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Testimonios de sanación


¡Hola, Gus! No sé qué es lo que tengo que escribir...pero esto es lo que siento... Te cuento que hoy estuve leyendo toda la maestría de la sanación, sabes que lo que leí me tocó de una manera muy especial, muy de cerca, siento muy profundamente todo lo que está escrito allí, especialmente lo que dice de las pruebas, que parecen innecesarias y después te das cuenta de la profundidad que uno adquiere en el proceso, y como resignificás ¡TODO!

Es una prueba diaria para mí, dejar de ver la enfermedad como un obstáculo y que pase a ser un camino, una enseñanza de la sincronicidad, y espero estar realmente despertando...no soy muy consciente ¿viste? Por eso, hace un tiempito te pregunté a vos si pensabas que estaba sanando el dolor que me causó esto. Me cuesta verlo, racionalizarlo. Por eso me cuesta escribir, ponerlo en palabras...sabés que mis procesos son más bien intuitivos, pero después me di cuenta de que eso es parte de mi aprendizaje, dejarme llevar…fluir...aprender a confiar en mis instintos, confiar en lo que creo…que a la larga me lleva a gestar cosas, a entrar en posibilidad...

¡INCERTIDUMBRE SIN CULPAS!

¡Desapegarme de los resultados!

¡Me amigué con la Carla desbolada! ¡Que no es poca cosa! ¡Cambié mi imagen de la perfección! Que tan arraigada tenía...

Realmente hice descubrimientos grosos en este camino. Sé que tengo todavía una bocha de cosas que aprender y que procesar para encontrar la armonía que necesito, en algunos temas me cuesta más...pero en este momento simplemente me quiero permitir el agradecimiento, con mi cuerpo, que me avisó que algo estaba mal y me permitió tratar de encontrar otra manera de ser, y con mi tribu, que me sacudió para sacarme la pereza, y me ayudó a abrir la bolsa esa pesada y llena de cosas sin resolver para hacer frente a las pruebas y aprender las lecciones que vienen con ellas...en fin...¡GRACIAS POR LA VIDA!

Me encantó esto...

No te dejes llevar por el pánico. Respirá. Dejá de decirte no puedo. Parte del lenguaje del dejar ir, consiste en aprender a decir: Yo puedo.

Concédete el don de la confianza.

Carla Ricciardi


La muerte es tan contundente…

Parece todo el tiempo querer decirnos algo acerca de la vida. Es la única certeza que tenemos al nacer y es la única manera que tenemos a mano, de comprender cómo es no ser, ni estar vivo, no estar “actuando más de esta forma, en esta tierra”.

Paleamos el miedo que esto nos produce como podemos…siendo agnósticos, gnósticos, creyentes, descreídos.

Distraídos o atentos a muchas cosas, gente, anhelos situaciones.

Cuando sentimos cualquier tipo de miedo o de temor, no lo relacionamos con este miedo original…a esta certeza de finitud….

Nos inventamos fantasías que no nos desgarren o nos quiten de cuajo la pertenencia o perdurabilidad en algo, o en algún lugar….

Pero nunca pensamos cuan habilitador puede ser este destino humano, esta realidad… Sólo pensamos con susto, en el dolor, en la tragedia, en la oscuridad, en la imposibilidad, en algo que muy lejos está de ver, que hasta en la muerte hay POSIBILIDAD….

Tener miedo, aún cuando profunda y originalmente sea a la muerte total, es una invitación a la aventura de adentrarse, comprender, y confrontar opuestos, confrontar y enfrentar la inexorable presencia de los CICLOS: muerte-vida-muerte, fin-principio, vacío-lleno, mutable- inmutable, muerte-resurrección, adentro-afuera, on-off, NADA-TODO. Si damos fe a la creencia de que el miedo es malo, que la muerte es mala, y que ser valiente es no tener miedo, no podremos adentrarnos en el convite de que todo puede cambiar y que ese cambio nos POSIBILITARÁ la aceptación y la felicidad de eso que es nuevo….SER VALIENTE ES ESO…pagar peajes, sumergirse, hundirse, reflotar, bucear, acompañar la vida al punto donde deberá reciclar, para posibilitarnos siempre algo, y al final ser alimento sabio.

María Lorenzutti

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