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Pasaba una prueba muy grande, física y emocional. Llegué a Sereno después de 20 años de búsqueda a través del psicoanálisis. Veinte años hablando del afuera, nunca de adentro. Veinte años autocomplacientes en el diván.

Vivía cargando una piedra de enojo muy pesada.

La atmósfera del grupo era de conciencia y amor. Amor comprendido como RESPETO, CUIDADO Y CONFIANZA.

Ese amor me dio la voluntad para profundizar ese enojo y darme cuenta que detrás de esa capa había dolor. Un sentimiento verdadero. Un despertador que me llevó a trabajar sobre mi sistema de creencias para comenzar un camino de sanación.

En Sereno aprendí a canalizar la energía de manera potencializadora. Pude comprobar, a través del micro comportamiento, como podemos transformar una adicción, transpolando esa continuidad en hacer lo que amamos, o amando lo que hacemos.

Aprendí lo más importante: no estamos solos, sino que somos partes de un todo. El otro es un espejo mío, de una parte de mí, ya sea pasada o presente. Todos venimos a aprender. Cuando salimos de la arrogancia, nos abrimos a la expansión, a la fértil posibilidad que habita en lo desconocido, a ver en todos un maestro y en todo un aprendizaje.

Entendí que servimos más al mundo brillando que apagados.

¡Gracias por la oportunidad, el amor y la conciencia! Laila Vanderville.

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