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Vocación Sanadora Encuentro #3 - El Estado Físico

Actualizado: 24 jul 2021


Carta al perezoso

Por Bernardo Nante


Temo que el esfuerzo que requiere escribir esta carta delata que el peso de la pereza gravita en todas nuestras tareas. Más aún, la pereza es una pasión que se hace presente no solo en la mera inacción, sino en la acción impaciente incapaz de comprometerse a fondo. Porque la pereza que conocemos, y que por lo general enfrentamos, es la referida a nuestras tareas cotidianas, aquella que se impone en la vida familiar, laboral, social. A menudo la obligación o la búsqueda de éxito son los motores que superan transitoria y parcialmente nuestra pereza y permiten satisfacer nuestro sentido del deber o nuestra ambición. Desde ese lugar podemos sentirnos ‘ganadores’ y hasta tornarnos jueces de la pereza ajena, de aquellos que no han sido capaces de trabajar como –supuestamente– nosotros lo hacemos. La vocación es, sin duda, un móvil más profundo y compasivo para enfrentar la pereza, y la compasión misma conlleva la tarea de “acompañar la pasión del otro”, es decir, acompañarlo en “aquello que padece”, que limita su desarrollo y su libertad. Pero toda pasión –así entendida– es, en alguna medida, ‘pereza’, detenimiento o aletargamiento de su propio crecimiento. Así, por ejemplo, la soberbia es la pereza del ‘yo’ que se ha identificado consigo mismo y, por ello, no se reconoce como un fragmento de algo más vasto. Toda compasión reconoce tácitamente que en el trasfondo de todas nuestras acciones internas y externas radica la tara de nuestra existencia. La compasión no se detiene perezosamente en esa pereza constitutiva, pero sabe que reconocerla es el “piedra libre” de nuestra vida.




La biología de la autocuración

SOMOS MUTANTES Somos las únicas criaturas en la superficie de la Tierra capaces de transformar nuestra biología mediante lo que pensamos y sentimos. Nuestras células están constantemente observando nuestros pensamientos y siendo modificadas por ellos. Un ataque de depresión puede arrasar nuestro sistema inmunológico; serenarse, al contrario, puede fortificarlo tremendamente. La alegría y la actividad armoniosa nos mantienen saludables y prolongan la vida. El recuerdo de una situación negativa o triste, libera las mismas hormonas y sustancias biológicas destructivas que el estrés. Sus células están constantemente procesando todas sus experiencias y metabolizándolas de acuerdo con sus puntos de vista personales. No se puede simplemente captar datos aislados y confirmarlos con un juzgamiento. Usted se transforma en la interpretación cuando la internaliza. Quien está deprimido proyecta tristeza por todas partes del cuerpo. La producción de neurotransmisores a partir del cerebro se altera, el nivel de hormonas varía, el ciclo del sueño es interrumpido, los receptores neuropeptídicos en la superficie externa de las células de la piel se modifican, las plaquetas sanguíneas se tornan más viscosas y más propensas a formar grumos y hasta sus lágrimas contienen trazos químicos diferentes al de las lágrimas de alegría. Estos hechos confirman la gran necesidad de usar nuestra consciencia para crear los cuerpos que realmente necesitamos. Todo este perfil bioquímico será drásticamente modificado cuando la persona se sienta tranquila. Shakespeare no estaba siendo metafórico cuando a través de su personaje Próspero dijo: “Nosotros somos hechos de la misma materia que los sueños”. El proceso de envejecimiento puede ser neutralizado cada día. ¿Usted quiere saber cómo está su cuerpo hoy? Entonces recuerde lo que pensó y sintió ayer. ¿Quiere saber cómo estará su cuerpo mañana? ¡Observe sus pensamientos y emociones hoy! ¡Recuerde que al abrir su corazón y su mente evitará que algún cirujano lo haga por usted! LA MEDICINA ESTA EN TÍ Y TÚ NO LA USAS. LA ENFERMEDAD VIENE DE TÍ MISMO Y NO TE DAS CUENTA. Hansrat Ali SÉ TU PROPIA CURACIÓN, BÚSCALA EN TU INTERIOR.


