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¡Las máscaras y la verdad! Crecí en una familia que tenía una máscara enorme hasta que en un momento la realidad empujó y la máscara cayó.

En lo personal también había una máscara. A pesar de que me dediqué a la fotografía, que parecía una buena forma de iluminar con flash lo que permanecía en las sombras, he tenido que trabajar mucho para estar despierta en mis vínculos íntimos, para poder escucharme y poder discernir entre las máscaras que el otro presenta y no repetir la estructura aprendida. Al separarme de una relación, en pleno duelo, un día no pude girar más la cabeza. En el hospital me dijeron que se había invertido la curvatura del cuello y por primera vez me vi con un cuello ortopédico. En ese momento pensé que era porque no estaba pudiendo expresarme, pero ahora que leo todo esto, creo que era mi resistencia a aceptar la realidad del vínculo que se iba y todas las verdades que no había podido asumir antes, venían a presentarse de golpe. Así que a partir de ahora voy a darme más golpecitos en la garganta.

Rosana Schoijett

Cuando era chico mi abuelo me dijo un refrán oriental que decía más o menos esto: "CUANDO HABLES, QUE TUS PALABRAS DIGAN MAS QUE TU SILENCIO". Hoy no recuerdo la voz de mi abuelo pero sí sus silencios, sus ojos expresivos, sus manos arrugadas y generosas, y sobre todo su sonrisa de una dulzura y bondad inconmensurables.

Qué loco que en este chakra me acordara de la persona que menos palabras dijo, pero que su comunicación era un caudal de amor y verdad.

Agustín González Romero.



Yo conocí a Gustavo en un momento de mi vida en el cual me habían diagnosticado una artritis de Garganta. De a poco iba perdiendo la voz, lo que había comenzado como una afonía se iba acrecentando. Las indicaciones médicas no eran muy agradables, remedios y múltiples estudios.

En ese momento le comento a mi cuñado lo que me habían diagnosticado. Él llama a Gus y dice llamalo que recién regresó de viaje.- Y eso hice, cuando hablo con él sus palabras fueron:”mañana a las 10hs, te espero”. Y allí estuve y no voy a olvidar ese momento. Al abrir la puerta lo que mis ojos vieron fue un ángel en el cuerpo de un hombre. Nos sentamos a conversar y me escuchó. Y lo primero que dijo luego fue: ¿Qué es todo lo que estás callando? Y esa pregunta resonó en mi cabeza… Y ahí comenzó mi trabajo junto a él.

No fue sencillo, no fue fácil darme cuenta que mis propias palabras me estaban silenciando. No fue fácil identificar y ver el conflicto. VER que mi silencio estaba provocando mi falta de libertad Poco a poco fui aprendiendo a meditar, a mirar hacia mi interior y ver realmente quien soy. Qué quiero y hacia dónde quiero ir. Aprendí que la verdad es decir todo y decir todo es la verdad. Y que eso hace que me sienta libre, liviana y consciente.

Aprendí que simplemente soy … SOY sin títulos, sin rótulos, sin nombre ni sexo. Aprendí que todos somos espejos y que aquello que veo en los demás es algo mío. Aprendí a soltar, a volar, a disfrutar, a vivir como yo quiero. Aprendí que el amor de muchos, que la energía de amor, hace que las cosas sucedan. Aprendí a dar porque ya recibí. Aprendí a perdonar y a soltar.

Aprendí que acción tiene su Karma o su Dharma y que si no lo ves el Universo te lo trae y te lo pone enfrente. Y en Sereno aprendí a no crear Karma y a hacerme cargo de lo que produje. Enfrentarlo y transitar. Eso te enseña Sereno a que no hay que salir corriendo, negar o resistir, sino ATRAVESAR el conflicto.

Aprendí tanto en estos años junto a Sereno, porque de cada uno de los que somos Sereno aprendí y sigo aprendiendo algo. Y seguimos juntos en un constante crecer y descubrir. Liberar las cadenas y soltar aquello que todavía nos ata.

Por sobre todo aprendí que el silencio es sano. Es sano cuando en nuestro interior estamos libres. ¡El silencio es Libertad!

Este es un camino, un estado constante no tiene bandera de llegada.

Somos todos una Tribu de conciencia colectiva, y cuando esa conciencia se hace una y se suelta el cuerpo y todo es uno, y allí es donde todo tiene sentido. Somos todos UNO.

¡Simplemente GRACIAS!

Lorena Butnar.



Tengo que hacer memoria, porque ya casi me olvidé de cómo era hace unos años atrás. Vamos a empezar.

Momentos de parálisis y estancamiento; seguidos de etapas de gran actividad y dinamismo. Este ciclo que se repetía a lo largo del año, también sucedía en una escala mucho más pequeña. Es decir que diariamente también sentía este sube y baja energético.

Las cosas que hacía eran rutinarias y todo estaba bajo un aparente control.

Tenía una relación de pareja de muchos años que estaba completamente estancada. Nos hablábamos muy poco, casi no teníamos sexo. Estábamos completamente sobreadaptados, hundidos en nuestra zona confort. Sin embargo seguíamos juntos. Él por su lado, yo por el mío.

El miedo dominaba casi todas mis conductas, mis decisiones; y aunque parezca paradójico, hasta mis alegrías.

Mi vocación, la escritura, no lograba soltar amarras y desplegar todo su potencial.

Mi palabra estaba cercada por la mentira, el ocultamiento y el silencio.

Mi registro del cuerpo era mínimo, con constantes episodios de resfríos, gripes, y diversos malestares.

Hace unos años, gracias a un querido amigo, llegué a Sereno y a Gustavo Villamor.

No voy a contar una historia de Cenicienta ni de Pigmalión. No se trata de soluciones mágicas ni de recetas milagrosas.

Me costó muchísimo “entender” las primeras nociones. Me llevó un par de años conectarme con mis emociones. No fue fácil adoptar aquella frase que dice que cuando uno hace lo que ama, o ama lo que hace, las cosas fluyen prodigiosamente, y no existe el esfuerzo.

Varias veces tuve que limpiar mi corazón de enojos y perdones mal digeridos.

La entrega, amor y paciencia de Gustavo fueron infinitas, y conservo en mí cada intervención suya. Imposible olvidar su mirada que aporta no sólo una visión, sino todo un mundo de posibilidades. ¡Cuántas veces viajé por esos mundos! ¡Cuántas oportunidades se abrieron a mi paso!

Que mi palabra, mi sentir y mis acciones tuvieran total concordancia, es algo que recién ahora estoy vislumbrando.

Negación, resistencia e inflexibilidad, tres palabras que formaban parte mi de rastro, están siendo liberadas. Aceptación, libertad y verdad, son las tres palabras que ahora me habitan.

Agradezco todo lo recibido, el trabajo realizado, y las profundidades que juntos hemos recorrido.

Soy feliz en el camino, en el aquí y ahora, en y con los otros.

Soy feliz dejándome llevar de la mano, y dando la mano.

Soy.

Alejandro Méndez

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