienes miedo quedas petrificado y mueres antes de tiempo" C.G. Jung


Se le da el significado de miedo al estado emocional que surge en respuesta de la consciencia ante una situación de eventual peligro, desconocida, incierta.


Podría haber comenzado estos temas hablando de una clasificación de miedos, pero en este momento evolutivo del hombre, y después de tantos libros sobre los miedos sería importante sacarle la exageración que le pone el ego. Generalmente ves al ego como algo malo y también al miedo; pero son dos referentes del ser que están destinados a ser resignificados y pueden ser el punto inicial de un crecimiento espiritual.


El ego es energía mal canalizada del miedo. El miedo es energía inicial de la atmósfera abundante, desconocida de la posibilidad. El miedo es la energía emocional primera, que debes hacer fluir en la fertilidad de lo nuevo. El miedo es el stop, es la pausa, para poder mirar el camino continuado de las posibilidades observadas.


El miedo es la fuerza motivadora. El miedo es el que cambia la conciencia de zona de confort a dinamismo. El miedo es la intuición de la capacidad. El miedo no es la negación, es el intento. El miedo es el sentir continuo del delirante (el que camina por otro surco).


El miedo es la emoción primera que materializa al amor. Cuando comienzas a dar pequeños pasos durante el miedo, se comienzan a revelar los próximos momentos de la configuración de tu vida. El miedo atrae, el ego atrae. Son dos elementos que no hay que ponerlos como excusas. Tienen que ser usados para la motivación.


Un solo miedo es real, el miedo a la muerte. Muerte es transformarse, entonces el único miedo que tiene el ser, es a transformar su vida, y no se da cuenta que en realidad todo se transforma constantemente.


Cuando el miedo es interpretado como un límite, el ser comienza a poner condiciones, expectativas y obligaciones. Esa atmósfera no es de amor, esa atmósfera es de protección. ¿Qué protege? ¿El dolor? Cuando usas el miedo como excusa para quedarte en un ser limitado, te mientes.


En el camino del miedo tenemos tantas condiciones, expectativas y obligaciones que inventamos muchas reglas a fin de protegernos contra el dolor emocional, cuando, lo cierto es que no debería existir ninguna regla.


Cuando tenemos miedo, mentimos.


Lo peor del miedo, es que a veces, te derrota sin haber luchado aún.


Conferencia del Dalai Lama sobre los miedos:



Conferencia de Jhon de Martini y los Miedos



El Dolor


“No es posible despertar a la conciencia sin dolor. La gente es capaz de hacer cualquier cosa, por absurda que sea, para evitar enfrentarse a su propia alma. Nadie se ilumina imaginando figuras de luz, sino por hacer consciente la oscuridad” -Carl Gustav Jung-


El dolor es una señal del sistema nervioso de que algo no anda bien. Es una sensación desagradable. El dolor puede ser agudo o sordo. Puede ser intermitente o ser constante.


El dolor emocional: denominamos dolor emocional a todo aquella sensación de padecimiento o sufrimiento generado a nivel psíquico sin que medie para su aparición un motivo físico.


El dolor se manifiesta de formas diferentes en cada ser y en los seres. Hay tantos y distintos dolores como seres existen en el universo.


Dolor corpóreo


Dolor emocional


Dolor mental


Dolor del alma


Diferentes dolores, diferentes formas de expresión, todos conducidos hacia el mismo lugar.


Sentirlo, eso debemos hacer. Solo quedarnos con el dolor, para identificarlo. Para leerlo hay que verlo en el presente.


El dolor nos hace vulnerables.


Miles de mascaras existen para no mostrar ese dolor.


Pero por que no mostrar el dolor?


El dolor no tiene explicación, aparece, se siente, se vive. Si lo intentamos entender, entra la razón. El dolor debe ser vivido para ser integrado.


El dolor aparece, surge, no sabemos de dónde pulsa, por eso todo aquello que tenga una forma de aparecer pulsiva tiene más que ver con la vida.


Todo lo que pulsa es vida, todo lo que entra en una reacción desde lo aprendido o defendido es muerte. Cuando algo nos duele tenemos que reconocer en el dolor, la vida. Una de las cosas que tenemos que hacer es tomar conciencia de las legiones o legión del dolor, si al dolor lo negamos, reprimimos u ocultamos lo primero que aparece es la resistencia, si al dolor lo tenemos enjuiciado va aparecer el juez con su complejo de inferioridad. Esto habla de un demonio legítimo, cuando aparecen sus legiones y la confusión.


Si tenemos certeza sólo tenemos invasión de pensamiento, defensas sobreadapataciones y automáticamente queremos salir a compensar.