Honrar el cuerpo físico, por Miguel Ruiz


El cuerpo físico es como un animal que nos es completamente fiel. Nos lleva dondequiera que queramos ir, nos brinda todos los placeres de la vida; comer, beber o sencillamente correr por una playa y jugar. ¿Y qué es lo que hacemos? Lo maltratamos, lo juzgamos, nos avergonzamos de él y nuestro cuerpo físico sufre. Nadie maltrata nuestro cuerpo físico más que nosotros mismos. Tratamos mejor a nuestro perro o nuestro gato que a nuestro propio cuerpo. Somos nosotros lo que no somos fieles a nuestro cuerpo. Yo solía juzgar a mi cuerpo físico sin parar; cuando contemplaba mi cuerpo en el espejo pensaba: ¡oh no, no me gusta! ¿Puedes imaginarte cuan egoísta resulta que no te guste tu propio cuerpo cuando el hace todo lo que puede por ti? Hoy, amo mi cuerpo físico. No me avergüenzo de él en absoluto. Soy generoso con mi cuerpo físico y le brindo todo lo que necesita. Tu cuerpo físico te ama incondicionalmente. Aún cuando lo juzgues, aún cuando lo rechaces y no te guste, el sigue siéndote fiel. Aunque tu cuerpo esté envejeciendo o se sienta enfermo, hace todo lo que puede. Este conocimiento basta para que tu corazón se llene de gratitud por el regalo de tu cuerpo físico. Hoy te propongo que empieces una relación completamente nueva con tu cuerpo físico. Te propongo que trates a tu cuerpo físico igual que tratarías al ser más preciado de tu vida. Deja de ser egoísta con tu cuerpo físico y ofrécele todo lo que necesites a fin de mantenerlo sano y feliz. ¿Eres capaz de hacerlo? Hoy es un nuevo día, un nuevo comienzo para que le brindes a tu cuerpo la gratitud que se merece por todo lo que hace por ti. Cuando aprendes a amar a tu cuerpo físico, cualquier actividad se convierte en un ritual mediante el que expresas plenamente la dicha de estar vivo. Cada vez que laves tu cuerpo puedes ser una oración de gratitud. Cada vez que comas puede ser algo más que una oración, puede ser una celebración de la vida porque le ofreces comida a Dios a fin de que esa vida pueda continuar. Es posible empezar hoy mismo a cambiar la relación con tu cuerpo físico, y entonces, tu vida entera cambiará. Miguel Ruiz (autor de Los cuatro acuerdos)

