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Una mirada sobre el trabajo de Miguel Ruiz y los toltecas.

Los toltecas decían que tú no escoges tu lengua, ni tu creencia, ni tus valores morales: estos ya estaban ahí antes que nacieras. Nunca has tenido la oportunidad de elegir qué creer y qué no creer. Nunca escogiste ni el más insignificante de los acuerdos que rigen tu vida, “el sueño externo” (la sociedad) te enseña qué creer, empezando por la lengua, cada palabra es un acuerdo. Una vez que entiendes el código, tu atención queda atrapada y también la energía que se transmite de una persona a otra.

El sueño externo te ha domesticado, obligándote a aceptar los acuerdos preestablecidos. Los toltecas llaman a este proceso “la Domesticación de los seres humanos”. En la Domesticación de los seres humanos el sueño externo se transfiere al sueño interno y así aprendes a juzgar y a juzgarte a través de los diferentes sistemas de creencias.

Los toltecas notaron que así se crea el parásito, que ellos explicaron en términos del “juez” y la “víctima”, y por supuesto el juez utiliza su libro de ley interior (condicionamientos socioculturales), y la víctima asegura que no se produzcan nuevas rebeliones anclando la culpa y acariciando el miedo.

Los toltecas dicen que naces con una gran cantidad de poder personal que se renueva constantemente, pero que lo desperdicias creando y manteniendo los acuerdos que te mantienen dormidos.

La mayoría de los acuerdos provienen de los complejos adquiridos en las polaridades. Si eres capaz de reconocer que tu vida está gobernada por estos acuerdos y estas dispuestos a transformarlos, puedes mutar la realidad y despertar del sueño.

El primer acuerdo: Ser impecables con tus palabras. Según como utilizas las palabras, éstas te liberan o bien te esclavizan. La mente humana es como un campo fértil en el que se plantan semillas (opiniones, ideas y conceptos). Las palabras limitan la atención esférica y anulan el sistema de creencias. Ser impecables con la palabra significa utilizar tu creencia, tu intención y tu atención correctamente. Siempre que emites una opinión y alguien la cree, genera un acuerdo que pasa a formar parte de su sistema de creencias. Siembra semillas de compasión y de libertad. Nunca condenes ni juzgues a las personas ni en broma. Cuídate de la ironización con la palabra. La ironía puede ser un karma estático. Una opinión ligera puede condenar la vida de cualquiera, sobre todo la de los niños.

El segundo acuerdo: No te tomes nada personalmente. No tomarse las cosas personalmente es comprender la naturaleza de la comunicación, es comprender que quien habla, lo hace desde su punto de vista, y que sus juicios y/o palabras hablan del reflejo de él en los otros.

El tercer acuerdo: No supongas. La suposición es una convicción del ego cuando no encuentra una certeza en la verdad. Suponer es canalizar la creatividad para tapar el vacío que produce el conflicto. Este acuerdo es abrir la observación desde la aceptación.

El aceptar es también traer la suposición de la expectativa a la verdad del aquí y ahora.

El cuarto acuerdo: Hacer lo máximo posible. Sería interesante que veas dentro de este capítulo que el verbo hacer, es la acción pura. Cuando Miguel Ruiz habla del acuerdo de hacer lo máximo posible identifica el hacer desde el apasionamiento, por eso es fundamental que la intención del hacer siempre tenga la unión o la integración del sentir y del pensar. Una buena intención es la integración interna de las emociones y razonamiento, y así creas la acción de la pasión y lo conduces a hacer lo máximo.

El quinto acuerdo. Se escéptico, aprende a escuchar. El escepticismo es un canal de incertidumbre intelectual. Tal vez preguntarse sobre lo aprendido es estar en constante acción de desaprender. Visualmente es como si la esfera del conocimiento fuera una célula recibiendo constantemente nuevas proteínas que la transforman. La acción de escuchar sería el canal de la proteína para entrar en la célula.

El escuchar es la acción del escéptico ávido de nuevo conocimiento.

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