En el momento que empezamos a detener el dolor aparecen las legiones.


El dolor nos viene a recordar quienes somos; y no tiene como polaridad a la alegría ni la felicidad y el placer.


Referencia: Taller de Luz



El Ego


Ego, del latín, significa 'yo'. En psicología y filosofía, ego se ha adoptado para designar la conciencia del individuo, entendida ésta como su capacidad para percibir la realidad. Por otro lado, en el vocabulario coloquial ego puede designar el exceso de valoración que alguien tiene de sí mismo.


Conjunto de mascaras que nos creamos en el entorno donde vivimos.


Es un mecanismo de defensa, que se forma con lo que los otros nos van diciendo.


Nos creemos la identidad que el Ego nos arma. Busca en el exterior toda la solución a su mal.


El ego no es real. El Ego se arma en su mayoría de lo que conforma nuestro exterior.


Todo eso pasa dentro nuestro. Y nos hace creer que el afuera es lo real.


El creo lo creamos para proteger nuestro real ser.


Nuestro ego, conformado por el orgullo y todas nuestras conductas infantiles ya en la edad de adultos, representa la cárcel de la que nos resulta muy difícil salir. Nos creemos libres y creemos que decidimos en todo momento sobre lo que queremos hacer, sin embargo, somos esclavos de nuestra falta de conciencia y claridad para conocernos a nosotros mismos.


El Ego según Freud


En su teoría de la personalidad el ego es un nivel de la psique humana y está formado por aquellos deseos conscientes y algunos inconscientes que se encuentran entre dos niveles: los deseos más profundos ubicados en nuestro inconsciente (el ello) y las estructuras culturales y sociales incorporadas en nuestra mente (el superyo). Por otra parte, el yo se ocupa del mundo real y de alguna manera es un nivel psíquico que intenta controlar los otros dos niveles mencionados. En otros términos, el ello nos presiona desde nuestro interior diciéndonos lo que queremos hacer y el superyo nos condiciona desde el exterior recordándonos lo que deberíamos hacer.


El Ego según Jung


En la terminología psicoanalítica de Jung el ego o yo se refiere a la instancia psíquica que engloba un conjunto de ideas, sentimientos y percepciones de tipo consciente y con los cuales nos identificamos. Por debajo de nuestro yo, hay otras instancias que no controlamos y que se encuentran en un nivel inconsciente. La parte consciente de nuestra personalidad o ego es la que gobierna nuestra existencia como individuos y se forma como resultado de la colisión entre nuestras apetencias más primitivas y nuestro entorno exterior.


Cuento Sufí: El Bambú Japones


Me llego este cuento sufi sobre el BAMBÚ japones. Por ahí te interesa...acá va: Imaginemos por unos instantes que somos unos sencillos agricultores japoneses. Para una buena cosecha, se requiere de buena semilla, un buen abono, riego, sabiduría y mucha paciencia. Quien cultiva la tierra no se detiene impaciente frente a la semilla sembrada, y grita con todas sus fuerzas: ¡Crece, maldita seas! Hay algo muy curioso que sucede con el bambú y que lo transforma en no apto para impacientes: Siembras la semilla, la abonas, y te ocupas de regarla constantemente. Durante los primeros meses no sucede nada apreciable. En realidad no pasa nada con la semilla durante los primeros siete años, a tal punto que un cultivador inexperto estaría convencido de haber comprado semillas infértiles. Sin embargo, durante el séptimo año, en un período de sólo seis semanas la planta de bambú crece ¡más de 30 metros! ¿Tardó sólo seis semanas crecer? No, la verdad es que se tomó siete años y seis semanas en desarrollarse. Durante los primeros siete años de aparente inactividad, este bambú estaba generando un complejo sistema de raíces que le permitirían sostener el crecimiento que iba a tener después de siete años. Sin embargo, en la vida cotidiana, muchas personas tratan de encontrar soluciones rápidas, triunfos apresurados, sin entender que el éxito es simplemente resultado del crecimiento interno y que éste requiere tiempo. Quizás por la misma impaciencia, muchos de aquellos que aspiran a resultados en corto plazo, abandonan súbitamente justo cuando ya estaban a punto de conquistar la meta. Es cierto muchas veces nos desesperamos y abandonamos sin querer creer que lo bueno está por llegar. Es tarea difícil convencer al impaciente que sólo llegan al éxito aquellos que luchan en forma perseverante y saben esperar el momento adecuado. De igual manera es necesario entender que en muchas ocasiones estaremos frente a situaciones en las que creemos que nada está sucediendo. Y esto puede ser extremadamente.

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