La enfermedad, según el Dr Jorge Carvajal

¿Qué es la enfermedad? Es un maestro, una oportunidad para organizar una armonía superior en nuestra propia vida, a nivel físico, emocional, mental y espiritual. ¿Qué enferma primero, el cuerpo o el alma? El alma no puede enfermar, porque es lo que hay perfecto en tí, el alma evoluciona, aprende. En realidad, buena parte de las enfermedades son todo lo contrario: son la resistencia del cuerpo emocional y mental al alma. Cuando nuestra personalidad se resiste al designio del alma es cuando enfermamos. La Salud y Las Emociones ¿Hay emociones perjudiciales para la salud? ¿Cuáles son las que más nos perjudican? Un 70 por ciento de las enfermedades del ser humano vienen del campo de conciencia emocional. Las enfermedades muchas veces proceden de emociones no procesadas, no expresadas, reprimidas. El temor, que es la ausencia de amor, es la gran enfermedad, el común denominador de buena parte de las enfermedades que hoy tenemos. Cuando el temor se queda congelado afecta al riñón, a las glándulas suprarrenales, a los huesos, a la energía vital, y puede convertirse en pánico. ¿Nos hacemos los fuertes y descuidamos nuestra salud? De héroes están llenos los cementerios. Te tienes que cuidar. Tienes tus límites, no vayas más allá. Tienes que reconocer cuáles son tus límites y superarlos porque si no los reconoces, vas a destruir tu cuerpo. ¿Cómo nos afecta la ira? La ira es santa, es sagrada, es una emoción positiva porque te lleva a la autoafirmación, a la búsqueda de tu territorio, a defender lo que es tuyo, lo que es justo. Pero cuando la ira se vuelve irritabilidad, agresividad, resentimiento, odio, se vuelve contra ti, y afecta al hígado, la digestión, el sistema inmunológico. ¿La alegría por el contrario nos ayuda a estar sanos? La alegría es la más bella de las emociones porque es la emoción de la inocencia, del corazón, y es la más sanadora de todas, porque no es contraria a ninguna otra. Un poquito de tristeza con alegría escribe poemas. La alegría con miedo nos lleva a contextualizar el miedo y a no darle tanta importancia. ¿La alegría suaviza el ánimo? Sí, la alegría suaviza todas las otras emociones porque nos permite procesarlas desde la inocencia. La alegría pone al resto de las emociones en contacto con el corazón y les da un sentido ascendente. Las canaliza para que lleguen al mundo de la mente. ¿Y la tristeza? La tristeza es un sentimiento que puede llevarte a la depresión cuando te envuelves en ella y no la expresas, pero también puede ayudarte. La tristeza te lleva a contactar contigo mismo y a restaurar el control interno. Todas las emociones negativas tienen su propio aspecto positivo, las hacemos negativas cuando las reprimimos. ¿Es mejor aceptar esas emociones que consideramos negativas como parte de uno mismo? Como parte para transformarlas, es decir, cuando se aceptan fluyen, y ya no se estancan, y se pueden transmutar. Tenemos que canalizarlas para que lleguen desde el corazón hasta la cabeza. ¡Qué difícil! Sí, es muy difícil. Realmente las emociones básicas son el amor y el temor (que es ausencia de amor), así que todo lo que existe es amor, por exceso o defecto. Constructivo o destructivo. Porque también existe el amor que se aferra, el amor que sobreprotege, el amor tóxico, destructivo. ¿Cómo prevenir la enfermedad? Somos creadores, así que yo creo que la mejor forma es creando salud. Y si creamos salud no tendremos ni que prevenir la enfermedad ni que atacarla, porque seremos salud. ¿Y si aparece la enfermedad? Pues tendremos que aceptarla porque somos humanos. También enfermó Krishnamurti de un cáncer de páncreas y no era nadie que llevara una vida desordenada. Mucha gente muy valiosa espiritualmente ha enfermado. Debemos explicarlo para aquellos que creen que enfermar es fracasar. El fracaso y el éxito son dos maestros, pero nada más. Y cuando tú eres el aprendiz, tienes que aceptar e incorporar la lección de la enfermedad en tu vida. Cada vez más personas sufren ansiedad. La ansiedad es un sentimiento de vacío, que a veces se vuelve un hueco en el estómago, una sensación de falta de aire. Es un vacío existencial que surge cuando buscamos fuera en lugar de buscar dentro. Surge cuando buscamos en los acontecimientos externos, cuando buscamos muletas, apoyos externos, cuando no tenemos la solidez de la búsqueda interior. Si no aceptamos la soledad y no nos convertimos en nuestra propia compañía, vamos a experimentar ese vacío y vamos a intentar llenarlo con cosas y posesiones. Pero como no se puede llenar con cosas, cada vez el vacío aumenta. ¿Y qué podemos hacer para liberarnos de esa angustia? La angustia no se puede pasar comiendo chocolate, o con más calorías, o buscando un príncipe azul afuera. La angustia se pasa cuando entras en tu interior, te aceptas como eres y te reconcilias contigo mismo. La angustia viene de que no somos lo que queremos ser, pero tampoco lo que somos, entonces estamos en el "debería ser", y no somos ni lo uno ni lo otro. El estrés es otro de los males de nuestra época. El estrés viene de la competitividad, de que quiero