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Como un marino solitario nadando en medio del océano, obnubilado por el brillo de las olas, no me había dado cuenta que había perdido de vista mi barco hacía mucho tiempo, y qué poca energía me quedaba para seguir flotando.

Pero fue inmenso mi deseo de regresar. Gustavo llegó a mi vida justo a tiempo.

Cuatro años después creamos Sereno.

Hoy continúo recorriendo de manera silenciosa el camino interior del autoconocimiento. Mantengo mi corazón abierto, mi mente despierta, y mi infinito agradecimiento a Gus y al maestro que todos llevamos dentro.

Marino Balbuena



Mi experiencia con Sereno comenzó con una casualidad. Conocí a Gustavo en el invierno del año 2006, el estaba comenzando a transmitir sus conocimientos y yo estaba deambulando por la vida.

Hablábamos de muchas cosas esa vez, hasta que se fue enfilando la charla hacia la bioenergía, meditación, tarot, religión y otras cuestiones, todos temas de los cuales, yo con una profunda educación laica, psicoanalítica y agnóstica, a pesar de ser judío, no conocía, no creía y no me interesaban, pero esa noche fui receptivo, escuché, escuché y escuché.

Volvimos a vernos varias veces más hasta que Gustavo viajó a México. Varias cosas pasaron en mi vida en esos momentos y muchas palabras de él retumbaban en mi cabeza, hasta que le escribí un mail. El mundo nos volvió a juntar un año después de habernos conocido, ahí comenzamos a trabajar juntos con meditación y bioenergía, y con el hábito de un monje comencé a meditar todas las mañanas, aun hoy lo sigo haciendo. Comencé a creer más en la naturaleza de las cosas y aprendí por sobre todo palabras nuevas que antes no tenían ningún sentido: ecuanimidad, empatía, chakra, compasión, timo, plexo, camilla y tantas otras más.

Mi vida fue cambiando rápidamente, en una suerte de sucesión de acontecimientos que yo provocaba, los deseos se fueron encaminando y apareciendo otros nuevos.

Hoy existe Sereno. Hoy ya no estoy sólo charlando con Gustavo. Hoy somos miles. Hoy no sólo meditamos. Hoy creo en todo eso que antes no conocía. ¡Hoy me siento muy feliz!

Gracias.

Alejandro Tobe.

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