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En el año 2007 estaba enferma y conocí a Gustavo Villamor por recomendación de mi amigo Jorge Miño. Él, mi amigo, no me veía bien sin duda. Y tenía razón: pesaba 30 kilos. Parecía una zombie. Y así me sentía.

Al principio no entendía nada, ni qué me decía ni qué me hacía Gustavo Villamor. Salía siempre sin saber. Pasaron unos cuantos años, seis. Me sané con Gustavo, gracias a él. Aprendí con Gustavo: Sereno me enseñó a verme, a saber qué me pasa, a ver mis fortalezas y mis debilidades. Aprendí y aprendo todos los días con Sereno.

Aprendí a meditar. Aprendí a amar, a ser compasiva, a recibir todo lo que el universo me da. Hoy, soy ecuánime. Y sé llorar, sé no hacerme la fuerte.

Aprendí, también, a trabajar en lo más difícil para mí. El perdón. Perdonar a los otros. Y perdonarme a mí. Entonces, pude agradecer. Por eso puedo ser quien soy, una artista, con talentos y sensibilidad.

Antes fui ciega y ahora sé cuándo me estoy haciendo la ciega. Sé que soy agua, aire, fuego, tierra.

Vida, eso soy. Y mis sueños se hacen realidad.

Silvana Lacarra

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