ser perfecto, quiero ser mejor, de que quiero dar una nota que no es la mía, de que quiero imitar. Y realmente sólo se puede competir cuando decides ser tu propia competencia, es decir, cuando quieres ser único, original, auténtico, no una fotocopia de nadie. El estrés destructivo perjudica el sistema inmunológico. Pero un buen estrés es una maravilla, porque te permite estar alerta y despierto en las crisis, y poder aprovecharlas como una oportunidad para emerger a un nuevo nivel de conciencia. ¿Qué nos recomendaría para sentirnos mejor con nosotros mismos? La soledad. Estar con uno mismo cada día es maravilloso. Estar 20 minutos con uno mismo es el comienzo de la meditación; es tender un puente hacia la verdadera salud; es acceder al altar interior, al ser interior. Mi recomendación es que la gente ponga su despertador 20 minutos antes, para no robarle tiempo a sus ocupaciones. Si dedicas, no el tiempo que te sobra, sino esos primeros minutos de la mañana, cuando estás fresco y descansado, a meditar, esa pausa te va a recargar, porque en la pausa habita el potencial del alma. ¿Qué es para usted la felicidad? Es la esencia de la vida. Es el sentido mismo de la vida, encarnamos para ser felices, no para otra cosa. Pero la felicidad no es placer, es integridad. Cuando todos los sentidos se consagran al ser, podemos ser felices. Somos felices cuando creemos en nosotros, cuando confiamos en nosotros, cuando nos encomendamos transpersonalmente a un nivel que trasciende el pequeño yo o el pequeño ego. Somos felices cuando tenemos un sentido que va más allá de la vida cotidiana, cuando no aplazamos la vida, cuando no nos desplazamos a nosotros mismos, cuando estamos en paz y a salvo con la vida y con nuestra conciencia. Vivir el Presente. ¿Es importante vivir en el presente? ¿Cómo lograrlo? Dejamos ir el pasado y no hipotecamos la vida a las expectativas de futuro cuando nos volcamos en el ser y no en el tener. Yo me digo que la felicidad tiene que ver con la realización, y ésta con la capacidad de habitar la realidad. Y vivir en realidad es salir del mundo de la confusión. ¿Tan confundidos estamos, en su opinión? Tenemos tres ilusiones enormes que nos confunden. Primero creemos que somos un cuerpo y no un alma, cuando el cuerpo es el instrumento de la vida y se acaba con la muerte. Segundo, creemos que el sentido de la vida es el placer; pero a más placer no hay más felicidad, sino más dependencia. Placer y felicidad no es lo mismo. Hay que consagrar el placer a la vida y no la vida al placer. La tercera ilusión es el poder; creemos tener el poder infinito de vivir. ¿Y qué necesitamos realmente para vivir?, ¿acaso el amor? El amor, tan traído y tan llevado, y tan calumniado, es una fuerza renovadora. El amor es magnífico porque crea cohesión. En el amor todo está vivo, como un río que se renueva a sí mismo. En el amor siempre uno puede renovarse, porque todo lo ordena. En el amor no hay usurpación, no hay desplazamiento, no hay miedo, no hay resentimiento, porque cuando tú te ordenas porque vives el amor, cada cosa ocupa su lugar, y entonces se restaura la armonía. Ahora, desde la perspectiva humana, lo asimilamos con la debilidad, pero el amor no es débil. Nos debilita cuando entendemos que alguien a quien amamos no nos ama. Hay una gran confusión en nuestra cultura. Creemos que sufrimos por amor, que nuestras catástrofes son por amor; pero no es por amor, es por enamoramiento, que es una variedad del apego. Eso que llamamos habitualmente amor es una droga. Igual que se depende de la cocaína, la marihuana o la morfina, también se depende del enamoramiento. Es una muleta para apoyarse, en vez de llevar a alguien en mi corazón para liberarlo y liberarme. El verdadero amor tiene una esencia fundamental que es la libertad, y siempre conduce a la libertad. Pero a veces nos sentimos atados a un amor. Si el amor conduce a la dependencia es eros. Eros es un fósforo, y cuando lo enciendes se te consume rápidamente, en dos minutos ya te quemas el dedo. Hay muchos amores que son así, pura chispa. Aunque esa chispa puede servir para encender el leño del verdadero amor. Cuando el leño está encendido produce el fuego, Ese es el amor impersonal, que produce luz y calor. ¿Puede darnos algún consejo para alcanzar el amor verdadero? Solamente la verdad. Confía en la verdad; no tienes que ser como la princesa de los sueños del otro, no tienes que ser ni más ni menos de lo que eres. Tienes un derecho sagrado, que es el derecho a equivocarte; tienes otro, que es el derecho a perdonar, porque el error es tu maestro. Ámate, sincérate y considérate. Si tú no te quieres, no vas a encontrar a nadie que te pueda querer. El amor produce amor. Si te amas, vas a encontrar el amor. Si no, vacío. Pero nunca busques una migaja; eso es indigno de ti. La clave entonces es amarse a sí mismo. Y al prójimo como a ti mismo. Si no te amas a ti, no amas a Dios, ni a tu hijo, porque te estás apegando, estás condicionando al otro. Acéptate como eres; lo que no aceptamos no lo podemos transformar, y la vida es una corriente de transformación permanente.


