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Era el día de la entrevista de admisión para voluntariar en un hogar de nenes y bebés.

En el camino de ida, mis miedos aparecieron: “No vas a quedar. No tenés el perfil de alguien que puede acompañar a un nene. No sos continua.” Cerré los ojos, respiré y seguí caminando.

Me recibió la directora, comenzó con las preguntas: “¿Por qué querés hacer esto? ¿A qué te dedicas?” Su expresión era rígida, la boca tensa. Me miraba fijo. Otra vez el miedo: “No te van a aceptar.”

Hubo un silencio. De nuevo en mi cabeza “No te van a aceptar.”

Seguí ahí, sentada. Miraba los carteles “Lo único imposible es lo que no se intenta.” Respiré.

La directora fue a su oficina. Volvió con unos papeles “Son los documentos, leélos tranquila, si estás de acuerdo empezás este viernes.”

Cuando le entregué los papeles firmados me dijo “Vení.” Abrió un portón blanco, “Conócelos.” Y se le dibujó una sonrisa.

Música dulce, piso con dibujos de rayuela, y en eso, alguien me toca las rodillas, miró para abajo, era una nenita de tres años sonriente, me pedía upa.

Pregunté si podía, la alcé, me abrazó y se me iluminó el corazón.

Ya hace más de dos meses que voy todas las semanas, es lo que más disfruto: me expande el alma.

Cada encuentro es diferente, te conectás con otros nenes o bebés. Llegas, guardas “tus cosas”, lo remarco porque, de alguna forma, dejás a vos mismo tu individualidad, para ser con los otros. Porque somos uno.

Con ellos aprendo lo que es estar “Aquí y ahora”. Con ellos sólo hay presente. No soy yo con mi historia, ni ellos con la suya. Vibramos todos juntos y somos una canción.

El hogar se materializó siendo un proyecto colectivo y gracias a muchas personas. Gente como vos o como yo, ni grandes empresas, ni el Estado, del cual sólo se recibió una fábrica abandonada en ruinas.

En conjunto con la ONG se organizaban rifas, acciones, eventos, para poder recolectar los materiales necesarios.

Hubieron hasta encuentros de meditación dentro del hogar, todavía en ruinas, para ponerle luz.

Hoy en lugar de escombros y abandono, hay amor.

Laila Wagner

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