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“Mi experiencia con el timo, es ver mi horizonte lleno de posibilidades. Veo el inmenso mar que tiene la fuerza y el poder de llegar a donde quiera, donde no hay límite, donde su color me da una tremenda energía. Eso me hace pensar con fluidez, el agua siempre hace caminos formando su propio destino o recorrido. La imagen del agua en mí tiene el sentido de camino, de pureza, de logros, tiene el sentido de la vida, de hacer que las cosas crezcan, de limpiar, de tener fuerza de ser infinito.

El timo me da la posibilidad de ver que siempre soy yo responsable de mis actos, como bien se plantea en los cuatro acuerdos, en especial el último HAZ SIEMPRE LO MÁXIMO QUE PUEDAS ni más ni menos, porque el resultado va a ser siempre en la medida del valor con que yo hago mis actos.

Por otro lado, veo que hay siempre otro punto de vista, el ponerse en el lugar del otro hace que podamos ver más allá de la primera impresión que nos dan nuestros ojos, sentir lo que el otro nos dice es poder salir de nosotros mismos y poder ver de otra manera las cosas. A eso yo lo llamo fluir. La vida siempre te lleva al lugar donde vos tenés que estar. Siento que en mis venas existe la fuerza del mar, cuando quiero sanarme, cuando amo, cuando respiro, cuando ayudo.

Las olas chocan, el timo siempre hace que las cosas estén en movimiento, no podemos estar quietos. La vida es una ola de posibilidades y las queremos aprovechar al máximo, las palabras hacen que podamos mover ideas, estados de ánimo, enfermedades. Me siento con fuerza para poder hablar.

No es un estado que se calle las cosas, no siempre cae bien eso, más cuando alguien que está mal, deprimido, triste o enojado no quiere que alguien venga y le diga que él es responsable de lo que le está sucediendo, que él puede salir adelante si él quiere, que de él y sólo de él , depende estar bien. Una cosa más que siento cuando medito y llego al hermoso azul, es sentirme vivo.” Jorge Miño.

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