Inventario de tu cuerpo

“¿No crees que sería bueno hacer un inventario de los bienes que has recibido para así vivir con mayor alegría y optimismo? ¿Por qué vivir pensando en el 10% de las cosas que nos hacen sufrir, y no recordar el 90% de las cosas que nos suceden bien? En tu cuerpo hay 800 mil millones de células trabajando continuamente y obrando todas en tu favor y en perfecta armonía. En tu cerebro tienes 13 mil millones de neuronas trabajando tan sabiamente a tu favor, que si las quisieras reemplazar por la computadora más perfecta del mundo, esa máquina, ocuparía el sitio de un edificio de setenta pisos de alto. Tienes un corazón que es una maravilla de la naturaleza. Bombea hora tras hora, 36 millones de latidos al año, año tras año, despierto o dormido, impulsando la sangre a través de 100 mil kilómetros de venas y arterias, que llevan más de 2 millones de litros de sangre al año. Tus pulmones son los mejores filtros del mundo. A través de 600 millones de alvéolos purifican el aire que reciben y libran a tu cuerpo de desperdicios dañinos. En tus ojos, hay 100 millones de receptores que te permiten gozar de la magia de los colores, de la luz, de la simpatía de las personas y de la majestad de la naturaleza. Eres una persona humana, y el ser humano es el único animal que puede hablar, para calmar al airado, animar al abatido, estimular al cobarde y decir: te amo. En tus oídos hay 24 mil millones de filamentos que vibran en el viento, con el reír de los niños, con la suave música de las orquestas, con el trepidar de las aguas espumantes y al escuchar las palabras amables de las personas que estimas. Te puedes mover, no eres un árbol amarrado a una pequeña porción de tierra. Puedes pasear, correr, bailar y hacer deportes. Para ello tienes 500 músculos, 200 huesos, y 7000 nervios, sincronizados para obedecerte y llevarte a donde quieras. Tu sangre, es un formidable tesoro. Son apenas 4 litros, pero allí hay 22 millones de células sanguíneas, y en cada célula hay muchas moléculas y en cada molécula hay un átomo que oscila más de 10 millones de veces por segundo. Cada día mueren 2 millones de tus células y son reemplazadas por 2 millones más, es una resurrección que ha continuado desde el día que naciste. En tu cerebro hay 4 millones de estructuras sensibles de dolor, 500 mil detectores táctiles y 200 mil detectores de temperatura. Ahora pregúntate: ¿crees que no vale la pena tu vida? Lo triste es que dedicamos mucho tiempo pensando en lo que nos hace falta y casi nunca nos detenemos a recordar y agradecer lo muchísimo bueno que poseemos. No sólo con respecto a tu cuerpo, aplícalo también a los dones que posees, la familia que te ha tocado, las amistades de las cuales eres dichoso en poseer, las comodidades que disfrutas y hasta las oportunidades que se te han presentado. ¡No veas sólo lo que te hace falta, agradece lo que ya tienes! Haz cuentas de tus bienes, y de tus alegrías también. No pierdas tiempo haciendo cuentas de tus males. Colecciona pensamientos alegres y optimistas, y no se te olvide alejar de tu mente esos cuervos asquerosos llamados "pensamientos pesimistas" y "recuerdos tristes" y ¿sabes por qué? ¡Porque vales muchísimo!” (Extraído de la web, en 2003)

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